La Comisión Episcopal de Misiones ante el reto del Tercer Milenio

 


Anastasio Gil García
Subdirector Nacional de OMP - España

 

 

Introducción: actualidad de Pablo

 

Desde que tuvimos noticias de que Benedicto de XVI propondría a la Iglesia un año Jubilar Paulino con motivo del II milenario de su nacimiento, hemos vuelto la mirada reiterativamente a este apóstol de los gentiles que nació en en Tarso de Cilicia, en la actual Turquía para preguntarnos ¿Quien era Pablo?. La respuesta nos ha llegado de sus labios "yo he sido constituido heraldo y apóstol, maestro de los gentiles en la fe y en la verdad”.

Maestro de los gentiles, apóstol y pregonero de Jesucristo, así se caracteriza a sí mismo en una mirada retrospectiva del recorrido de su vida. En la perspectiva del pasado estamos viviendo estos días que nos ofrece la 61 Semana Española de Misionología en Burgos para remansar nuestra mirada en este gigante del Evangelio.

Pero esta mirada al pasado perdería fuerza si se quedara en una prospección sobre lo que fue el maestro de los gentiles. Pablo no es para nosotros una figura del pasado, que recordamos con veneración. Él es también maestro, apóstol y anunciador de Jesucristo también para nosotros. Nos preguntamos, no solo: ¿Quién era Pablo? Si no ¿Quién es Pablo?, ¿Qué me dice? ¿Qué dice hoy Pablo a quienes tienen la misión de la animación y formación misionera de la Iglesia en España?

Como aliento para seguir este recorrido son las palabras conclusivas de Benedicto XVI en la catequesis del miércoles pasado: “el apóstol Pablo es un paradigma de primer plano, de quien todos tenemos todavía tanto que aprender y este es el objetivo del Año Paulino: aprender de San Pablo la fe, aprender de él quién es Cristo, aprender, en último término, el camino para una vida recta”.

 

II Llamado por vocación

 

Lo primero que descubrimos en el apóstol Pablo es su fidelidad al proyecto misionero de Dios, como “encadenado por el Espíritu” (Hch 20,22). Mientras Lucas cuenta con abundancia de detalles el encuentro con el Resucitado que le cambió la vida, él en sus cartas va a lo esencial y no habla sólo de una visión (cf. 1 Co 9, 1), sino también de una iluminación (cf. 2 Co 4, 6) y sobre todo de una revelación y una vocación (cf. Ga 1, 15-16). De hecho, se definirá explícitamente "apóstol por vocación" (cf. Rm 1, 1; 1 Co 1, 1) o "apóstol por voluntad de Dios" (2 Co 1, 1; Ef 1, 1; Col 1, 1), como para subrayar que su conversión no fue resultado de pensamientos o reflexiones, sino fruto de una intervención divina, de una gracia divina imprevisible. A partir de entonces, todo lo que antes tenía valor para él se convirtió paradójicamente, según sus palabras, en pérdida y basura (cf. Flp 3, 7-10). Y desde aquel momento puso todas sus energías al servicio exclusivo de Jesucristo y de su Evangelio. Desde entonces su vida fue la de un apóstol deseoso de "hacerse todo a todos" (1 Co 9, 22) sin reservas.

Esta transformación y donación del apsóstol es fruto del amor que proporciona la fuerza interior para la misión y a la vez se constituye en su proyecto. En efecto, el amor es un modo de ser que pasa de Jesús al cristiano y, por su testimonio, tiende a irradiarse en la sociedad y en la cultura.

De esta primera consideración nace una de lalas propuestas que la Comisión Episcopal de Misiones considera priporitarias para este momento:

Promover acciones pastorales para incentivar la pastoral vocacional misionera ad vitam en laicos, sacerdotes, religiosos y religiosas, en colaboración con los organismos diocesanos más afines a la pastoral vocacional.

Propuesta que pertenece a la razón de ser este servicio de la Conferencia Episcopal, pero que alguna manera en estos momentos alcanza una urgente prioridad. Ya el año 2007, durante las Jornadas Nacionales de delegados diocesanos de misiones, tuvo lugar una mesa redonda sobre la vocación misionera ad vitam en el contexto de la reflexión que se hizo de la encíclica Fidei Donum. Este hecho originó la publicación del libro “La llamada a la misión”(Edt. EDICE, Madrid 2007)

La encíclica Redemptoris missio nos sitúa con precisión en este asunto al recordar que “esta vocación se manifiesta en el compromiso total al servicio de la evangelización y que se trata de una entrega que abarca a toda la persona y toda la vida del misionero, exigiendo de él una donación sin límites de fuerzas y de tiempo. Quienes están dotados de tal vocación, «enviados por la autoridad legítima, se dirigen por la fe y obediencia a los que están alejados de Cristo, segregados para la obra a que han sido llamados, como ministros del Evangelio»”(RM 65).

