Dimensión Misionera en la iniciación cristiana de los niños


 

Anastasio Gil García
Subdirector Nacional de OMP - España

 

 

Los niños de Infancia Misionera son ordinariamente los bautizados a quienes la Iglesia trata de iniciarles a la fe y a la vida cristiana. El período de este proceso iniciático, que comienza con el Bautismo, culmina con su adhesión a Jesucristo en la Iglesia al servicio del mundo. En su largo recorrido se han de desarrollar las cuatro dimensiones o tareas de la iniciación cristiana: el conocimiento del misterio revelado en Jesús, su incorporación a la oración de la Iglesia y su participación en la celebración de la fe, el entrenamiento a una vida conforme el modelo de Jesucristo y su compromiso en la tarea evangelizadora y misionera de la Iglesia como testigo de la fe.

La vinculación a Jesucristo acontece en el interior de los iniciados, por obra del Espíritu Santo, a medida que la Palabra de Dios, Evangelio vivo, es conocida, contemplada, vivida y anunciada y por la participación en la celebración de los sacramentos de la iniciación cristiana que expresan, sellan y consuman esta acción del Espíritu. La nueva vida cristiana, que se hace realidad en la persona del iniciado, es la misma vida humana transformada por el Evangelio. No es algo sobreañadido a la vida humana. “La vida nueva  no es más que la vida en el mundo, pero una vida según las bienaventuranzas y destinada a prolongarse y transformarse en el más allá” (CT, 29). 

 

1. Iniciación cristiana de los niños

La Iglesia, como Madre y Maestra, acompaña al iniciado con acciones que ha aprendido de las enseñanzas del Evangelio. En el modo de actuar del Señor ha descubierto que se puede llegar a la identidad cristiana si se integran en una misma acción educativa las cuatro dimensiones que Jesús vivió y enseñó a vivir a sus discípulos: Les explicaba los misterios del Reino; les enseñaba a orar; les interpelaba para que aprendiera de El unas actitudes morales; y les fue preparando para que asumieran, tras su muerte, la gran tarea misionera de la Iglesia: “Id y anunciad el Evangelio a toda criatura”.

a. Conocimiento del misterio revelado en Cristo. Jesús explica a sus discípulos los misterios del Reino. Les dedica “a solas” (Mc 4,10) una enseñanza especial. “A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de los cielos” (Mt 13,11). La formación cristiana de los niños se realiza en el seno de la Iglesia a través de la palabra y el testimonio de quienes han tenido la oportunidad de conocer los misterios del Reino.

b. Participación en la oración de la Iglesia y en la celebración litúrgica de la fe. Jesús enseña a sus discípulos a orar como respuesta a la súplica de sus amigos: “Maestro, enséñanos a orar” (Lc 11,1). Les hace partícipes de su propia manera de dirigirse al Padre y les encomienda ser partícipes de su acción salvadora y redentora. El recorrido de la iniciación cristiana en la Iglesia es un camino sacramental y oracional, una senda donde se vive la relación y el encuentro personal y eclesial con Dios.

c. Aprendizaje del estilo de vida según el Evangelio. Jesús desea que sus discípulos le imiten en sus actitudes morales. “Aprended de mi que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11,29) y les marca el modo: “Amaos...” El camino del iniciado es como un noviciado donde se va aprendiendo el estilo y el modo de ser u obrar del seguidor de Jesús (Cfr. AG 14).

d. Compromiso en la tarea evangelizadora y misionera de la Iglesia. Jesús finalmente enseña a sus discípulos a evangelizar. “Les envió de dos en dos” (Lc 10,1), y les fue preparando para que asumieran, tras su muerte, la gran tarea misionera de la Iglesia: “Id y anunciad el Evangelio a toda criatura” (Mc 16,16). Desgraciadamente a veces esta dimensión queda relegada a una aplicación práctica con una fuerte carga moralizante y de compromiso humano, sin que brote de la misma experiencia de fe.

