La vida consagrada en África


Lino Herrero, cmm

 

 

INTRODUCCIÓN

1. DIVIDE Y ENTENDERÁS

A la hora de entender bien el contenido de la ponencia, que me dispongo a compartir con ustedes, no hay como dividir el título de la misma.

 Si dejamos a un lado el artículo determinado y la preposición, nos restan dos sustantivos y un adjetivo, que vendrían a ser  los pilares sobre los que se asienta toda la argumentación de la ponencia. A saber: Vida, Consagrada, África.

Digamos, para ir entrando en materia, una breve palabra sobre cada uno de ellos.

 

2. ÁFRICA            

         Corta es la palabra y compleja la realidad[1]. Si queremos ser objetivos y justos, todas las afirmaciones generales que se hagan, deberían ser, de inmediato, matizadas. Como este empeño desborda los límites de esta ponencia, seamos al menos concientes, desde un principio, de esta limitación.

África es una realidad muy compleja en la diversidad de sus razas y tribus, de sus zonas geográficas y hábitats;  en la riqueza de sus lenguas y culturas, de sus usos y costumbres; en la variedad de sus situaciones económico-políticas[2] y sociales, de sus posibilidades sanitarias y educativas[3];  en la profunda y genuina impronta de su religiosidad y en las manifestaciones de la misma;  en la implantación de la Iglesia y en la vida misma de las comunidades eclesiales[4].

De manera plástica y un tanto simple se podría decir que hay muchas más diferencias entre un zulú de Sudáfrica y un bereber de los desiertos del norte africano que entre un latino de Nápoles y un nórdico de Oslo; entre un ciudadano de Mauritania y un malgache de Madagascar que entre un luso y un eslavo.

Quizá hay algo que se podría aplicar de manera general a todo el continente africano: tierra  empobrecida, que no pobre[5], y marcada por los más desconcertantes contrastes.

 

3. VIDA

A propio intento he separado este sustantivo del adjetivo que lo califica, ya que con excesiva rapidez dejamos de reparar en el peso del sustantivo para centrarnos de inmediato en el adjetivo.

Quizá sería oportuno, en este momento inicial de la ponencia, hablar no tanto de la Vida Consagrada sino de la Vida de los Consagrados.

Así, si quisiéramos tomar el pulso de los que, entre nosotros, han sido llamados a seguir a Cristo por el camino de la consagración, antes de analizar el grado de adecuación y coherencia de éstos a los pilares esenciales de su identidad, deberíamos empezar por preguntarnos si los mismos consagrados están vivos.

Probemos a sustituir el sustantivo Vida por otros: apariencia consagrada, aburguesamiento consagrado, estancamiento consagrado, retroceso consagrado, desilusión consagrada, anemia consagrada, enfermedad consagrada, agonía consagrada, muerte consagrada, sepelio consagrado.

¿De qué nos serviría haber realizado un acertado análisis sobre las notas esenciales de la identidad de los consagrados si en los mismos consagrados no se encuentran principios de vida, sino apariencia, aburguesamiento, estancamiento, retroceso, desilusión, anemia, enfermedad, agonía, muerte y sepelio?

Y Vida implica fascinación, ilusión, entusiasmo, inquietud, proyecto, entrega, empuje, crecimiento, hambre...; pero estar vivos también conlleva despistes, dudas, riesgos, sustos, equivocaciones, decepciones, fracasos, tentaciones, crisis, fiebre.....

Aunque las tierras del norte africano, bañadas por el mediterráneo, conocieron en los primeros siglos de la era cristiana el nacimiento de la Vida Consagrada en sus vertientes anacoreta y cenobítica; aunque en los siglos XV y XVI algunas áreas del litoral atlántico e índico fueron evangelizadas por misioneros consagrados de origen portugués; aunque en el siglo XIX y principios del XX tuvo lugar la más grande evangelización de África por miembros consagrados de Institutos Misioneros femeninos y masculinos de origen centroeuropeo[6], creo se puede afirmar que en África esta opción de vida cristiana es, hoy por hoy, una realidad joven con todas las audacias y con todos los errores que son propios de la etapa de juventud. La Vida Consagrada en África está viva y los hombres y mujeres que profesan este género de vida están vivos.

 

4. CONSAGRADA

Ahora nos centramos de lleno en este adjetivo que califica esta opción de vida.

El Libro II del Código de Derecho Canónico trata Del Pueblo de Dios. Este Libro está dividido en tres Partes. La Parte III trata De los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica[7]. El Dicasterio de la Curia Romana, que entiende de todo lo relacionado con los fieles que han hecho esta opción de vida, tiene idéntico nombre: Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica.

Utilizando una imagen plástica podríamos decir que la Vida Consagrada en la Iglesia es como un gran paraguas bajo el que se amparan diversas realidades: La vida religiosa (Órdenes / Congregaciones), Los Institutos Seculares, Las Sociedades de Vida Apostólica.

Elementos comunes a todos ellos serían: la vocación divina, la consagración mediante la profesión de los consejos evangélicos, vividos bajo voto u otro vínculo, la vida comunitaria, con sus más o menos exigencias, la oración y la conversión de costumbres, la misión según el carisma propio del Instituto. 

 

I. FECUNDIDAD MISIONERA DE LA CONSAGRACIÓN

1. VIDA CONSAGRADA Y MISIÓN

         En la Carta Encíclica Redemptoris Missio[8], al tratar sobre Los Responsables y Agentes de la Pastoral Misionera, el Papa Juan Pablo II menciona a los Misioneros e Institutos “ad gentes” (nn. 65-66) y habla también de La Fecundidad misionera de la Consagración (nn. 69-70).

 

         2. LA MISIÓN NO ES UNA OPCIÓN

         Para la Iglesia en su conjunto y para los diferentes miembros de la misma la Misión no es una opción; es una gozosa y exigente obligación. Como tampoco es algo facultativo el cuidado pastoral de los fieles y la implicación ecuménica, tendente a buscar y lograr la unidad que quiso Cristo para sus discípulos[9].

         Dicho lo cual, la Vida Consagrada, en la rica variedad en que se manifiesta, sabe que no puede descuidar – sin traicionarse a sí misma – la obligación de colaborar con la Iglesia a la hora de sacar adelante la tarea que Cristo dejó en manos del conjunto de sus seguidores.

 

         3. MISIONEROS E INSTITUTOS MISIONEROS

         En el seno de la Iglesia Misionera hay fieles e Institutos, que asumen como misión propia el deber de la Evangelización, que pertenece a toda la Iglesia[10].

         La vocación misionera demanda de los que han respondido a ella un compromiso al servicio mismo del Evangelio, que abarca a toda la persona del misionero. La vocación misionera ad vitam sigue siendo el paradigma del compromiso misionero de toda la Iglesia.

         La razón de ser de los Institutos Misioneros guarda relación directa con la misión de la Iglesia: en su seno han nacido y viven para Ella. Y mientras estos Institutos Misioneros acogen vocaciones provenientes de las jóvenes Iglesias que han alumbrado, en el seno de las mismas se fundan nuevos Institutos Misioneros. Y todos ellos se siguen dedicando a la actividad y a la animación misionera[11].