De las palabras del Papa conviene destacar que es inherente a esta vocación misionera específica la universalidad, motivada por el deseo de extender el Reino a todos los pueblos haciendo que lleguen a la plenitud las semillas del Evangelio; la difusión de la fe, haciendo posible la apertura a los planes de Dios; y la incorporación a la Iglesia a través de la presencia salvadora y sacramental de Cristo resucitado.

Muchos son los caminos que Espíritu ha suscitado en el seno de la Iglesia para que los fieles pudieran descubrir su propia vocación en el ámbito laical, de la vida consagrada o participando del sacerdocio ministerial de Jesucristo. En sintonía con esta presencia del Espíritu la Comisión Episcopal se propone articular una trabajo audaz a favor de las vocaciones misioneras. Para ello se propone:

 

-          Intensificar el trabajo conjunto con los organismos competentes de las Iglesia locales para seguir promoviendo la pastoral vocacional específicamente a la misión ad gentes. Vocación misionera que tendrá su propia especificidad según la condición eclesial de los llamados como presbíteros, religiosos o religiosas y laicos. Como indicador de este empeño recordamos que en las Jornadas que sobre la pastoral vocacional organizó la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades tuvo cabida una comunicación sobre la vocación específicamente misionera, para sorpresa de no pocos. Más en concreto se tratará este trienio de potenciar:

                 a. Presencia de los misioneros en encuentros con jóvenes

                 b. Reflexión explícita sobre esta cuestión en las jornadas de reflexión y animación misionera que se realizan a lo largo del año en comunidades cristianas

                 c. Jornada específicas para quienes den muestras de ser llamados a la misión 

 

-          Implicar a las Instituciones misioneras, ordinariamente a través del  SCAM, para que estén presentes con su carisma en la animación y formación misionera de los fieles. En este sentido la Comisión Episcopal desearía ser como la casa que Pablo tenía alquilada en Roma donde acogía a todos anunciándoles a Jesucristo: “Pablo permaneció dos años enteros en una casa que había alquilado y recibía a todos los que acudían a él; predicaba el Reino de Dios y enseñaba lo referente al Señor Jesucristo con toda valentía, sin estorbo alguno”  (Hch 28,30-31). Esta actitud de acogida viene expresada por la apertura a cualquier tipo de iniciativa vocacional, sin particularismos. Entre otras acciones se organizan: 

                 a.  El VI Encuentro misionero de jóvenes (25-26 abril 2009)

                 b. Los cursos organizados por la Escuela de Formación Misionera 

 

-          Colaborar con las Obras Misionales Pontificias que este año paulino ha optado por el mensaje vocacional para la celebración de la Jornada del Domingo mundial para la propagación de la Fe con el lema: “Como Pablo, misionero por vocación”. La presentación del cartel de “Iglesia en misión” sobre el Octubre misionero es como la obertura de este gran intento de profundizar en la vocación misionera. No podría ser de otra manera. En este empeño emerge con fuerza la atención a las vocaciones misioneras para la misión ad gentes. Desde las Obra Misionales Pontificias a los largo del año se promueven:

                 a.  La oración permanente al dueño de la mies para que envíe obreros a su mies, con la implicación de los Monasterios de vida contemplativa, las Residencias de ancianos, los niños en su oración perseverante por las misiones, etc

                 b. El trabajo del Secretariado de la Pontificia Unión Misional en el que están integrados representantes de los sacerdotes, de los religiosos y de los laicos.

                 c.  La difusión de los carismas misioneros a través de las revistas Misioneros  y Supergesto

 

