Génesis y contexto del Decreto ad Gentes


Eloy Bueno
Facultad de Teología de Burgos

 

 

J. Grootaers, valorando el proceso de redacción de AG dentro de la hermenéutica global del proyecto historiográfico en el que se inserta, lo presenta como paradigma de la evolución acontecida en el seno del evento conciliar: en sus inicios nada había más conservador que el esquema De missionibus, y nada más penoso que el clima de desconfianza y embarazo que dominaba en la citada comisión en el período de transición entre finales de 1962 y la reapertura del Concilio en septiembre de 1963; el camino que va del esquema inicial (sometido, como veremos, a fuerte crítica) al decreto reelaborado al final del Concilio, es un recorrido lleno de insidias, pero fue igualmente una posibilidad para irse abriendo al mundo y enriquecer su contenido doctrinal. Esta aventura constituye uno de los aspectos positivos del Vaticano II . Aunque resulta exagerada su valoración de los momentos iniciales, recoge un dato compartido por autores –e incluso protagonistas- que adoptan otro punto de vista hermenéutico. Mons. Paventi reconoce que se trató de un “iter fatigoso” , el mismo cardenal Confalonieri considera al documento “il più tormentoso” porque había sido presentado ya por cuarta vez a la Comisión Coordinadora . Sus redactores reconocen que se ha tratado de una tarea ardua, dificultada por razones diversas: apenas había problema o cuestión que no pudiera ser tratada bajo el aspecto misionero, las condiciones de las misiones son enormemente variadas, la diversidad de estructuras culturales y sicológicas no facilitaba un tratamiento unitario de los temas, había que evitar cuestiones en las que los especialistas no lograran el consenso para no forzar a la asamblea conciliar a pronunciarse acerca de temas no necesarios . Ante tan esforzado recorrido el P. López Gay considera que tal vez fue el documento que más sufrió en el sucederse de redacciones, si bien logró que en la última votación alcanzara el mayor número de votos favorables .

Estas valoraciones deben eludir juicios absolutos o unilaterales. El dinamismo conciliar provocó no sólo la reformulación o reelaboración de numerosos textos, sino que incluso hizo tomar conciencia de la necesidad de redactar documentos no previstos y de gran novedad (basta pensar en GS y NAe). El destino del texto sobre las misiones participó por tanto de las incertidumbres y de los enriquecimientos del debate y de la reflexión conciliar. Resulta excesivo, e incluso injusto, atribuirle posicionamientos excesivamente conservadores. No se puede negar, como iremos viendo, la estrechez de sus presupuestos doctrinales. Pero en numerosos de los puntos que hacen su aparición desde un principio se introducen sugerencias o solicitudes que encierran un claro carácter de novedad. Basta recordar por ejemplo que desde un principio la Comisión mixta de liturgia y de misiones reclamó una “forma más funcional” en la utilización del latín en la liturgia de países de misión (esta idea difícilmente hubiera iniciado su recorrido solamente por la vía de la comisión de liturgia). No se puede dejar de reconocer sin embargo que el texto que nos ocupa debió experimentar las mismas tensiones y perplejidades que otros documentos de no menor importancia, y hasta las urgencias provocadas por el inesperado alargamiento del decurso conciliar. Las grandes discusiones que afectaron a nuestro decreto durante los años 1962-1963 no eran más que un reflejo de los debates suscitados en torno a la función episcopal y al estatuto de las iglesias locales (la perspectiva abierta a estos temas en otros documentos no podía dejar de condicionar o determinar lo que se dijera en AG) y de modo más general eran manifestación de la profunda transformación que se estaba produciendo en la autoconciencia eclesial.

La evolución de lo que acabaría siendo AG en conjunto es muy notable. Por ello vamos a seguir el proceso desde el momento antepreparatorio para ir comprendiendo el transfondo, el sentido y la articulación de cada uno de los textos o redacciones. Podremos discernir de este modo los problemas específicamente misioneros y su conexión con el resto de los temas del Vaticano II y con los avatares del decurso conciliar. Previamente, como marco y como pórtico, dibujaremos a modo de esbozo el transfondo de la problemática que heredaba el Vaticano II en el campo de la acción misionera de la Iglesia. Este transfondo incluye a la vez grandes cuestiones teológicas y agudos problemas prácticos. No siempre iran a la par los dos niveles o dimensiones. El logro principal de la tarea conciliar, a nuestro juicio, consistió en integrar y armonizar la doble perspectiva en el marco global del Vaticano II.  