En el contexto en que nos encontramos se hace necesario constatar que lamentablemente la dimensión referida al compromiso evangelizado y misionero de la Iglesia es la menos desarrollada o peor atendida. En ocasiones suele recibir un tratamiento coyuntural, quedando reducida a una puntual participación en alguna de las Jornadas misionera y poco más. Así lo corrobora con claridad el Directorio General para la Catequesis promulgado por la Congregación de la Educación católica: “Pues mientras crece en la actividad catequética una sensibilidad para formar a los fieles para el testimonio cristiano, el diálogo interreligioso y el compromiso cristiano, la educación en el sentido de la misión ad gentes, es aún débil e inadecuada. A menudo, concluye el documento pontificio, la catequesis ordinaria concede a las misiones una atención marginal y de carácter ocasional”(n. 30).

 

2.     Infancia Misionera en la iniciación cristiana

Infancia Misionera en su labor formativa de niños y adolescentes ha contribuido decididamente no sólo a que la dimensión evangelizadora esté presente en la iniciación cristiana de los niños, sino también ha colaborado al desarrollo del resto de las otras tareas o dimensiones. Por el contrario en aquellos lugares donde los agentes de pastoral de la Iglesia la han reducido a una simple actividad favorecedora de la solidaridad evangelizadora de la Iglesia, Infancia Misionera ha perdido su gran contribución a la tarea educativa de niños y adolescentes y ha ido languideciendo en su presencia dentro de la pastoral ordinaria.  Este reducionismo del carisma de Infancia Misionera puede contribuir a erradicar de la identidad cristiana la conciencia de saberse miembros de la gran familia de los hijos de Dios.

Infancia Misionera, por su carisma fundacional, contribuye decididamente al desarrollo de la identidad cristiana y está llamada a insertarse en el proceso de iniciación de niños y adolescentes. Desde su singularidad favorece el proceso iniciatorio de los niños insertando en trabajo educativo y pastoral todos sus elementos esenciales:

a. Infancia Misionera ayuda a los niños a descubrir el rostro amoroso de Dios y les transmite la revelación del misterio revelado en Cristo Jesús. Los grupos de Infancia Misionera no son grupos segregados del conjunto de niños que integran una comunidad cristiana. La formación específica de Infancia Misionera se apoya en la transmisión del misterio revelado, que es la base fundamental para incentivar en los niños su implicación en la actividad misionera de la Iglesia.

b. Infancia Misionera hace suya la dimensión orante y celebrativa de la Iglesia. En la vida de esta Obra Pontificia se acompaña y se enseña a los niños a participar en la oración de la Iglesia y en la celebración de la fe. Los niños de Infancia Misionera están llamados a ser la Iglesia orante y celebrativa que hace presente el amor misericordioso divino.

c. Infancia Misionera es una auténtica escuela de formación donde el clima y ambiente favorecen la consecución de un nuevo estilo de vida conforme las enseñanzas evangélicas, donde las Bienaventuranzas colorean el modo de ser y de pensar de los niños que desean vivir como Jesús nos enseña. Trata de inculcar en los niños el modo de ser y vivir de quienes se reconocen discípulos de Jesús

d. Infancia Misionera atiende preferentemente la dimensión evangelizadora y misionera ya que está en la entraña misma de su carisma. Pero esta tarea quedaría sin fundamento si careciera del desarrollo armónico del resto de las dimensiones que integran el proceso orgánico de la iniciación cristiana. Desde el conocimiento de Jesús, el encuentro con Él en la oración y los sacramentos y el compromiso de asumir una actitudes morales, el compromiso misionero deja de ser ocasional o fruto de los sentimientos.

 

3.     La dimensión misionera en la iniciación cristiana

El compromiso misionero que asume el iniciado en la fe puede secuenciarse en tres momentos: nace de la vivencia experiencial de la fe, crece como una necesidad y se manifiesta en actitudes misioneras.

La experiencia de fe que siente y vive el creyente le impulsa a compartirla y a comunicarla con gozo y esperanza: “Ay de mí si no evangelizare” (1 Cor 6,19). Es impensable que una persona que haya acogido la Palabra no se convierta en alguien que, a su vez, da testimonio y anuncie lo que vive como cristiano. El creyente al experimentar la alegría de haberse encontrado con el Resucitado corre a decírselo a quien aún no posee esta dicha. Se transforma en misionero.