-          Incorporar en la animación misionera a los nuevos Movimientos eclesiales y nuevas comunidades con sus carismas específicos, que el Espíritu viene suscitando en la vida de la Iglesia. “Los movimientos pueden dar, de este modo, una valiosa contribución a la dinámica vital de la única Iglesia, fundada sobre Pedro, en las diversas situaciones locales, sobre todo en las regiones donde la implantatio Ecclesiae está aún en ciernes o afronta muchas difultades” (Juan pablo II, 27-V-98). La Comisión Episcopal de Misiones desea con todo su empeño dar pasos significativos en este proceso de su inserción en el dinamismo misionero de las comunidades locales, en la certeza de que “cuando se integran con humildad en la vida de las Iglesias locales y son acogidos cordialmente por obispos y sacerdotes en las estructuras diocesanas y parroquiales, los movimientos representan un verdadero don de Dios para la nueva evangelización y para la actividad misionera propiamente dicha. Por tanto, recomiendo difundirlos y valerse de ellos para dar nuevo vigor, sobre todo entre los jóvenes, a la vida cristiana y a la evangelización, con una visión pluralista de los modos de asociarse y de expresarse”(RM 72).  Los pasos que se están dando para este fin son:

                 a.  Continuar con acciones concretas que conduzcan a la inserción de estos carismas misioneros en el Consejo Nacional de Misiones

                 b.  Llevar a la práctica que, como decía D. José Capmany, en la misión nada resta. Todo suma.

 

III.   Encuentro con el Resucitado

 

En la Carta a los Gálatas, Pablo nos ha donado una profesión de fe muy personal, en la cual abre su corazón frente a los lectores de todos los tiempos y revela cual es el resorte más íntimo de su vida "Vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí". Todo aquello que hace Pablo, parte de este centro. Su fe es la experiencia del ser amado por Jesucristo de manera totalmente personal; es la conciencia del hecho que Cristo ha asumido la muerte no por algo anónimo, sino por amor a él - a Pablo- y que, como resucitado, lo ama todavía. Su fe es el ser alcanzado por el amor de Jesucristo, un amor que lo perturba hasta lo más íntimo y lo transforma. Su fe no es una teoría, una opinión sobre Dios o sobre el mundo. Su fe es el impacto del amor de Dios sobre su corazón. Y así, esta misma fe es amor por Jesucristo (Benedicto XVI 28-VI-08).

Esta experiencia personal la refiere Pablo también a toda la humanidad. Pablo aprendió que Cristo vive en todo ser humano y, de modo especial, en su comunidad eclesial (que Pablo había perseguido), a la que él describe como “cuerpo” o expresión de Cristo (cfr. 1Cor 12,26-27), “esposa” o consorte (cfr. Ef 5,25-27; 2Cor 11,2) y “madre” fecunda de Cristo como María (cfr. Gal 4, 4-7, 19.26). Por esto, su entrega apostólica tiene esta característica de “completar” a Cristo por amor a su Iglesia (cfr. Col 1,24), y de preocuparse “por todas las Iglesias” (2Cor 11,28). En el «Yo soy Jesús, a quien tú persigues" Pablo descubre a la Iglesia identificada con Cristo en un solo sujeto.

Esta es la razón por la que la Comisión Episcopal de Misiones considera que ha llegado el momento, tal vez sea la ocasión prevista por Dios en su providencia, de abordar uno de los retos más radicales de la pastoral ordinaria.

Dar prioridad en la acción evangelizadora al primer anuncio del Evangelio que suscita la fe, promueve la conversión y prepara a la adhesión a jesucristo en la Iglesia para el servicio de los hombres.

La actualidad de la vida de Pablo se visualiza en el empeño de la Iglesia local por situar la actividad misionera en el umbral mismo de la evangelización. Esta opción pastoral tiene su prioridad como lo desvela el actual Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal para este quinquenio. Es el primer momento de la acción evangelizadora de la Iglesia y se realiza mediante el llamado primer anuncio del Evangelio. Su finalidad es favorecer, mediante el influjo del Espíritu, una adhesión inicial, radical, global a Jesucristo en la Iglesia, una adhesión a Dios en Jesucristo para el servicio del mundo; trata de suscitar la fe, la conversión y la adhesión global al Evangelio del Reino.

-          Es la razón por la que la Comisión Episcopal de Misiones va a poner todos los medios para que la Iglesia en España tenga unas Orientaciones pastorales sobre la naturaleza, destinatarios, metodología y finalidad de la acción misionera de la Iglesia (Acción 3.12), sin sin limitaciones geográficas. El trabajo evangelizador de Pablo ilumina este empeño pastoral y mueve a sus responsables a asumir el compromiso de suscitar en los hombre y mujeres de hoy una conversión inicial que implica: la aceptación de Dios vivo revelado en Jesucristo, la voluntad de seguir a Jesús y el deseo de incorporarse a la comunidad cristiana.