 

1.- El transfondo de la problemática misionera y misionológica

El contexto en el que va irse gestando AG puede ser definido como el de cambio de paradigma en la comprensión de la misión. A lo largo del siglo XX habían venido emergiendo nuevas perspectivas especialmente en el ámbito protestante, que paulatinamente irán haciéndose presentes también en el mundo católico. La relación de las misiones con la misión única de la Iglesia, la afirmación de las iglesias jóvenes, la ampliación en la idea de salvación, la situación salvífica de los miembros de otras religiones, la relevaciia de las cuestiones sociales y políticas, la corresponsabilidad en el ejercicio de la actividad misionera... se van planteando como focos diversos de evolución que van marcando una recomprensión de las categorías utilizadas en la reflexión misionológica y en la praxis misionera. Las encíclicas papales del siglo XX dedicadas al tema misionero van incorporando nuevos matices y acentos que obligan a ver la realidad de otro modo. El glorioso período comprendido bajo la designación “misiones extranjeras” va dejando paso a una concepción más amplia y enriquecida de la misión y de la actividad misionera .

Desde un punto de vista más concreto y directo enumeraremos las cuestiones precisas que encontraban los obispos al comenzar el Vaticano II, pues van a dominar el debate o se van a imponer como sustrato de las opciones que irán siendo adoptadas:

1.- El significado exacto de “misiones” y su articulación con la misión única y global de la Iglesia; se requiere una precisión conceptual que lleva consigo un reajuste en las relaciones entre el criterio teológico y el organizativo-jurídico.

2.- La finalidad de la actividad misionera, que venía siendo entendida en una doble perspectiva: a) la “escuela de Münster” acentúa el anuncio del evangelio, la conversión personal, la salvación de las almas, dentro de un planteamiento marcadamente cristológico y personal; b) la “escuela de Lovaina” (considerada curial y canónica), que pone en el centro la idea de plantación de la Iglesia, la instauración de la jerarquía, la fundación de iglesias nativas, dentro de una impostación eclesiocéntrica y territorial. Una y otra, aún en sus diferencias, veían a la Iglesia fundamentalmente como institución y al misionero como extranjero .

3.- La valoración más optimista de la situación salvífica de los no cristianos podía socavar las motivaciones de los misioneros, por lo que se requería una fundamentación teológicamente fundada y espiritualmente convincente de la acción misionera de la Iglesia.

4.- Las nuevas realidades sociológicas del mundo occidental (descristianización, secularización) habían provocado que también se considerara ese tipo de situaciones como necesitadas de una acción misionera. La mayoría consideraban que se debía insistir en los que todavía no había oído el evangelio, pero no faltaban quienes se sentían urgidos por la situación de quienes ya no vivían en un contexto cultural cristiano. Se requería por ello un discernimiento sobre el dinamismo interno y la identidad de la acción misionera.

5.- La nueva autoconciencia de la Iglesia se había hecho más sensible a las acusaciones de vinculación con el colonialismo y con el imperialismo en el proceso de expansión misionera de la época moderna, por lo que se debía mostrar una actitud más positiva respecto a las otras culturas, una mayor defensa de la libertad de conciencia, un mayor reconocimiento de las iglesias que venían surgiendo en todos los continentes.

6.- Las realidades temporales y la existencia de la pobreza requerían que las cuestiones sociales, políticas y económicas, así como todo lo referente al desarrollo y a la justicia, ocuparan un papel más relevante.

7.- Los protagonistas de la actividad misionera venían siendo sacerdotes y religiosos, enviados por iglesias de vieja cristiandad, coordinados por los organismos centrales de la Santa Sede, bajo la autoridad suprema del Papa. En consecuencia los laicos no pasaban de ser misioneros auxiliares y las nuevas iglesias eran vistas en gran medida como misiones, es decir, como receptoras pasivas. La nueva conciencia eclesiológica y la nueva sensibilidad sicológica obligaba a acentuar la co-rresponsabilidad y el protagonismo de todos los bautizados.

8.- La práctica de siglos había alimentado reservas y reticencias respecto a lo que significaba la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, por lo que parecía urgente  conjugar la tarea de coordinación con la descentralización.

9.- El “ius commissionis” venía siendo método habitual para llevar adelante la misión, por lo que la tradicional participación de las órdenes y congregaciones religiosas había adquirido una configuración que parecía no reconocer o dejar suficiente espacio a las nuevas iglesias. Las (segtún la terminología habitual) misiones estaban convirtiéndose en iglesias conscientes de su relevancia eclesiológica y ello no podía dejar de repercutir en la figura de la actividad misionera.  