 

4. IDONEIDAD DE LA CONSAGRACIÓN AL SERVICIO DE LA MISIÓN

         De dicha idoneidad dan testimonio, cuando se trata de propagar la fe y de crear nuevas Iglesias, los diferentes caminos de vivir en la Iglesia la Consagración: desde las antiguas instituciones monásticas, las órdenes medievales, las congregaciones modernas, los recientes institutos seculares y las sociedades de vida apostólica.

         Nadie atestigua más eficazmente la absoluta soberanía de Dios, la posibilidad de relacionarse con Él mediante la oración, el ejercicio mismo de la caridad cristiana, la proclamación atrayente del Evangelio de la vida, que aquellos que, al vivir los consejos evangélicos, hacen una donación total de su vida a Dios y se liberan para servir al hombre en sus más diversas necesidades[12].

 

5. CUATRO DETALLES Y CUATRO LECCIONES

Al comienzo de los Evangelios Sinópticos se describen los pasos que dio Jesús en los comienzos de su misión, para cuyo cumplimiento había sido enviado por el Padre. La Iglesia y, en su seno, la Vida Consagrada tiene hoy la tarea, grave y gozosa, de continuar la misión de Cristo. Lo que Cristo hizo entonces, tiene hoy la Vida Consagrada que seguir haciéndolo, porque la misión de la Vida Consagrada no es otra que anunciar, presencializar y aplicar en cada corazón humano, pueblo y cultura la Salvación de Cristo que, de una vez para siempre, ha obtenido para todos los hombres.

Pero la Vida Consagrada, si quiere ser fiel a esta misión, no se ha de preocupar sólo de seguir haciendo lo que Cristo hizo, también ha de hacerlo a la manera como lo hizo Cristo. El modo y la manera como empezó Cristo su misión también es algo normativo para la Vida Consagrada. La Vida Consagrada no será fiel a la misión que ha recibido, si sólo hace lo que Cristo hizo y no lo hace como Cristo lo hizo. La importancia de lo primero no anula la obligatoriedad de lo segundo. Veamos algunos detalles de cómo empezó Cristo la realización de su misión, con el fin de que la Vida Consagrada aprenda las lecciones oportunas para seguir realizando la misión que se le ha encomendado.

Primer detalle: Jesús empezó su misión en Galilea, que de todo el territorio de Palestina, era la parte más alejada de Judea y de Jerusalén. Los habitantes del sur consideraban a esta zona como semipagana. Vivían sus habitantes en tinieblas y en sombras de muerte. La sola presencia de Jesús en medio de ellos  ya fue para ellos una gran luz llena de brillo. Primera lección: La Vida Consagrada no será fiel a lo que Cristo espera de ella, si no sale a buscar a los alejados, a los que no creen o a los que han dejado de creer. La luz se necesita más allí donde más oscuridad hay.

Segundo detalle: Jesús comenzó su misión predicando una sola cosa: El plazo ha llegado a su fin; el Reino de Dios está apunto de despuntar. Convertios y creed la Buena Nueva. Segunda lección: La Vida Consagrada también ha de empezar así el cumplimiento de la tarea encomendada. Sin ambages, lo que tiene que proponer al hombre es la conversión del propio corazón: dejando el pecado, volverse hacia Dios. Es el mejor servicio que se puede prestar al hombre.

Tercer detalle: Jesús, a la par que predicaba el Reino de Dios, iba curando las enfermedades y las dolencias del pueblo. Tercera lección: La Vida Consagrada ha de hacer lo propio. La Evangelización es una acción compleja en la que siempre han de ir de la mano el anuncio y la invitación a la conversión con la realización práctica de mil obras de toda índole, que responden a las exigencias de la caridad cristiana. La variedad y riqueza de las obras sociales y de promoción humana que la Vida Consagrada realiza también pertenecen a la tarea recibida. De los consagrados se espera que sean hombres y mujeres de Dios, motivados por el amor de Dios, que revivan el misterio de la encarnación, que sean icono del Dios compasivo, que se hagan presentes en la vida de los necesitados como siervos, cirineos y samaritanos.

Cuarto detalle: Desde el mismo comienzo de su misión Jesús llamó y se rodeó de discípulos, a los que andando el tiempo, les haría partícipes de su misión: eran pescadores y lo iban a seguir siendo, pero ahora, de hombres. Cuarta lección: La Vida Consagrada no podrá seguir cumpliendo su cometido si no deja de invitar a otros fieles cristianos a dejarlo todo y a no tener otros intereses que los del Corazón de Cristo.

 

II. HOMBRES Y MUJERES CONSAGRADOS EN ÁFRICA

         1. A MODO DE TELEGRAMA

         En la Exhortación Apostólica Ecclesia in Africa, Juan Pablo II expone lo que se espera de la Vida Consagrada en África en cuanto agente de la Evangelización. Recordamos, a modo de telegrama, sus indicaciones: En el seno de la Iglesia, en cuanto Familia de Dios, la Vida Consagrada es una llamada a la santidad y un testimonio de la vida fraterna en comunidad. Los consagrados han de guardar comunión con los pastores y con los fieles laicos. Se han de promover vocaciones a la vida contemplativa y activa, haciendo una prudente selección y dando una sólida formación. La prudencia y el discernimiento han de orientar la fundación de nuevos Institutos, que han de ser ayudados hasta alcanzar personalidad jurídica y autonomía de gestión. Los Institutos que no están en Africa contarán con el permiso del Ordinario local a la hora de buscar vocaciones nuevas. Y sería loable el trabajo conjunto de los consagrados para testimoniar la fraternidad y la unidad al servicio de la misión[13].        

2. UN ABANICO MUY ESPECIAL

Todo buen abanico consta de tres elementos: el tornillo/pasador, un número suficiente de varillas y el material que se adhiere a las mismas.

Si se me permite utilizar esta imagen plástica para hablar de la incidencia de la Vida Consagrada en África, el cuerpo de esta ponencia tendría tres partes, como tres son los elementos del abanico.

 

3. EL TORNILLO/PASADOR DEL ABANICO 

El misterio de la Iglesia es tan rico y profundo, que  ninguna de las imágenes que utilizamos para su comprensión,  puede abarcar en su totalidad dicho misterio[14]. Con todo, necesitamos  de dichas imágenes y de la complementación entre ellas. La Iglesia en África cree que, hoy por hoy, la imagen con mayor fuerza significativa es aquélla que considera a la misma Iglesia como Familia de Dios.

Éste sería el tornillo-pasador donde convergen y quedan aunadas las diferentes varillas que los hombres y mujeres consagrados en África están llamados a ir labrando. Si este tornillo-pasador es fuerte, podrá sujetar todas la varillas y aguantar el movimiento mismo del abanico.