De la experiencia misionera se descubre tres etapas para este proceso misionero:
a) Interés por el Evangelio: Se produce cuando en el corazón del no creyente, del indiferente o del alejado surge un interés por el Evangelio, aunque esta decisión todavía no sea firme. Se inicia en estas personas una primera dirección hacia la fe, fruto de la gracia, que en la Iglesia suele llamarse “atracción a la fe” (RICA, 12), “preparación evangélica” (Eusebio de Cesarea), “búsqueda religiosa” (ChL, 4); 
b) La conversión. Al primer interés por el Evangelio sigue un tiempo de búsqueda que culmina en una opción firme: la adhesión inicial a la fe. Esta actitud de búsqueda, impulsada por el Espíritu Santo y acompañada por el anuncio del kerygma, prepara a la conversión inicial. Los Apóstoles, movidos por el Espíritu Santo, invitaban a todos a cambiar de vida, a convertirse y a recibir el Bautismo;
c) La profesión de fe. La persona inicialmente convertida se adhiere a la fe de la Iglesia y al compromiso de vivir las exigencias de la vida cristiana. Este periodo, llamado precatecumenado, es esencial para la acción evangelizadora de la Iglesia y necesario para el tiempo catecumenal propiamente dicho. Es "un tiempo de búsqueda y de verificación" (cfr. RICA, 6-7) del testimonio y de la palabra de recibida.

-          Conocimiento y discernimiento de los destinatarios: Este primer anuncio del Evangelio va dirigido fundamentalmente a los no cristianos, es decir, a aquellos que nunca han tenido el don de conocer el mensaje revelado. En ellos, como en cualquier ser humano, subyacen “semillas de la Palabra” que son avivadas por el testimonio, la palabra y la acción misionera de la Iglesia. “Al anunciar a Cristo a los no cristianos, el misionero está convencido de que existe ya en las personas y en los pueblos, por la acción del Espíritu, una espera, aunque sea inconsciente, por conocer la verdad sobre Dios, sobre el hombre, sobre el camino que lleva a la liberación del pecado y de la muerte” (RM, 45). La razón fundamental que alienta esta tarea de la Iglesia estriba en que toda persona tiene el derecho a escuchar la Buena Nueva de Dios que se revela y se da en Cristo, para realizar en plenitud la propia vocación.

También son destinatarios de esta acción misionera los que han sido bautizados pero permanecen alejados de la fe y de la vida cristiana. Esta acción misionera “se está volviendo cada vez más necesaria, a causa de las situaciones de descristianización frecuentes en nuestros días, para gran número de personas que recibieron el bautismo, pero viven al margen de toda vida cristiana; para las gentes sencillas que tienen una cierta fe, pero conocen poco los fundamentos de la misma; para los intelectuales que sienten necesidad de conocer a Jesucristo bajo una luz distinta de la enseñanza que recibieron en su infancia y para otros muchos” (EN, 52). Para ello la Comisión Episcopal de Misiones se propone:

                 a. Intensificar el estudio de las necesidades misioneras en los continentes de Asia y de África

                 b.Mantener una relación de acompañamiento y de cooperación con los misioneros y misioneras españoles que están en estos continentes

-          Preparación y formación de los agentes misioneros: Aquellos que han sido llamados, como Pablo y Bernabé, a salir de su tierra para ir a otros lugares, cruzar fronteras, ir a la otra orilla para anunciar el Evangelio. La Comisión Episcopal se propone, entre sus acciones prioritarias, hacer una reflexión teológica sobre la naturaleza de esta vocación y sobre la necesidad de urgir a las Iglesias locales a ser solidarias con las más necesitadas. La escena de Antioquía sigue siendo paradigmática para este propósito: “Mientras estaban celebrando el culto del Señor y ayunando, dijo el Espíritu Santo: «Separadme ya a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los tengo llamados.» Entonces, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los enviaron” (Hch 13, 2-3). No había tiempo para dilatar la respuesta. Así se inició el trabajo evangelizador de Pablo y sus compañeros.