 

2.- El período antepreparatorio

Ningún concilio hasta el Vaticano II trató de modo tan amplio y directo el tema misionero, mostrando la mutua e intrínseca relación entre Iglesia y misión. Ello fue un logro, fruto de duro esfuerzo. La convocatoria del Concilio, y las primeras intervenciones que lo acompañaron, no destacaron ni pusieron en primer plano el tema misionero. Fue resaltado inicialmente el objetivo ecuménico y pastoral (el “aggionamento”), si bien se pretendía con ello que el nuevo esplendor de la Iglesia facilitara la tarea evangelizadora. Paulatinamente sin embargo la reflexión conciliar, la presencia de muchos obispos misioneros, así como la fuerza de algunas de sus intervenciones, irían provocando que el tema ocupara un mayor espacio en el escenario conciliar.

El 17.5. 1959, fiesta de Pentecostés, quedó constituída la Comisión Antepreparatoria, como órgano central de la planificación del Concilio, que comenzó solicitando en amplios sentores de la Iglesia sugerencias y propuestas sobre los temas que deberían ser tratados en el aula conciliar.  De ella formaban parte los secretarios de los diversos dicasterios romanos. Su presidente, el cardenal Tardini, invitó (26.5.1959) a que en todos ellos se crearan comisiones de estudio a fin de que pudieran aportar igualmente sugerencias y propuestas .

La Comisión establecida en Propaganda envió el 28.3.1960 a la Comisión Antepreparatoria 23 propuestas referidas a los diversos campos de la vida cristiana y eclesial en las misiones. Fueron elaboradas teniendo en cuenta las 177 propuestas recibidas en la consulta general iniciada, lo que significa que estos problemas eran sentidos vivamente por numerosos obispos .

La lectura de las 23 propuestas  muestra claramente que se mueven en un nivel práctico y disciplinar, con coloración jurídica. Un dato, por omisión, resulta sorprendente: no están presentes las grandes cuestiones que hemos mencionado e identificado en el transfondo del momento. Existen asimismo algunas sugerencias que parecen innovadoras e incluso pastoralmente sensibles desde los parámetros de la época. La enumeración  de las propuestas y la percepción de los intereses y motivaciones permitirá valorar el avance que se irá produciendo : el paso a un nivel teológicamente más maduro hará que estas preocupaciones queden superadas o integradas en otro registro.

El m. p. Supremo Dei nutu (5.6.1960) estableció la constitución de diez comisiones preparatorias y dos secretariados. Surgió así la Comisión preparatoria “De Missionibus” , de la que fue nombrado presidente el cardenal Agagianian, Prefecto de Propaganda, y secretario el arzobispo D. Mathew (antiguo delegado apostólico en Africa).  Se reprochará habitualmente a esta Comisión el excesivo número de miembros que no se encuentran en la actividad misionera concreta, que residen en Roma o que se dedican a tareas académicas o curiales . Como secretarios fueron además nombrados S. Paventi, minutante de Propaganda, y N. Kowalski, archivero. Esta comisión va a asumir la tarea de iniciar el recorrido conciliar.  

 

3.- Período preparatorio:  “preconciliar”

Iniciado el período preparatorio, la Comisión comenzó a trabajar según un plan de trabajo elaborado por Paventi, Kowalski y Buijs. El punto de partida debía ser el conjunto de las sugerencias aportadas por los obispos.  La sesión inicial tuvo lugar el 14.10.1960.

Se establecieron cinco subcomisiones en torno a los siguientes temas: De regimine dioecesium, De disciplina cleri et populi christiani, De Sacramentis et de Sacra Liturgia, De studiis clericorum et de religiosis, De cooperatione missionali fidelium . Debían afrontar propuestas de reforma a fin de lograr una adecuada formación de los misioneros, para impulsar de modo adecuado el trabajo en las misiones y para fomentar la participación de todos los fieles en la obra misionera. Para ello contaban con las propuestas recibidas de los obispos, si bien con el permiso expreso de introducir cambios o añadiduras.  Las distintas subcomisiones debía redactar los correspondientes decretos, sobre las bases aprobadas en las reuniones generales. Cada uno de estos decretos debía constar de dos partes: la “demonstratio” y la dispositiva.