En el número 63 de su Exhortación Apostólica postsinodal sobre la Iglesia en Africa y su misión evangelizadora hacia el año 2000, Juan Pablo II afirma que el Sínodo ha querido asumir ”como idea-guía para la Evangelización en África la de la Iglesia como Familia de Dios”. Afirma también que esta opción es una aplicación concreta de la llamada Inculturación, dada la importancia que la institución familiar tiene en la vida social africana. Con esta imagen se “pone el acento en la solicitud por el otro, la solidaridad, el calor de las relaciones, la acogida, el diálogo y la confianza”. Si reparamos bien en ella, esta imagen está nítidamente expresada en Lumen Gentium, 1: “La Iglesia es en Cristo como el sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano”.

Una vivencia coherente de la Consagración en África aportaría los nutrientes evangélicos necesarios para vigorizar a la Familia eclesial y a la misma Institución familiar. Vamos a intentar explicarlo.

Vivir sujeto a obediencia, la vida en común, el trabajo en equipo, que son elementos claves en las diversas formas de Vida Consagrada, ayudan a fortalecer los lazos de comunión en la Iglesia–Familia de Dios y son antídoto, en la mismo seno de la Iglesia, contra la tentación del individualismo, la enfermedad de la desobediencia, el mal de las divisiones, la amenaza del tribalismo y la tendencia a jugar a francotiradores[15].

Por otro lado, es un hecho que los valores más genuinos de la familia tradicional africana, como son la profundidad de su religiosidad, la veneración por los antepasados, el respeto por la vida, la autoridad moral del los ancianos, la educación  disciplinada de los niños, la introducción garantizada de los jóvenes a la vida adulta, el tomarse el tiempo necesario para dialogar antes de acordar  una decisión, el uso responsable de la naturaleza, están siendo puestos en entredicho  por modas, que se imponen por la fuerza de la utilización acrítica de los medios de comunicación social o por políticas chantajistas disfrazadas de progreso y modernidad[16]. Una vivencia cabal de la Consagración, por aquellos mismos que han escogido vivir así, aportaría la luz evangélica necesaria para discernir entre lo que ayuda a la Institución familiar africana y todo aquello que busca su destrucción.

Junto a las innegables luces que aporta en ambas direcciones la Vida Consagrada, también se dan no pocas sombras, causadas por una vivencia incoherente e infiel de los mismos Consagrados. Pienso en el consagrado llegado de Europa o América del Norte que no vive en comunidad, que regenta su misión/parroquia sin oír al Consejo parroquial, que viviendo austeramente, bombea dinero en abundancia sin implicar a los fieles, que trabaja duro y reza poco. Pienso en la consagrada llegada de Europa o América del Norte que, con una brillante formación profesional, es una eficaz enfermera, una excelente profesora o  una competente trabajadora social, pero que cuesta un tanto reconocer en ella a una consagrada y no cree ser tarea suya pasar su brillante formación profesional a otras. También pienso en el consagrado africano que le cuesta ir con los suyos porque no tiene en su hogar las comodidades del convento y las diversiones de la gran ciudad, que con pocos años es respetado como un anciano y se acerca a su propia gente con actitudes de superioridad, frialdad y desdén. Pienso en la consagrada africana pendiente de su impoluto hábito, que no entiende porqué tiene que ordeñar una vaca o esparcir estiércol en el prado.

Hay una cuestión, que por su importancia, he creído oportuno aludir a ella por separado y cuya respuesta satisfactoria sigue pendiente. Una cuestión en que se pone en juego las exigencias del voto de pobreza y las obligaciones del consagrado hacia su familia natural. He mantenido siempre que los mayores bienhechores de las instituciones de Vida Consagrada son los padres de los mismos consagrados. A mi entender un consagrado tiene que seguir cumpliendo con el cuarto mandamiento de la Ley de Dios. En una sociedad como la nuestra, en que los mayores están siendo aparcados, el mejor testimonio de un consagrado en este campo es atender a sus padres. No entramos en mayores consideraciones. Pero esta cuestión en África tiene otros matices. Y no olvidemos que los contornos de la familia africana van más allá de padres y hermanos. En ciertas regiones es obligación moral que el que mejor situado se encuentre en la vida ha de atender al resto de los suyos que están peor situados. En otros lugares el primogénito de los hermanaos tiene obligaciones morales hacia el resto de los miembros de la familia si las circunstancias así lo requiriesen. ¿Cómo atender ambas fidelidades? La cuestión sigue abierta.  

Y todas estas consideraciones para explicar aquello del tornillo-pasador donde convergen y quedan aunadas las diferentes varillas que los hombres y mujeres consagrados en África están llamados a ir labrando. A recordar: La Iglesia como Familia de Dios.    

4. LAS VARILLAS DEL ABANICO

Primera varilla: El Anuncio[17]. Todavía y durante mucho tiempo la primera evangelización seguirá siendo algo vital en el continente africano. Y junto a ella, no se puede descuidar el compromiso por la formación, pues las realidades alumbradas siguen siendo aún jóvenes. La población africana vive un constante crecimiento y la Iglesia Católica sigue siendo aún una minoría. África continúa siendo un continente a ser misionado. El hecho de que todo el territorio esté dividido eclesiásticamente en Diócesis, Vicariatos, Prelaturas no implica que sobren los misioneros. Es más, aún  se siguen necesitando misioneros llegados de fuera. Por una parte las vocaciones de éstos en Europa y América del Norte van disminuyendo; por otra parte,  el clero nativo africano crece, pero de forma desigual, incluso entre diócesis de un mismo país. Si la Iglesia a duras penas puede atender a los fieles, ¿quién irá a los alejados o a los que nunca vinieron ni estuvieron?.

El movimiento en la misión de la Iglesia es siempre interactivo: agregar y luego conservar, para continuar agregando. Todavía sigue siendo verdad que hay que dejar las noventa y nueve y salir a buscar la que se perdió. En todo proceso que está comenzando se necesita un método, que garantice una continuidad, continuidad que pueden ofrecer con cierta facilidad las instituciones de Vida Consagrada. El fomento de los ministerios laicales se impone por su intrínseca riqueza y valor y, no sólo y principalmente, por la necesidad y la escasez de los misioneros o para que éstos puedan atender aquellas tareas que les son propias. 

Segunda varilla: El Diálogo interreligioso[18]. Un acercamiento adecuado y una descripción atinada de este deseado ideal implicaría poner primeramente la fuerza en el hecho religioso y luego en el diálogo en cuanto tal. Para que se produzca un diálogo hay que contar con interlocutores, y en este caso, con interlocutores religiosos. El hecho religioso  sigue siendo el factor vertebrador de la vida individual y social africanas y, por ende, de su cultura. El drama actual africano es, a la par, religioso y cultural. Si este doble pilar empezara a debilitarse, África entraría en una crisis de identidad. Aunque todo proceso de crisis comporte un riesgo, también es verdad que dicho proceso entraña una nueva oportunidad. Hoy por hoy, sigue siendo un hecho que África no se entiende sin una referencia nítida a Dios.