Para ello se trata de desentrañar la dimensión misionera que penetra la condición eclesial de:

a)     Los presbíteros diocesanos que sin desvincularse de su diócesis de origen coopera pone su ministerio al servicio de otra Iglesia más necesitada. Pero no es suficiente con reconocerse llamado, es necesario saber discernir dónde es más necesario y partir con la preparación suficiente para misionar.

b)     Los laicos. Están surgiendo no pocas dificultades para el discernimiento de la vocación misionera en los fieles laicos. Y ciertamente no son las limitaciones provenientes de la falta de garantías sociales y laborales. Son muchas las Asociaciones de laicos misioneros que proliferan por doquier, pero escasas de efectivos para la misión. Más allá de la necesidad de buscar soluciones a estas limitaciones urge –y en ello está trabajando la Comisión episcopal- definir con claridad la identidad laical de quien es llamado y parte para la misión.

c)     Los religiosos y religiosas. A ellos se dirige el papa en el mensaje del DOMUND con estas palabras: “Y vosotros, queridos religiosos y religiosas, que por vocación estáis marcados por una fuerte connotación misionera, llevad el anuncio del Evangelio a todos, especialmente a los lejanos, por medio de un testimonio coherente de Cristo y un radical seguimiento de su Evangelio”.

-          Atender con fidelidad y generosidad los instrumentos de formación misionera. La formación misionera es esencial en cualquiera de los proyectos educativos cristianos, es esencial a la formación integral de los fieles. La acción misionera es una de las tareas o dimensiones del proceso básico de la iniciación a la fe  y a la vida cristiana de los bautizados, que debe estar en la estructura de cualquier programa de iniciación cristiana, y de los que atienden a la formación permanente de los fieles. Así se asegura la posibilidad de que los fieles sean ayudados a alcanzar convicciones firmes para tomar decisiones lúcidas y generosas; se logre en ellos una sintonía y un afecto del corazón que favorezca la implicación personal y la participación activa en la tarea misionera; y el cultivo de una espiritualidad misionera que responda a la propuesta de que “no basta renovar los métodos pastorales, ni organizar y coordinar mejor las fuerzas eclesiales, ni explorar con mayor agudeza los fundamentos bíblicos y teológicos de la fe: es necesario suscitar un nuevo anhelo de santidad entre los misioneros y en toda la comunidad cristiana, particularmente entre aquellos que son los colaboradores más íntimos de los misioneros” (RM 90).

Además de colaborar con los responsables de la formación y educación cristiana de los fieles la Comiisón Episcopal pretende:

                 a. Promover una mayor participación en la Escuela de Formación Misionera y en algunos de sus cursos.

                 b. Difundir la Carpeta para animadores misioneros editada por las Obras Misionales Pontificias.

                 c. Intensificar las Jornadas de reflexión y animación misionera que a lo largo del año se promueven por zonas pastorales de nuestro país.

                 d. Incrementar las “semanas misioneras” que, organizadas por las delegaciones diocesanas de misiones y con la colaboración de los misioneros del SCAM, tratan de ayudar a los fieles a tomar conciencia de su vocación misionera.

-          A pesar de la importancia de lo anteriormente reseñado en la priridad de las urgencias estará la iinstitucionalización del estudio de la Teología de la Misión en los Centros de Formación Teológica para laicos, personas consagradas y aspirantes al sacerdocio.

Refiriéndonos más en concreto a los Seminarios baste recordar lo que aprobó en la Asamblea plenaria de noviembre de 1979: “Que en nuestros Seminarios, tanto en su vertiente académica como pastoral, nuestros seminaristas reciban una formación que fomente en ellos el espíritu misionero y la disponibilidad para dedicar una parte de su vida sacerdotal al trabajo evangelizador en Misiones” (Asamblea Planaria noviembre 1979). En concreto tienes tres aplicaciones:

                 a. Dentro del estudio del plan de salvación es necesario acentuar su sentido unitario y progresivo, su dinamicidad y dimensión universalista, desde la perspectiva escatológica en que se justifica en toda su urgencia el sentido y la especificidad de la misión de la Iglesia al servicio de la humanidad y de su salvación.

                 b. La permanente información de la realidad misionera de la Iglesia transmitida con espíritu de profunda y amorosa comunión eclesial

                 c.  El contacto constante con las Instituciones misioneras de la Iglesia para conocer y amar la tarea complementaria de las Obras Misionales Pontificáis y de la Comisión Episcopal de Misiones.