Entre el 26.10.1960 hasta finales de abril de 1961 se celebraron 63 sesiones. Tras estos trabajos de las subcomisiones, pudo tener lugar la primera sesión plenaria de la Comisión entre los días 19 y 26 de abril de 1961 .  Se discutieron abiertamente los temas aún debatidos. Las cuestiones que no quedaron aclaradas fueron devueltas a las subcomisiones correspondientes para ulterior elaboración. Una subcomisión especial afrontó la redacción de los  esquemas aprobados (trabajo que se realizó entre el 30 de septiembre y el 9 de noviembre).

La segunda sesión plenaria se desarrolló entre el 20 y el 30 de noviembre, que aprobó los esquemas restantes, salvo el proemio, que fue confiado a una comisión especial. Entre diciembre de 1961 y los primeros días de 1962 se dio la redacción final a los esquemas. En la última sesión del 2.2.1962 se consensuó finalmente la formulación del proemio.

Tras estos debates y esfuerzos, se logró un texto compuesto de siete esquemas, introducidos por un proemio. Señalaremos las líneas centrales de cada uno de los elementos de este esquema A, que hemos llamado “preconciliar” porque se realizó antes del inicio formal del Vaticano II y desde presupuestos que aún debían acomodarse a las exigencias y preocupaciones de los Padres Conciliares.

El Proemio arranca del mandato misionero para identificar la razón de ser de la actividad misionera. Las misiones forman parte de la vida misma de la Iglesia, por lo que todos los bautizados deben aportar su contribución. Se señala la complejidad de los problemas actuales, que deben ser afrontados desde las pautas de las encíclicas misioneras.

De regimine Missionum (I) tiene un carácter jurídico y práctico, pues afronta problemas de carácter aministrativo y organizativo: las relaciones con la Santa Sede (uso de lenguas modernas, disminución de casos reservados...), el funcionamiento interno de las misiones (instauración de jerarquía ordinaria, sínodos diocesanos y concilios provinciales, consultores diocesanos, tribunales...), relaciones entre los superiores diocesanos y los superiores religiosos).

De disciplina cleri (II) supone que la disciplina debe tener en cuenta la dureza de la vida en las misiones, que hace consumir más rápidamente las energías físicas y sicológicas, en este contexto sugiere la instauración del diaconado, la conveniencia de la vida en común, la necesidad de una adecuada sustentación, la fijación de una edad para la jubilación, las actitudes a adoptar ante casos de apostasía...

De religiosis (III) reconoce el papel fundamental que han desempeñado en la historia misionera, y por ello trata de fomentar su formación y santificación así como la conjugación de su carisma con las necesidades de la vida pastoral (para lo cual hace falta flexibilizar la exención, de la cual sin embargo se reconoce su valor y su sentido).

De Sacramentis et de S. Liturgia (IV) muestra preocupación especial por la adaptación la potenciación de la vida cristiana, teniendo en cuenta que sólo debía estudiar el aspecto peculiar de la situación de las misiones; se reclama ampliar la existencia de ministros extraordinarios de la confirmación, la facultad de absolver con fórmula general en circunstancias especiales si bien advirtiendo de la obligación de confesión personal posteriormente).

De disciplina populi christiani (V) muestra la preocupación por atenuar determinadas exigencias, dadas las dificultades de las misiones, en campos concretos de la vida cristiana: observancia de días festivos (si bien con la posibilidad de anticipar la misa dominical a la tarde anterior), ayunos y abstinencias; la comunión anual; igualmente se insiste en la formación apostólica de todos los fieles y la preparación de seglares cualificados de cara al influjo social.

De studiis clericorum (VI) se fija sobre todo en la formación de los candidatos al sacerdocio, en el plan de estudios y formación espiritual de seminarios menores y mayores (especialmente de carácter regional); se pide que sus estudios sean equiparables a sus coetáneos, de modo que permitan acceder a estudios superiores.  Se señala que el objetivo del misionero es constituir una nueva comunidad capaz de generar vocaciones.

De cooperatione missionali (VII) debe contar con la aportación de todos los bautizados, especialmente a través de las Obras Misionales Pontificias.

Este texto fue estudiado y debatido en la quinta sesión de la Comisión Central Preparatoria (27-31.3.1962) . Nos fijaremos especialmente en la presentación general y en el primer decreto De Regimine Missionum porque marcan la impostación de todo el texto y explican las objeciones que se le dirigirán.