Esta es una de las principales finalidades de la iniciación cristiana: iniciar a la vida evangélica. No es un simple entrenamiento o una capacitación para realizar un encargo. Es formar al cristiano de tal manera que sea realmente creyente, y por lo mismo misionero. De lo contrario se corre el riesgo de embarcar a los niños en actividades que se agotan en sí mismas y frustran compromisos posteriores; o de justificar la acción evangelizadora y misionera por el atractivo de participar en algo nuevo, altruista y fuera de lo ordinario; o de lanzarles a una frenética actividad recaudatoria motivada por el afán competitivo de recabar mayores cantidades durante las campañas; o suscitar el afán misionero por el camino de la conmiseración con los “pobres” que no están bautizados o padecen cualquier tipo de necesidad material.

La verdadera motivación de la acción apostólica y misionera arranca de la f porque toda persona tiene necesidad de expresar sus vivencias y experiencias más hondas. La luz transformadora de la Palabra de Dios promueve la experiencia del encuentro con Cristo que lleva a anunciar lo que se ha visto y oído. Es saberse enviado por Dios y acompañado por la fuerza del Espíritu: “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los extremos de la tierra”(Hch 1,8).

De la experiencia gozosa de la fe y del compromiso irrenunciable para anunciar el Evangelio se desprende la necesidad de que los niños, “pequeños misioneros”, asuman e interioricen unas actitudes misioneras propias de quien se reconoce discípulos del Maestro:

a. Estar dispuestos a salir de sí mismos para ir en busca del otro. Quien ha encontrado a Jesús siente la necesidad de pasar a la otra orilla para hacer partícipes a los demás de lo que se ha vivido, del tesoro que ha encontrado. Salir de sí mismo es descubrir que existe otra persona con la que yo puedo y debo relacionarme. Los niños necesitan ser iniciados en este ejercicio de descubrir al otro con el que se puede compartir la vida. Pasar del “yo ayudo” al “yo comparto”: doy lo que soy y tengo, y recibo lo que es y tiene el otro.

b. Ayudar al niño a caer en la cuenta de que todo lo que tiene le ha sido entregado de modo gratuito y es deudor con quien ha tenido predilección con él. Es el paso de la conciencia de propietario a la convicción de quien se reconoce en deuda con los demás. Desde esta perspectiva la iniciación cristiana trata de ayudar a los niños en el ejercicio de entregar la vida, los bienes, la cultura y la fe con los otros. 

c. El catequista o el educador  no es alguien que viene a enseñar, sino quien testimonia lo que ha visto y oído. Así Infancia Misionera, a través de los misioneros, trata de comentar con los niños lo que están “viviendo”. No son simple escenas seductoras, sino el testimonio para que descubran “otro” mundo tan real como el suyo. Por eso el estilo educativo de Infancia Misionera es propositivo y afirmativo.  Es la nueva apologética: la que propone con verdad; no la que impone y vence, sino la que propone yu convence. 

d. Suscitar en el niño la necesidad de la confianza en Dios Padre que cuida de nosotros y nos ama. Infancia Misionera tiene muy en cuenta la fragilidad de los niños; su vulnerabilidad. La fuerza les viene del otro. La fidelidad del cristiano, del misionero, tiene su origen en el reconocimiento de su debilidad y de la paternidad de Dios que le cuida, protege y acompaña .

e. Vivir la experiencia de la pobreza evangélica, desde la relatividad de los bienes materiales. La vida del misionero es el ejemplo más paradigmático de esta actitud de pobreza. Una de las grandes aportaciones de Infancia Misionera a la educación integral de los niños es la experiencia gratificante de la pobreza. Los niños de Infancia Misionera están llamados a ser, son, felices sin medios económicos, sin bienes materiales.

f. Iniciarles en la certeza de que Infancia Misionera está colaborando en la construcción del Reino, a pesar de las dificultades y los rechazos. El niño misionero debe ser capacitado para vivir la experiencia de fe en ambientes no fáciles y cómodos: “Os envío como ovejas entre lobos… os entregarán a los tribunales” (Mt 10,16-17). Tal vez una de las actitudes morales necesarias para la configuración de la identidad cristiana en los niños es descubrir que creer y vivir la fe genera esfuerzo y tenacidad. La vida misionera no es amiga del “me apetece...”, “me interesa...”, “se lleva...”, la vida misionera gravita sobre todo en el deseo de querer cumplir la voluntad de Dios, a pesar de las dificultades.