En segundo lugar, para que se produzca un diálogo se espera que los interlocutores no oculten lo específico de su identidad. Las Religiones Tradicionales Africanas y el Islam esperarían que la Iglesia se acerque a la mesa del diálogo con su propia verdad por delante y no ocultando de manera vergonzante su identidad. Si la tentación de las Religiones Tradicionales Africanas es el sincretismo y la del Islam es el fundamentalismo, la tentación que ronda a la Iglesia Católica en el irenismo. De ser así se cumpliría lo que predijera G.K. Chesterton: llegará un tiempo en que los cristianos alabarán todos los credos menos el suyo.

Señalar, en tercer lugar, que el contenido más genuino de la misión de la Iglesia es acercarse a los hombres y mujeres de África con la pretensión y la convicción de que Cristo es el único Salvador de todo el género humano[19]. Esta propuesta salvífica no es una arrogancia. La arrogancia sería mantener que Cristo no nos puede salvar y que cada uno se ha de agenciar su salvación como buenamente pueda. Solamente a la luz de la verdad sobre Cristo se puede entablar un diálogo con las otras religiones, pudiendo descubrir en ellas fragmentos de Cristo Verdad. La Iglesia tiene una viva conciencia de que la imposición de la fe está tajantemente desautorizada[20] y, asimismo, que la pretensión de la unicidad y universalidad de la salvación cristiana no es una invención eclesial, sino algo que se le impone por la misma fuerza de la verdad sobre Cristo.

Indicar, por último, que en el seno de la Iglesia se espera de los consagrados que sean expertos en el trato con Dios. Éste es un campo especialmente propicio para la vida consagrada contemplativa en África. 

Tercera varilla: Inculturación[21]. Aunque la palabra sea un neologismo, por la lógica interna del misterio de la Encarnación y de la misma economía de la Salvación, esta realidad ha sido desde un principio un componente básico de la misión de la Iglesia. Si se quiere evangelizar el corazón del hombre y la mujer africanos, hay que evangelizar su cultura, pues ésta es el suelo nutricio donde los africanos tienen hundidas sus raíces. El mismo proceso evangelizador no producirá los frutos propios de la madurez si sólo se aspirara a dar una mano de barniz a la cultura donde el Evangelio mismo se hace presente.

Por el proceso de inculturación, el Evangelio penetra en la entraña misma de una determinada cultura, convirtiéndose en su seno en instancia crítica de la cosmovisión que le es propia a dicha cultura. La Inculturación implica un movimiento dialógico entre el Evangelio y la cultura, que tiene por objetivo el que no se experimente la fe como algo extraño y que en el intento no se dé cabida a elementos perturbadores de la comunión eclesial. Si la presencia del Evangelio está llamada a impactar en la entraña misma de la cultura africana, ésta afectará al mensaje evangélico haciendo que éste, sin traicionarse así mismo, haga patente la multiforme riqueza de sus tesoros latentes. Y como este proceso es algo vivo, hay que ser conscientes de sus implicaciones y pacientes con los resultados, pues unas veces habrá logros y otras veces fracasos. 

Los mismos consagrados africanos serían los más idóneos y los mejor capacitados para realizar este proceso de inculturación de la misma vida consagrada. A mi entender los procesos de inculturación llamados a perdurar en el tiempo no se hacen en un frío gabinete teológico europeo o desde una cómoda y acogedora celda de conventos burgueses ni tampoco son fruto de mentes iluminadas y calenturientas que brotan en el abrasador suelo africano. Si la pobreza y la humildad son notas esenciales del misterio de la Encarnación, también lo han de ser del proceso de Inculturación.

Cuarta varilla: Liberación y promoción humana[22]. África es hoy un continente de países empobrecidos, donde se empieza a sentir una suave brisa democrática con no pocas erupciones dictatoriales. África es hoy un continente erosionado por el peso de la deuda externa y por una globalización desigual. África ha venido a ser el dorado en cuanto a materias primas se refiere como Asia lo es en relación a la mano de obra. Los intereses mercantilistas internacionales, la mala gestión pública de los recursos, los saqueos de las élites locales, la fuga de los bien preparados y formados, la proliferación de las mafias de todo tipo son síntomas preocupantes, pero certeros, a la hora de hacer un diagnóstico. Si el diagnóstico es acertado, las posibilidades de sanación serán mayores. Todas estas realidades ofenden a Dios y no pueden por menos de interpelar a los que saben por la fe que el mundo salió bueno de las manos de Dios.

La relación entre misión y desarrollo humano es intrínseca[23], y aunque el progreso temporal se debe distinguir del desarrollo del mismo Reino de Dios, el primero interesa mucho al segundo[24]. La rica variedad de los carismas de Consagración, cada uno de los cuales bebe de una determinada espiritualidad y vive para la realización de las más variadas obras en bien de las necesidades primarias, pero también fundamentales, del ser humano son una elocuente prueba de cómo es posible hacer lo uno sin descuidar lo otro. Los Institutos de Vida Consagrada en África prueban que no hay conflicto ni quimera entre la evangelización y la promoción humana. Es éste uno de los pilares de la Doctrina Social de la Iglesia. Los consagrados, mientras curan y educan, no dejan de evangelizar. Y mientras hacen esto no descuidan aquello. Cristo será siempre el ideal de la verdadera humanidad. La propuesta cristiana incentiva el verdadero desarrollo del ser humano. Sería injusto castigar a los pobres con más pobreza al privarles de Cristo y de su oferta de salvación. Los Consagrados hacen que esto sea claro con su palabra,  con sus obras, pero sobre todo por el mismo género de vida escogido en respuesta a una previa vocación o llamada de Dios.

 Quinta varilla: Santidad y Misión[25]. Al ser bautizados, dos son las llamadas que Dios nos hace: a la santidad y a la misión. Todos, por lo tanto, en cuanto bautizados, hemos sido llamados a la santidad y a la misión. Ésa es la voluntad de Dios para los que somos sus hijos. Por lo tanto, eso de ser santos y de ser misioneros no es algo opcional, ni depende de gustos, ideas o preferencias; ni de la edad, el sexo, la condición, el estado de vida, la ocupación o el trabajo. Sobra todo, si no nos convencemos que a ti y a mí Dios nos quiere santos y misioneros. Frustraremos el proyecto de Dios sobre nosotros si no tomamos conciencia de ello y si no intentamos actuar en consecuencia. Nos conviene recordar estas dos llamadas y comprometernos a seguir respondiendo a las mismas.

 Dios nos llama a ser santos. Ello quiere decir que tenemos que desarrollar al máximo las potencialidades que Dios, a modo de semilla, puso en nosotros el día de nuestro bautismo. No podemos permitir que el hombre interior quede raquítico, sino que debemos hacerlo crecer hasta la madurez. Ello implica que debemos superar el mal y el pecado; que debemos hacer el bien y que nada de lo nuestro, en cuanto seres humanos, quede al margen del poder de influencia de Dios y de su verdad.