 

III.         Misionero en la Iglesia al servicio de la humanidad  

 

El primer contacto de Pablo con la persona de Jesús tuvo lugar a través del testimonio de la comunidad cristiana de Jerusalén. Este primer encuentro le transformó inmediatamente en su fiero perseguidor. Lo reconoce él mismo tres veces en diferentes cartas: "He perseguido a la Iglesia de Dios", escribe (1 Co 15, 9; Ga 1, 13; Flp 3, 6), presentando su comportamiento casi como el peor crimen. Sin embargo, este primer contacto no provocó en él la adhesión, sino más bien un rechazo violento. El encuentro con Jesucristo produce en él una adhesión a Cristo y a la Iglesia. Así se comprende por qué la Iglesia estuvo tan presente en el pensamiento, en el corazón y en la actividad de san Pablo.

Su actividad misionera le lleva a fundar literalmente varias iglesias en las en las diversas ciudades a las que llegó como evangelizador. Cuando habla de su "preocupación por todas las Iglesias" (2 Co 11, 28), piensa en las diferentes comunidades cristianas constituidas sucesivamente en Galacia, Jonia, Macedonia y Acaya. En ocasiones muestra verdadero sentimiento de no sólo de paternidad, sino también de maternidad, como cuando se dirige a sus destinatarios llamándolos "hijos míos, por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros" (Ga 4, 19; cf. 1 Co 4, 14-15; 1 Ts 2, 7-8). Estos sentimientos de Pablo desvelan que no sólo existe una pertenencia de la Iglesia a Cristo, sino también una cierta forma de equiparación e identificación de la Iglesia con Cristo mismo. Por tanto, la grandeza y la nobleza de la Iglesia, es decir, de todos los que formamos parte de ella, deriva del hecho de que somos miembros de Cristo, como una extensión de su presencia personal en el mundo. La Iglesia no es una asociación que quiere promover una cierta causa. En ella no se trata de una causa. En ella se trata de la persona de Jesucristo, que también como Resucitado permaneció "carne". Él tiene carne y huesos", lo afirma en Lucas el Resucitado frente a los discípulos que lo habían considerado un fantasma. Èl tiene un cuerpo.

A la luz de esta consideraciones la Comisión Episcopal de Misiones desea promover iniciativas donde la conciencia de pertenencia a la Iglesia esté intrínsecamente vinculada a la pertenencia a Cristo. Ser Iglesia no es un acontecimiento fortuito que ha sucedido en la vida de una persona, sino el medio ordinario para identificarse con el Salvador. Esto pudiera parecer una obviedad, sin embargo tienen una repercusiones extraordinarias para impulsar la acción misionera de la Iglesia y la Comisión Episcopal de Misiones desea priorizar con acciones determinadas. DE ahí que otro de sus principales retos sea: Intensificar el compromiso de las Iglesias locales en la cooperación con otras Iglesias en formación, más allá de las fronteras geográficas

Entre las diversas opciones operativas promovidas por la Comisión Episcopal de Misiones desde la conciencia de eclesialidad y de pertenencia a la Iglesia de Jesucristo caben destacar algunas acciones de índole complementario y en las se seguirá poniendo todo el empeño y coraje para que al final de este trienio se haya implantado cordialmente en el seno de nuestra comunidades cristianas.

-          Promover la intrínseca relación entre el anuncio del Evangelio y el desarrollo y promoción de los pueblos, evitando dicotomías estériles y cooperación económica parciales y localistas.

Desde el amor proclamado por Pablo se llega al reconocimiento del otro y se expresa en comunión en la vida de la Iglesia; este recorrido no es otros que un serir proyecto de solidaridad con toda la humanidad. Este asunto alcanza una prioridad extraordinaria que pone en evidencia a quienes llamándose y reconociéndose Iglesia, no sólo nos se reconocen solidarios con los más necesitados, sino que manifiestan su incomodidadcuando salen a su encuentro. Ahí estálaqueja de los responsables de una comuniadd cristiana ante el anuncio de una colecta para los más necesitados.