 

4.     Etapas de la iniciación misionera de los niños

Con el fin de orientar el trabajo formativo que puede hacerse desde Infancia Misionera se proponen algunos indicadores para la programación de actividades y elaboración de materiales, según la edad de los destinatarios 

 

4.1. Niños del despertar religioso (... hasta los 8 años) 

La iniciación cristiana inicia su singladura con los más pequeños, con los bautizados en la fe de los padres y de la Iglesia. Esta primera etapa tiene como objetivo fundamental despertar en ellos el interés por lo religioso. Suscitar esta primera predisposición favorable hacia lo religioso es requisito necesario para que puedan ser admitidos al proceso catequético o catecumenal que ofrece la Iglesia. 

a. Objetivos de esta etapa:

El carisma y el espíritu fundacional de Infancia Misionera es un recurso valiosísimo para que las comunidades cristianas inicien a los neófitos en esta tarea. Las comunidades cristianas ganarían mucho si en su seno se implantara Infancia Misionera porque trata de:

- Ayudar a los niños a descubrir los elementos religiosos presentes en el mundo que le rodea y en los ámbitos de la misión

- Iniciarles en el encuentro con Dios, suscitando en ellos la primera experiencia religiosa a través de la religiosidad de otros niños

- Descubrirles la vida de la familia de Dios que es la Iglesia e insertarles en una saludable corriente de solidaridad espiritual y material 

- Suscitar en ellos actitudes cristiana básicas: el amor, el servicio, la generosidad, la veracidad, etc. 

b. Propuestas de trabajo formativo en IM:

El trabajo pastoral con estas edades depende en gran medida de la colaboración de la familia. Es en el seno de la vida familiar donde se pueden vivir estas experiencias de fe. De ahí que Infancia Misionera necesariamente deba contar y apoyarse en las familias. En el mejor de los casos se procura suscitar la complicidad de la familia en este proceso iniciatorio del despertar religioso, pero al menos se considera imprescindible que la familia no se oponga o no destruya cuanto se es está iniciando en el seno de la comunidad cristiana.

Infancia Misionera está llamada a cooperar en este trabajo evangelizador desde el seno de la familia misionera. Y lo hará eficazmente si sabe renunciar con nobleza a proyectos parciales y sesgados en beneficio de un trabajo conjunto a nivel parroquial o diocesano. Es el momento en que la aportación pastoral de Infancia Misionera se enorgullece de colaborar, sin caer en el error de actuar de modo independiente, con el grupo de niños que han conectado con lo “misionero”.

Más aún, desde su responsabilidad misionera en el seno de la comunidad cristiana Infancia Misionera se hace presente con sus aportaciones al plan conjunto y articulado diocesano en favor de la pastoral familiar, aportando aquello que es más propio y cercano: la dimensión evangelizadora de la familia. La familia está llamada no sólo a ser evangelizada, sino a ser evangelizadora.

En esta tarea misionera sobresalen las familias que han experimentado en su seno el descubrimiento de nuevas vocaciones misioneras. Hogares que viven la riqueza de saber que alguno de sus miembros ha salido de su tierra para marchar en busca del hermano alejado o desconocido. 