 Dios nos llama a ser misioneros. Ello implica que la fe que recibimos como un don, no se desarrollará ni se renovará si no nos preocupan todos los que viven sin fe: o porque nunca la han tenido o porque la han abandonado. Compartimos la fe que profesamos, porque la consideramos una riqueza y nos duele en el alma que lo que nos hace tanto bien a nosotros, no lo puedan experimentar los que viven sin fe. En este asunto guardar y no compartir es exponerse a perder el tesoro de la fe.

Pero ambas vocaciones van unidas. Decía el Papa Pablo VI en la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi que debemos evangelizar con el fervor de los santos[26].  Años después, el Papa Juan Pablo II escribió en su Encíclica Redemptoris Missio que el verdadero misionero es el santo[27]. En la Exhortación Apostólica Ecclesia in Africa Juan Pablo II recuerda a las jóvenes Iglesias africanas, y en su seno a los consagrados, esta doble llamada a la santidad y a la misión y la imposibilidad de responder a ellas por separado[28].

Sexta varilla: María en la evangelización[29]. La presencia de María en el edificio de nuestra fe no es un adorno decorativo. La presencia de María en la vida espiritual del creyente en Cristo no se reduce al ámbito devocional. María pertenece a la entraña misma del Credo y, por ende, no puede faltar en la misión evangelizadora de la Iglesia. Por ello el misterio de María no queda ya al arbitrio del deseo, del gusto o de las preferencias del creyente en Cristo.

         Cuando el de Dios al hombre alcanzó la plenitud de los tiempos, Dios esperó el de María para que Dios mismo pudiera saltar de la eternidad al tiempo. Gracias a su respuesta creyente toda la luz de Dios vino a posarse en nuestra orilla. En una casa de Nazaret, la acción del Espíritu sobre María hace que María venga a ser Madre de Cristo-Cabeza. Años después en una casa de Jerusalén, la acción de Espíritu sobre María hace que María venga a ser Madre de Cristo-Miembros. María es la Madre del Cristo Total.

         Al igual que la misión del Hijo, por la acción del Espíritu, perdura en el tiempo, la colaboración de María para sacar adelante dicha misión no ha cesado. El creyente de María es el referente luminoso para los que, siendo evangelizados, creen. Por otro lado, siguiendo a los Padres de la Iglesia, cada bautismo es un nuevo parto de María. La pila bautismal es el seno fecundo de María que sigue dando a luz la vida de Dios en los que renacen por el agua y el Espíritu.

         Todo lo dicho es elocuente sobremanera para los que, en África, optan vivir el seguimiento de Cristo por la senda de los consejos evangélicos. Las fórmulas de consagración son fórmulas de fe. Vivir según los consejos evangélicos es una incisiva propuesta misionera. La fecundidad de la oración y el trabajo de los consagrados les convierte en madres. La vocación, la consagración y la misión de los consagrados encuentran en María su referente más luminoso y acabado.   

Séptima varilla: Las fases de la evangelización[30]. La acción evangelizadora conjuga, y siempre en este orden,  el indicativo y el imperativo. Se empieza anunciando todo lo que Dios Padre ha hecho, por medio del Hijo y del Espíritu, en bien de todos los hombres. Luego siguen los imperativos morales, cuyo cumplimiento prueba la conversión de vida y valida la respuesta creyente al anuncio, logrando así la coherencia entre lo que se cree y la manera de vivir. Lo dicho hasta ahora tiene por sujeto al ser humano que ha experimentado un encuentro de gracia con Cristo.

Apoyada en esta urdimbre, la acción evangelizadora despliega toda una compleja trama, pautada por diferentes fases. Al primer anuncio le sigue la evangelización propiamente tal, en la cual se ven implicados el mismo evangelizador  y el que es evangelizado. Suscitada la fe,  sigue la conversión de vida y el bautismo. Siguen luego las iniciaciones a la vida cristiana, a la liturgia, a la vida espiritual.  Y todos los que se ven inmersos en este proceso están llamados a posibilitar que la plantación de la Iglesia en su medio,  hundiendo bien las raíces en su suelo cultural, logre un desarrollo gradual y sostenido de los diferentes carismas, estados de vida y estructuras, hasta alcanzar un saludable grado de autonomía.

Si a lo largo de todo este proceso los misioneros no son capaces de suscitar en las jóvenes Iglesias el ardor misionero y la pasión por la santidad, lo logrado se asemejará a una casa construida sobre arena. Quizá en esto último la Vida Consagrada en África está llamada a prestar su específica colaboración a la hora de dar solidez a las jóvenes Iglesias en el continente africano.  

Octava varilla: Ecumenismo y Evangelización[31]. Este binomio tiene por autor al mismo Cristo, que en sus últimas voluntades pidió a los suyos unidad para que el mundo creyera. De ahí el convencimiento que toda división daña  a la causa santísima de la evangelización.

De hecho el movimiento ecuménico nació en un contexto misionero. En la Conferencia de Lausana en 1927, se llegó a la convicción que las divisiones entre los cristianos continúan siendo uno de los mayores obstáculos para la acción misionera. Y quizá por ello sea en contextos de misión donde más avances prácticos se dan en el llamado ecumenismo de la vida. Porque, y seguimos los argumentos del Cardenal Kasper, nuestra separación no ha tenido origen a nivel teórico o por división en las discusiones; nos hemos separado en la vida y por ello hemos dejado de comprendernos. Se trata de aprender a vivir juntos de nuevo, respetando la verdad en el amor[32].

Junto al ecumenismo doctrinal y al ecumenismo espiritual, el área más idónea para la colaboración de los consagrados está en el ecumenismo de la vida. Es un hecho alentador que, en prácticamente todas las confesiones cristianas, hay formas de Vida Consagrada. África es, hoy por hoy, un terreno propicio para el cultivo de este específico empeño ecuménico. Y allí ya se van cosechando frutos del mismo. La Vida Consagrada, diversa en sus manifestaciones, tiene raíces comunes, porque ante todo es una vida en Dios.

 

5. LA TELA DEL ABANICO 

El material a ser desplegado sobre las varillas y la artística decoración del mismo queda en manos de cada uno de los carismas de Consagración. Éstos son tan ricos y variados que aportarán a la vida y a la misión de la Iglesia  la alegría de Dios y la frescura del suave y refrescante soplo del Espíritu. En la elaboración de este material y en su decoración intervienen los siguiente elementos, que son las diferentes fronteras de misión, donde se espera que la Vida Consagrada en Africa aporte su específica impronta. 

Vocaciones consagradas: El esperanzador aumento de las mismas pide un discernimiento sobre las motivaciones y una seria formación. No es de realistas dejarse cegar por el número. ¿Qué mueve a los candidatos a la Vida Consagrada? ¿Qué buscan en ella? ¿Reconocimiento social, deshogo económico? ¿Coches, portátiles, ropa, móviles? ¿Qué está pasando que las vocaciones consagradas no clericales empiezan a demandar formación profesional en áreas novedosas (ministerios laicales y sociales) o en áreas de alto nivel (profesorado, medicina) y no hay tanta demanda para ser un buen profesional de carpintería, mecánica, enfermería, agricultura, albañilería, corte y confección, cocina? Siempre será verdad que Dios llama valiéndose de mil circunstancias; pero nadie se ve dispensado de la exigencia del escrutinio[33].