Ante esta situación y aprovechando una experiencia como Papa, Benedicto XVI hizo ver en Alemania que no puede haber separación entre el anuncio del Evangelio y la cooperación económica o material en los territorios de misión. “Durante sus visitas ad limina , los obispos, recientemente los de África, me hablan siempre con gratitud de la generosidad de los católicos alemanes y me piden que me haga intérprete de esta gratitud; y es lo que quisiera hacer ahora públicamente... De vez  en cuando, sin embargo, algún obispo africano me decía: "Si presento a Alemania proyectos sociales, encuentro inmediatamente las puertas abiertas. Pero si voy con un proyecto de evangelización, más bien encuentro reservas". Como es obvio, algunos piensan que los proyectos sociales se han de promover con la máxima urgencia, mientras que las cosas que conciernen a Dios, o incluso la fe católica, son más bien particulares y menos prioritarias. Sin embargo, la experiencia de esos obispos es precisamente que la evangelización debe tener la precedencia; que es necesario hacer que se conozca, se ame y se crea en el Dios de Jesucristo; que hay que convertir los corazones, para que exista también progreso en el campo social, para que se inicie la reconciliación, para que se pueda combatir por ejemplo el SIDA afrontando de verdad sus causas profundas y curando a los enfermos con la debida atención y con amor. La cuestión social y el Evangelio son realmente inseparables”. 

Así las cosas la Comisión Episcopal pondrá el máximo empeño en promover:

a)     Secundar y favorecer las oportunidades que brinda el Calendario litúrgico para promover la solidaridad con los más pobres

b)     Respaldar a la Instituciones eclesiales que tiene el encargo de canalizar estas ayudas para los proyectos sociales y pastorales.

-           Estudiar, valorar y ejecutar proyectos de acción misionera en los nuevos ámbitos culturales y sociales de la misión ad gentes, con la colaboración de otras iniciativas eclesiales, sociales o de relevancia misionera.

La misión ad gentes también es necesaria en los ámbitos culturales que no se circunscriben a unas fronteras geográficas. Son las nuevas realidades de la civilización actual, que el Papa denomina “nuevos areópagos culturales” y “fronteras de la historia”. Nos referimos a los grandes ámbitos donde se trabaja por ofrecer una nueva configuración al mundo del futuro, y que en su mayoría están carentes de la semilla del Evangelio. Asimismo se han de atender, desde el compromiso misionero del primer anuncio, los sectores de la humanidad que se encuentran al margen del Evangelio porque se han educado al margen de la tradición cristiana o porque han respirado desde su infancia valores y actitudes paganas o neopaganas.

El documento de la Comisión Episcopal de Misiones La misión ad gentes y la Iglesia en España abre horizontes en este quehacer misionero a la luz de cuanto se anuncia en Redemptoris missio. Ahora sólo nos referimos a tres compromisos que sin duda son de suma urgencia e importancia:

a)     La inmigración. Respecto a ellos hay que adoptar desde ahora nuevas actitudes pastorales fundamentalmente de carácter misionero. “En los países de antigua cristiandad, con frecuencia se forman grupos de no cristianos, que no es fácil individuar y numerar, para los que se requiere, además de una obra de acogida y promoción humana, una primera evangelización. La responsabilidad misionera que de esto se deriva es propia, en modo diferenciado, de los Obispos, de los párrocos, junto con sus colaboradores y la comunidad cristiana” (CM 19).

b)     Los grupos juveniles, con sus potencialidades y situaciones diversas, demandan de la Iglesia una atención especial tanto en los medios ordinarios de la pastoral como en la búsqueda de nuevas propuestas que ayuden a los creyentes a asumir su responsabilidad apostólica, y a los no creyentes a encontrarse con Dios. En la atención pastoral con jóvenes conviene significar las experiencias de grupos juveniles en actividades culturales o de trabajo en países donde no ha sido aún anunciado el Evangelio.

c)     El diálogo interreligioso. El pluralismo cultural y religioso, que comienza a hacerse presente en nuestro país, reclama la capacitación de los cristianos para un diálogo fructífero. “Pero el diálogo no puede basarse en la indiferencia religiosa, y nosotros como cristianos tenemos el deber de desarrollarlo ofreciendo el pleno testimonio de la esperanza que está en nosotros” (NMI, 55). Por eso todo diálogo, que en sí mismo ya es anuncio, está orientado al anuncio misionero porque se fundamenta en la esperanza y en la caridad. Este estilo dialogal con el que vive otra experiencia religiosa es una camino de búsqueda profundamente misionero. 