 

4.2. Niños que se inician en la vida sacramental (8 – 10 años)

Son los niños que en un momento determinado han manifestado de formas bien diferentes su interés por conocer y vivir como cristianos. Ordinariamente son los niños que la Iglesia prepara y admite a la vida sacramental, especialmente de la Eucaristía y que dan garantías de tener una capacidad suficiente como para incorporar a su vida lo más fundamental de la vida y de la fe cristiana. 

a. Objetivos de esta etapa:

Infancia Misionera puede colaborar con la pastoral de la iniciación al insertar en sus actividades la propuesta de objetivos que como lucernarios iluminan y orientan el recorrido de la fe en estas edades. De hecho en cualquier grupo de Infancia Misionera se intenta:

- Presentar el ejemplo vivo de Jesucristo y de los primeros discípulos, y con ellos de los misioneros, que comunican a los demás lo que han visto y oído, desde la experiencia de la fe.

- Iniciar a los niños de esta edad en la experiencia del compartir con los otros lo que se es y se tiene, no sólo los bienes materiales, sino el gozo de sabernos amigos de Jesús.

- Despertar en ellos una gran confianza en Dios que como buen Padre cuida de todos, a pesar del sufrimiento y de la injusticia.

- Desvelarles la necesidad de la pobreza y del desprendimiento para seguir al Maestro y compartir con los otros los propios bienes, como lo hicieron los primeros cristianos.

- Iniciarles en una sensibilidad social para que vean que la implantación de la justicia social es exigencia de la caridad y la convivencia fraterna.

- Desarrollar en ellos la dimensión asociativa al descubrir cómo la vida sólo puede realizarse en fraternidad con los otros.  

b. Propuestas de trabajo formativo en IM: 

Es fundamental iniciar esta etapa iniciatoria desde la experiencia bautismal. La reflexión y la valoración del don bautismal es el pórtico de entrada para descubrir que están llamados a ser misioneros. El Bautismo les ha hecho hijos de Dios, miembros de la Iglesia y hermanos de todos los hombres. Los bautizados pueden llamar a Dios, Padre. Infancia Misionera es el “habitat” donde viven la experiencia de encontrarse con otros bautizados. 

El descubrimiento de otras comunidades cristianas les ayuda a ver a la Iglesia como la familia de los hijos de Dios. Infancia Misionera derriba toda clase de fronteras y abre ventanas a la universalidad.  Los iniciados de esta etapa no pueden ser privados de la belleza de la universalidad eclesial. Y en la Iglesia el Espíritu suscitó Infancia Misionera para hacer esta contribución a la formación integral de los niños. La experiencia de Pentecostés es uno de los momentos más lúcidos y misioneros para Infancia Misionera, desde donde los niños descubren la universalidad de la Iglesia.

Esta etapa es un momento singular para definir la identidad del discípulo. Los niños de esta edad tienen una especial inclinación a diferenciar los rasgos específicos del grupo o de la Asociación a la que se incorporan. Quienes se están iniciando en la vida cristiana necesitan descubrir con claridad los rasgos diferenciadores, sin confundirlos con los accidentales. Infancia Misionera contribuye –y de qué manera!-  a dibujar en horizonte aquello que distingue al cristiano de ayer, de hoy y de mañana; al cristiano de aquí y al de allá, independientemente del color de su piel, de la singularidad de raza o de la posesión o carencia de bienes materiales. Los cristianos se identifican porque : 

  • Confiesan la misma fe recibida de los apóstoles, el mismo Credo;

  • Rezan la oración que Jesús les enseñó, el Padrenuestro;

  • Celebran la misma Eucaristía;

  • Intentan amarse y vivir unidos como el Señor los mandó;

  • Y son enviados al mundo como testigos de Jesús.

 Los cristianos de todos los tiempos, para seguir a Jesús, miran a María, Madre de todos. Por eso acuden a Ella para caminar con Jesús, con el Resucitado, e ir al encuentro de los otros, también hermanos, sobre todo los más pobres.

 

4.3. Niños ante la primera síntesis de la fe (11-14 años)

Es la etapa puente entre la infancia y la adolescencia, conocida por como infancia adulta y preadolescencia. La diversidad, por la edad, el sexo, la cultura, la raza, de estas edades hace difícil apostar por una orientaciones concretas. No obstante, Infancia Misionera no debe renunciar a su aportación singular para que la dimensión misionera impregne este período fundamental de los bautizados.

a. Objetivos de esta etapa:

Los educadores y catequistas de estas edades deben reconocer que en el espíritu de Infancia Misionera se pueden encontrar argumentos suficientes para enriquecer este tramo de la iniciación cristiana en la infancia. Desde la perspectiva de la misión se proponen en Infancia Misionera estos objetivos:

- Descubrir a los niños la belleza de la Historia de la Salvación  y de la llegada del Reino de Dios no sólo desde las referencias bíblico-teológicas, sino también desde la fuente testimonial de la misión.