Medios de comunicación social: Su avasalladora invasión y ambigüedad son hoy características de los mismos. La cultura africana sigue siendo eminentemente oral en lo que a la transmisión de saberes y valores se refiere. En esta cultura se ha de integrar la fuerza de la imagen mediante la delicada operación del injerto. Los consagrados en África saben que no pueden hacer, de lo que son medios, fines. El fin seguirá siendo la evangelización. Por ello han de saber conjurar  la compulsiva adquisición de los mismos o su consumo acrítico[34].

La Familia: Ya se habló anteriormente de esta institución como la imagen con más fuerza evocadora para presentar en el contexto africano a la Iglesia como Familia de Dios. Ahora  el enfoque es netamente evangelizador. El hecho mismo de que haya consagrados y consagradas es, por sí sólo, un referente para poner de relieve la dignidad del hombre y de la mujer. Asimismo la fidelidad a los compromisos de la Consagración es un referente fuerte para la misma fidelidad matrimonial. El cuidado y la formación de los candidatos a la vida de Consagración pueden estimular a los padres a proveer las necesidades materiales de sus hijos y la formación de los mismos[35].

La Juventud: Los jóvenes son, hoy por hoy, el gran activo de la sociedad  y de la Iglesia en África. Mientras en el mundo rural quedan los ancianos y los niños, los jóvenes buscan su futuro en el mundo urbano, experimentando la desorientación del desarraigo y la dificultad para su integración. Se convierten en presa fácil de los movimientos armados o de las mafias de prófugos. La pastoral normal no suele llegar a la juventud que malvive en las zonas urbanas marginales y ahí deberían hacerse presentes los consagrados aportando orientación para la vida, animando a recobrar la autoestima de la riqueza que guardan en su interior, educando para que descubran la falacia de un mimetismo acrítico de todo lo que viene del Norte[36].

El Sida: Debido al flagelo del Sida,  las generaciones intermedias están desapareciendo y, en algunos países, de manera alarmante. Los ancianos y niños quedan en el campo, sin posibilidad los primeros de cultivar los campos y de cuidar del ganado y los segundos, con el riesgo de dejar de asistir a la escuela, debido a las tareas y trabajos que deben realizar. A ello se añade que el mismo Sida se haya convertido en una enfermedad tabú, el engaño de las campañas publicitarias, la aparición de supersticiones alimentadas por mafias desaprensivas.  Es ésta una nueva frontera de misión, especialmente apta para los consagrados. Allí se están haciendo presentes para estar cercanos de los afectados: atendiéndoles, educándoles para la prevención y proponiendo con valentía la castidad como valor y como virtud. Los consagrados, por la regularidad y permanencia de sus apostolados, pueden doblar la eficacia de los retrovirales, ayudando a los afectados a someterse a la fuerte disciplina que demanda esta medicación. Pueden también ensayar métodos de autoayuda, como la iniciativa cristiana, nacida en Uganda, que trabaja con los jóvenes utilizando una terapia semejante a la eficaz terapia de los alcohólicos anónimos[37].

La Paz: El hecho mismo de que los consagrados, aunque procedan de culturas, lenguas o razas diferentes, vivan bajo el mismo techo, se convierte en indicativo claro de que el inestimable don de la paz es posible. La responsabilidad de los consagrados en este campo es bien fuerte. ¿Quién podrá indicar que la paz es posible si las comunidades de los consagrados, llamados a trabajar por la paz,  dan un antitestimonio por sus divisiones internas?[38].

Los Refugiados y prófugos: El fenómeno mismo y la situación de las personas que en él se ven envueltas ha adquirido tales dimensiones, que no es de sabios volver la mirada y pasar de largo. Si la causa principal de la existencia  refugiados y prófugos dentro del continente africano hay que buscarla principalmente en los conflictos bélicos, el origen de la inmigración hacia el Norte rico está en las situaciones de pobreza que viven sus gentes. Los diferentes Institutos de Vida Consagrada pueden hacer mucho en este campo. Allí y aquí los consagrados han de ser samaritanos con los refugiados y prófugos, han de trabajar por la paz y por la erradicación de la pobreza, causas de estos movimientos migratorios[39].

La Deuda internacional: Los consagrados, por la misma variedad de su procedencia, hacen que sus instituciones de pertenencia sean internacionales. Se podría pensar que quizá poco puedan hacer por levantar esta losa que pesa sobre los pueblos de África. Con este pesado lastre las economías africanas son incapaces de despegar. Pero hay un campo especialmente apto para ellos: concienciar, tanto allí como aquí, acerca de esta pesada carga. En África pueden ayudar a que los ciudadanos vigilen más de cerca de sus mismos gobernantes y el destino de los fondos públicos. Aquí no dejando que  la opinión pública olvide esta realidad, que por ser permanente, deja de ser noticia. La situación es tal que no puede dar lugar a la indiferencia y al desinterés[40].

 

CONCLUSIÓN:  TODO HOMBRE Y TODO EL HOMBRE

         Esta expresión tan lograda ya es una verdad clave en el discurso actual de la soteriología y de la misionología. La salvación cristiana está llamada a alcanzar a todo hombre y a todo el hombre. La universalidad de la salvación – todo hombre – ha sido algo que no ha necesitado mucha argumentación para venir a ser  pacíficamente aceptado. La concepción holística del ser humano – todo el hombre – ha tardado más en entrar en el discurso y en la conciencia cristiana. Todos recordamos aquellas afirmaciones categóricas de algunos años atrás que decían que primero hay que dar de comer, hay que construir un hospital, hay que poner en marcha una escuela y, sólo entonces, empezar a levantar una iglesia. El ser humano es menesteroso por naturaleza. Tiene necesidades primarias, pero también las tiene fundamentales.

         A mi entender uno de los métodos de evangelización más acertados fue el que ensayaron con éxito y acierto los benedictinos a la hora de evangelizar Europa, una vez que esta sociedad vino a parar a manos de pueblos nuevos venidos del éste, que coadyuvaron al desmoronamiento del imperio romano. Entonces los monjes era los misioneros. El Monasterio con su granja, con su escuela, con su templo era el referente ideal y la herramienta más eficaz a la hora de evangelizar. Los monjes barajaban tres palabras en sus tareas evangelizadoras: culto, cultura, agricultura.

         Yo pertenezco a una congregación misionera que nació del Monasterio trapense de Mariannhill en África del sur. El fundador de aquel Monasterio nunca consideró que era una quimera ser monje y misionero, por ello volvió a ensayar con éxito a finales del siglo XIX el método evangelizador de los benedictinos. Y a sus hijos e hijas nos dejó una nueva formulación del antiguo método, avalado por la experiencia, que afirma que los misioneros han de trabajar por conseguir mejores campos, mejores casas, mejores corazones. El método holístico de las tres C: Campos, Casas, Corazones.