-          Eclesialidad y universalidad de la cooperación

La cooperación no es un simple acto de donación, sino la respuesta al reconocimiento de la corresponsabilidad entre las otras Iglesias y comunidades. Es estar disponible para compartir lo que se tiene en un fraterno proceso de entrega y aceptación. Es ciertamente cooperación, pero también es intercambio de dones y experiencias. Es en definitiva, vida comunitaria y eclesial que tiene su origen en la renovación y conversación personal y comunitaria. “No se puede olvidar que cualquier servicio de animación y cooperación misionera requiere una actitud de renovación personal y comunitaria. Animación significa capacitar a la comunidad para realizar los servicios de cooperación misionera. Tal cooperación se fundamenta y se vive, ante todo, mediante la unión personal con Cristo; sólo si se está unido a él, como el sarmiento a la vid (cfr. Jn 15, 5), se pueden producir buenos frutos. La santidad de vida permite a cada cristiano ser fecundo en la misión de la Iglesia’ (RM n. 77).

La Comisión Episcopal de Misiones se propone secundar cualquier iniciativa de cooperación económica con otra Iglesia más necesitadas, pero advierte  la necesidad de clarificar la identidad  de cualquier iniciativa de cooperación sobre todo si es de inspiración cristiana y la necesaria compatibilidad con la cooperación con proyectos pastorales. Aplaude y secunda la diversidad de fórmulas que susciten la cooperación entre los fieles siempre y cuando no sean empañen la identidad eclesial y la universalidad de la caridad. Prueba de de este empeño por promover la cooperación con el desarrollo integral de las personas y de los pueblos están estas acciones a las que este trienio se quiere seguir dando prioridad:

a)     Ha querido que Caritas, manos Unidas, el Fondo Nueva Evangelización y Ayuda a la Iglesia necesitada estén integrados en el Consejo Nacional de Misiones. Su presencia en este organismo pudiera parecer convencional, pero obedece a la opción de la Comisión episcopal por conocer e informar a quines el servicio de la caridad sobre la realidad de las Iglesia más necesitadas.

b)     Uno de los obispos de la Comisión Episcopal de Misiones forma parte de la Comisión Asesora del Fondo Nueva Evangelización, servicio de la Conferencia episcopal para atender proyectos pastorales que en su mayor parte son solicitados por los misioneros. Más aún actualmente el director del Secretariado de la Comisión Episcopal lo es al mismo tiempo del Fondo Nueva Evangelización, aun cuando dependa de la Secretaría General.

c)     Desde hace años la Comisión Episcopal creó ONG “Misión América” que si bien era para canalizar la solicitud de ayuda de los misioneros de la OCSHA para proyectos sociales, el tiempo ha ido abriendo sus puertas a cualquier otra necesidad.

Todo ello viene a confirmar la actualidad del espíritu de Pablo que fomentó el intercambio de bienes en favor de los fieles de Jerusalén: Mas, por ahora, voy a Jerusalén para el servicio de los santos, pues Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una colecta en favor de los pobres de entre los santos de Jerusalén. Les pareció bien, porque era su obligación; pues si los gentiles han compartido sus bienes espirituales, ellos a su vez deben servirles con sus bienes temporales. Así que, una vez terminado este asunto, y entregado oficialmente el fruto de la colecta, partiré para España, pasando por vosotros. Y bien sé que, al ir a vosotros, lo haré con la plenitud de las bendiciones de Cristo. (Rom 15, 26-29).

 

Conclusión

 

Estudiar la posibilidad de que la Comisión Episcopal de Misiones constituya un Centro Nacional de Misiones que coordine la información, formación y cooperación misionera de la Iglesia en España.

a)       Coordinar las actividades misioneras de la CEM y de las instituciones eclesiales que atienden la cooperación misionera con otras Iglesias y pueblos como es OMP, CONFER, CALM, SCAM, IEME, OCSHA.

b)       Promover y apoyar acciones de cooperación con otras Iglesias y culturas con espíritu de fraternidad y solidaridad entre los pueblos.

c)       Apoyar a las entidades y actividades de investigación, estudio, difusión de los conocimientos para la revitalización de la conciencia misionera y de cooperación eclesial.

d)       Realizar actividades de formación e intercambio de personas en orden a la consecución de los fines del Centro Nacional de Misiones.

e)       Promover la acogida de las personas procedentes de otros pueblos y culturas en orden a un mayor intercambio cultural entre los pueblos que favorezca la inculturación del Evangelio.

 

 

61ª Semana de Misionología, Burgos, julio 2008