- Sorprenderles con la gratuidad de la salvación de Dios y la necesaria cooperación del hombre para la recta realización del plan divino.

- Experimentar con ellos el gozo de encontrarse con Jesucristo, Hijo de Dios,  que se hace presente y operante en cada persona y en la implantación del Reino de Dios

- Mostrarles la universalidad de la fe, donde el significado del Bautismo no es excluyente sino donación universal para que todos puedan descubrir el rostro amoroso de Dios.

- Hacerles ver el sentido esperanzador del más allá, donde la vida no termina sino que es la plenitud y el amor sin ocaso.

- Presentarles la urgencia de anunciar el Evangelio a todos los hombres y de colaborar con todos los hombres de buena voluntad en la construcción de un mundo justo y libre. 

b. Propuestas de trabajo formativo en IM:

Para lograr una implicación de estas edades en los compromisos de la fe proponemos algunas sugerencias que Infancia Misionera tiene muy bien experimentadas por su carisma específico. No sería justo secuestrar la singularidad de esta Obra Pontificia, reduciéndola a una simple colaboración con otras realidades diversas y distantes. Infancia Misionera coopera en la pastoral ordinaria de las comunidades cristianas al implicar a niños y preadolescentes en los retos específicos de esta Obra misionera. 

El misionero es un experto en el arte de anunciar la fe con un estilo propositivo. Esta es la nueva pedagogía de la transmisión de la fe. No argumenta para convencer, simplemente propone a quien quiera escuchar o haya dado muestras de interés por el Evangelio. Por eso Juan Pablo II recordó en el primer Mensaje para la Jornada Mundial de Propagación de la Fe que la fe no se impone, sino que se propone.

Infancia Misionera se alimenta de las principales cuestiones misioneras del mensaje cristiano como son: el encuentro de Dios con el hombre, la presencia del Reino de Dios, la dimensión misionera de la Iglesia, el testimonio de los cristianos por el hecho de su Bautismo y Confirmación, el seguimiento de Jesucristo, el compromiso cristiano ante los bienes de la naturaleza, económicos, del trabajo y de la educación y la cultura. Y estos son los grandes argumentos para la iniciación cristiana de esta etapa. Enraizar en el interior del bautizado estas grandes convicciones es asegurar la fidelidad del creyente.

La historia de la misión evangelizadora de la Iglesia es la historia de cada misionero y de cada comunidad cristiana que nace y se desarrolla en donde la semilla del Evangelio ha prendido en el corazón de las personas. Es la historia testificada por Infancia Misionera. Esta memoria histórica es el reflejo de la Historia de la Salvación obrada por Dios en favor de los hombres.

 

Conclusión 

Estamos en un momento singular de la vida de la Iglesia. El coraje inicial de Infancia Misionera, la expansión tan sorprendente de esta Obra Pontificia al implantarse en tantos países y la labor de solidaridad y fraternidad de tantos catequistas y educadores son garantía de que Infancia Misionera tiene mucho de decir y hacer en el empeño irrenunciable de la Iglesia de formar cristianos desde la infancia. Sería un error por su parte reducir la labor específica de esta Obra Pontificia a promover únicamente una corriente de solidaridad con los otros niños. Eso está bien si es fruto de la conversión y de la convicción.

Infancia Misionera ha de hacerse presente en los grandes ámbitos de la iniciación cristiana, aportando lo específico que ha recibido del Espíritu: la necesaria formación universal y evangelizadora de la fe cristiana que se enraíza en la conciencia católica del bautizado.

 

VI Encuentro de Infancia Misionera de los Países del Este y del Mediterráneo,
Croacia, noviembre 2007