         Dios no se ha olvidado de África, pues la lleva tatuada en la palma de sus manos. África está llamada a no olvidar a quien tanto le ama y le ha escogido y se ha desposado con ella. África está llamada a saber distinguir entre el Buen Pastor y los mercenarios.

         Muchas gracias por su paciencia, escucha y atención. ¡Qué el mismo Dios sea su recompensa!   

 

60ª Semana de Misionología, Burgos, julio 2007

 


 

[1] Cfr. Rev. MUNDO NEGRO, nn. 506-507 (Abril-Mayo 2006), p. 7: “La población de los 53 países africanos independientes y el Sahara supera ya los 936 millones. Ha crecido en los últimos tres años casi 75 millones de personas. Este aumento demográfico provoca bastantes signos de interrogación, porque no ha existido el mismo ritmo de crecimiento económico. Los africanos son hoy más libres que hace veinte años, pero no viven mejor. Muchos jóvenes se dirigen a los grandes centros urbanos en busca de un empleo que no consiguen, para acabar lanzándose a la aventura de llegar a Europa. Las mujeres africanas siguen siendo la gran esperanza de futuro”.

[2] Cfr. Rev. MUNDO NEGRO, nn. 506-507 (Abril-Mayo 2006), p. 105: “En casi todos los países africanos existen gobiernos elegidos democráticamente. La proliferación de partidos políticos y las elecciones legislativas y presidenciales son ya una rutina. Formalmente, hay más libertad; pero en demasiadas ocasiones la clase dirigente no ha asumido hábitos democráticos en su forma de ejercer el poder. Sigue faltando una renovación de la clase política. Se ha conseguido también desactivar varias guerras; pero está resultando muy difícil administrar eficazmente la paz”.

[3] Cfr. Rev. MUNDO NEGRO, nn. 506-507 (Abril-Mayo 2006), p. 115: “La educación es un pilar básico del desarrollo. En África hay cada vez más niños escolarizados, pero son muy pocos los que acceden a la enseñanza superior. Uno de los objetivos del Milenio es lograr la enseñanza primaria universal y velar para que en el 2015 todos los niños y niñas puedan terminar un ciclo completo de enseñanza primaria. Difícil pero posible, si los dirigentes africanos ponen manos a la obra”.

[4] Cfr. Rev. MUNDO NEGRO, nn. 506-507 (Abril-Mayo 2006), p. 121: “África es el continente en el que más ha crecido el porcentaje de católicos y de sacerdotes en todo el mundo. Las otras religiones van también en aumento. Los africanos viven y sienten lo religioso como algo connatural. Se va afianzando poco a poco el proceso de inculturación del Evangelio”.

Cfr. FORMACIÓN DE ANIMADORES MISIONEROS (Carpetas Publicadas por OMP-España): Carpeta nº 4: La Misión vivida por las Iglesias de los distintos continentes/Cuadernillo 3: La Misión vivida por las Iglesias de Africa.

[5] Cfr. Rev. MUNDO NEGRO, nn. 506-507 (Abril-Mayo 2006), p. 27: “Hay un hecho incuestionable: de los 25 países del mundo con menor Índice de Desarrollo Humano, 24 son africanos. Esto significa que buena parte de los países africanos viven al borde de la pobreza. Hay algunos países que globalmente son más ricos, debido a la producción de petróleo, pero están varados en el subdesarrollo. Es una gran paradoja que África sea un continente rico con países empobrecidos”.

[6] Cfr. Exhortación Apostólica Ecclesia in Africa, nn. 30-43.

Cfr. KAROTEMPREL, Sebastián (dir.), Seguir a Cristo en la misión- Manual de Misionología, Verbo Divino, Estella 1988, pp. 181-189.

[7] Cfr. CIC, cc. 573-746.

[8] La Carta Encíclica Redemptoris Missio, firmada por el Siervo de Dios, Juan Pablo II, el 7 de Diciembre de 1990 al cumplirse el XXV aniversario del Decreto Conciliar Ad gentes divinitus, consta de una Introducción, 8 Capítulos y una Conclusión. El Capítulo VI trata sobre Los Responsables y Agentes de la Pastoral Misionera (nn. 61-76).

[9] Cfr. Decreto Ad gentes divinitus, 6: “De este modo, la actividad misionera entre los infieles difiere de la actividad pastoral que hay que realizar con los fieles y de las iniciativas que hay que tomar para restaurar la unidad de los cristianos”.

[10] Cfr. Decreto Ad gentes divinitus, 23.

[11] Cfr. Carta Encíclica Redemptoris Missio, nn. 65-66.

[12] Cfr. Carta Encíclica Redemptoris Missio, nn. 69-70.

[13] Cfr. Exhortación Apostólica Ecclesia in Africa, n. 94.

Cfr. Exhortación Apostólica Ecclesia in Africa, n. 38: “Los Institutos misioneros surgidos en África han crecido numéricamente y han comenzado a ofrecer misioneros no sólo a los países del continente, sino también a otras regiones de la tierra....En las provincias africanas de los Institutos religiosos de derecho pontificio tanto masculinos como femeninos, ha aumentado también el número de sus miembros”.

Cfr. OKOYE, Chukwuma James: Los religiosos y las religiosas en las fronteras de la misión en Africa, en La Vida Consagrada en las fronteras de la Misión (Lección 1), Curso de Formación Misionera por correspondencia, Pontificia Unión Misional, Roma 1994, pp. 3-13.

[14] Cfr. Constitución dogmática Lumen gentium, n. 6.

[15] Cfr. Exhortación Apostólica Ecclesia in Africa, nn. 49 y 79.

[16] Cfr. Exhortación Apostólica Ecclesia in Africa, n. 84: “¡No dejéis que engañen a la familia africana precisamente en su tierra! ¡No dejéis que el Año Internacional de la Familia se convierta en el año de la destrucción de la Familia!”.

[17] Cfr. Exhortación Apostólica Ecclesia in Africa, nn. 47-48, 57-58, 73-76.

Cfr. LÓPEZ-GAY, Jesús, Anuncio, enCfr. KAROTEMPREL, Sebastián (dir.), Seguir a Cristo en la misión- Manual de Misionología, Verbo Divino, Estella 1988, pp. 81-90, Sumario: “El estudio del anuncio misionero se aborda en cuatro partes. La primera trata de los fundamentos bíblicos y teológicos: el ejemplo de Jesucristo, el mandato misionero, el Espíritu Santo y la proclamación, la misión, la palabra de Dios, la fe y la salvación; en la segunda parte, se explican los términos técnicos relativos a la proclamación: “transmitir”, “kerygma”, “evangelizar”, “dar testimonio”. A continuación (tercera parte) se presenta el contenido del anuncio misionero, la vida de Jesucristo y su misterio, el reino de Dios y el nombre de Jesús; en la última parte se trata la manera más apropiada de hacer el anuncio, acompañado por los “signos” y llevado adelante con “audacia”(parrhesía)”.

[18] Cfr. Exhortación Apostólica Ecclesia in Africa, nn. 65-67.

Cfr. ZAGO, Marcello, Diálogo interreligioso en KAROTEMPREL, Sebastián (dir.), Seguir a Cristo en la misión- Manual de Misionología, Verbo Divino, Estella 1988, pp. 91-99: Sumario: “El apartado 7.1 define el concepto de diálogo interreligioso. El surgir de la conciencia de diálogo y su práctica se subrayan en el apartados 7.2 y en el 7.3 se esclarecen las razones. El 7.4 ilustra los puntos a los que se ha llegado en el diálogo y cómo la Iglesia considera parte de su misión dicho diálogo; las relaciones del diálogo con el anuncio; sus valores al servicio de la humanidad y de la sociedad en orden a la paz y a la justicia. Las formas y los autores del diálogo se ponen de relieve en el apartado 7.5; el 7.6 se dedica a los caminos del diálogo según las religiones y las personas”.

[19] Cfr. Declaración Christus Dominus de la Congregación para la Doctrina de la Fe, del 6 de Enero del 2000, sobre la unicidad y universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia.

[20] Cfr. Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 17; Decreto Ad gentes divinitus, n. 3; Declaración Dignitatis humanae, nn. 2 y 10; CIC, c. 748,2.

[21] Cfr. Exhortación Apostólica Ecclesia in Africa, nn. 59-62 y 78.

Cfr. ROEST CROLLIUS, ARIJ A., Inculturación, en KAROTEMPREL, Sebastián (dir.), Seguir a Cristo en la misión- Manual de Misionología, Verbo Divino, Estella 1988, pp. 100-109: Sumario:”Después de una breve discusión sobre el origen y el significado de la palabra “Inculturación”, se describen las varias etapas del proceso de inculturación y se propone una breve definición de la palabra. Se indican después los puntos de encuentro entre Iglesia y culturas. La conclusión se dedica a una exposición de los elementos básicos para una consideración teológica de la inculturización”.

[22] Cfr. Exhortación Apostólica Ecclesia in Africa, nn. 51, 68-70, 110-114.

Cfr. MACCISE, Camilo y MACÍAS-ALATORRE, Ramón, Liberación y promoción humana en KAROTEMPREL, Sebastián (dir.), Seguir a Cristo en la misión- Manual de Misionología, Verbo Divino, Estella 1988, pp. 110-120: Sumario: El presente capítulo examina el proceso histórico de injusticia social, ampliamente difundida, la respuesta de la Iglesia a este signo de los tiempos y la relación entre misión, liberación y promoción humana. Trata, además, de la dimensión social del Evangelio y de la fe cristiana y de las nuevas orientaciones dadas por el Magisterio de la Iglesia”.

[23] Cfr. Carta Encíclica Redemptoris Missio, n. 59.

[24] Cfr. Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 39.

[25]Cfr. CONTRAN, Neno, La espiritualidad misionera en KAROTEMPREL, Sebastián (dir.), Seguir a Cristo en la misión- Manual de Misionología, Verbo Divino, Estella 1988, pp. 121-128: Sumario: “La espiritualidad misionera es la manifestación de una experiencia de Dios por medio de Jesucristo y del Espíritu  en un camino específico de la vida cristiana, de la oración del ascetismo y del apostolado que asemeja más al cristiano a Cristo misionero. Es una manera específica de llegar a Dios, a la madurez humana y a la santidad cristiana”.

[26] En el número 80 de dicho documento podemos leer cosas como éstas: “Conservemos, pues, el fervor espiritual. Conservemos la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas... Y ojalá que el mundo actual... pueda recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo y aceptan consagrar su vida a la tarea de anunciar el reino de Dios y de implantar la Iglesia en el mundo”.

[27] En el número 90 de este documento se puede leer: “La llamada a la misión deriva de por sí de la llamada a la santidad. Cada misionero, lo es auténticamente si se esfuerza en el camino de la santidad... La vocación universal a la santidad está estrechamente unida a la vocación universal a la misión... El renovado impulso hacia la misión ad gentes exige misioneros santos... El misionero, si no es contemplativo, no puede anunciar a Cristo de modo creíble”.

[28] Cfr. nn. 136-137.

[29] Cfr. ESQUERDA BIFET, Juan, María en la evangelización, en KAROTEMPREL, Sebastián (dir.), Seguir a Cristo en la misión- Manual de Misionología, Verbo Divino, Estella 1988, pp. 129-133: Sumario: “María es la primera creyente y discípula de Cristo, y se la puede llamar también la primera evangelizadora. Ella ha comunicado a Cristo al mundo. En este sentido se convierte en el modelo de la Iglesia misionera y, de modo especial, modelo del apóstol”.

[30] Cfr. GIGLIONI, Paolo, Proceso de evangelización: Del kerygma  a las Iglesias locales, en KAROTEMPREL, Sebastián (dir.), Seguir a Cristo en la misión- Manual de Misionología, Verbo Divino, Estella 1988, pp. 134-139: Sumario: “La misión ad gentes es una realidad compleja. Tiene diferentes fases. Es un proceso que se inicia con el primer anuncio, el kerygma y la catequesis, la conversión, el catecumenado, la iniciación, la implantación de la Iglesia y formación de una comunidad cristiana autosuficiente y evangelizadora”.

 31 Cfr. MUTISO-MBINDA, John, Ecumenismo y evangelización, en KAROTEMPREL, Sebastián (dir.), Seguir a Cristo en la misión- Manual de Misionología, Verbo Divino, Estella 1988, p. 140-146: Sumario: “En este capítulo se examinan algunos principios básicos de las relaciones para restablecer la unidad entre los cristianos y de la evangelización según el Vaticano II y los sucesivos documentos post-conciliares. El punto central del capítulo trata de los problemas relativos a la división entre los cristianos y la colaboración ecuménica”.

[32] Cfr. KASPER, Walter, El compromiso ecuménico de la Iglesia Católica, en Omnis Terra, nº 326 (XXXV), pp. 10-19.

[33] Cfr. Exhortación Apostólica Ecclesia in Africa, n. 50.

[34] Cfr. Exhortación Apostólica Ecclesia in Africa, nn. 52, 71, 122-126.

[35] Cfr. Exhortación Apostólica Ecclesia in Africa, nn. 80-85, 92, 121.

[36] Cfr. Exhortación Apostólica Ecclesia in Africa, n. 115.

[37] Cfr. Exhortación Apostólica Ecclesia in Africa, nn. 116.

[38] Cfr. Exhortación Apostólica Ecclesia in Africa, nn. 117-118.

[39] Cfr. Exhortación Apostólica Ecclesia in Africa, nn. 119.

[40] Cfr. Exhortación Apostólica Ecclesia in Africa, nn. 120.