La presentación corrió a cargo del cardenal Agagianian . En su exposición merece ser destacado un doble nivel, con dos lógicas que no acaban de encontrarse y que reflejan la tensión y las insuficiencias de que va a adolecer el tema: a) se insiste en la dimensión jurídico-práctica, de cara a facilitar y flexibilizar la actividad misionera; b) el reconocimciento de que la historia de las misiones ha alcanzado una nueva etapa, pues las misiones son ya en realidad iglesias o diócesis (esta segunda terminología es la dominante en la intervención del cardenal). El primer elemento exige centrarse en cuestiones puntuales y concretas. El segundo exigiría un mayor horizonte y hondura teológica y pastoral. No se logra la perspectiva integradora adecuada por el presupuesto del que se parte: los Sumos Pontífices, en sus intervenciones, han ido aportando ya los principios y criterios desde los que se pueden afrontar las grandes cuestiones de la evangelización .

El cardenal se siente obligado a justificar la impostación adoptada Reconoce que se tratan cuestiones que corresponden más bien a la reforma del Código de Derecho Canónico y que afectan de hecho a la generalidad de la Iglesia. No obstante arguye que el texto solamente se detiene en el aspecto de las cuestiones referentes a las misiones en cuanto tal. Las circunstancias concretas de las misiones exigen afrontar determinados problemas (“urgetur necesitas tribuendi legibus generalibus flexibilitatem” ).

Estas circunstancias sin embargo son consideradas en un horizonte más amplio (no sólo las anécdotas puntuales) que apunta a un nivel superior que aún no es explícitamente asumido. Indica que se inicia tratando temas de régimen porque numerosos obispos de misiones esperaban innovaciones en algunos campos, porque se debían desarrollar temas ya previstos en el Vaticano I, porque los vicariatos se habían convertido en diócesis, porque numerosas instituciones habían pasado de los institutos religiosos al clero secular, porque en el campo cultural y político los pueblos habían adquirido unas metas y habían desarrollado unas expectativas que debían ser atendidas también desde el punto de vista eclesial.

¿Bastaba, desde estas constataciones, la flexibilización de las normas generales? Esta es la pregunta que debe ser planteada para comprender el itinerario de AG a la luz del transfondo y de la evolución posterior. Obcecarse en este planteamiento conducía a un callejón sin salida y a una aporía insoluble, como se muestra en el razonamiento del mismo cardenal. Reconoce que se buscan soluciones al margen del derecho común (flexibilización y adaptación), pero a la vez no puede negar que las misiones eran iglesias o diócesis efectivas, por lo que deberían pasar al régimen de derecho común: pone de manifiesto “ecclesiam missionariam eiusque problemata et difficultates peculiares”, pero “non quasi haec Ecclesia extra vitae communis Ecclesiae antiquae traditionis vivat sed tamquam cellulam vivam quae intra Corpus Mysticum unicum, quod est Ecclesia Christi, crescet”. El esquema, subraya, quiere moverse en esta línea: establecer la jerarquía episcopal ordinaria aún bajo el régimen de Propaganda pues ya desde tiempo atrás “maior pars Missionum sunt dioeceses” y pues las actividades misioneras “ad solide conditas Ecclesias duxerunt...” (de las que se habla como “illis novellis Ecclesiis”).

En general podemos decir que pugnan por manifestarse las nuevas exigencias, pero que están refrenadas por una opción excesivamente práctica dejando sin desarrollarse los nuevos fermentos: se habla de iglesias jóvenes y de diócesis pero no se desarrolla en qué medida contribuyen al “splendori ac robori Corporis Christi Mystici”; se habla de “Iglesia misionera”, pero no se especifica si se refiere a la Iglesia, a las iglesias de vieja cristiandad o también a las nuevas iglesias; aunque reconoce la importancia de la actividad misionera no se concreta su lugar en la vida y en la naturaleza de la Iglesia; no toma postura acerca de la polémica entre las escuelas misionológicas acerca de la finalidad de la actividad misionera, aunque supone la prioridad de la plantación de la Iglesia ; reconoce la importancia de los obispos y de la jerarquía local, pero no expresa el protagonismo de las iglesias jóvenes y sigue situando la responsabilidad en el Papa, la curia y los institutos misioneros.

Las intervenciones de los miembros de la Comisión Central se mueven dentro de dos lógicas. Una de ellas, en la línea del cardenal Agagianian, debaten en torno a la problemática y con la terminología ya mencionada: la adaptación o la flexibilización, consideradas de modo positivo; la difícil relación entre el derecho común y el derecho misionero; los conflictos jurisdiccionales por los territorios en base a las competencias de las diversas congregaciones curiales... Existe sin embargo otra lógica, que hace presente ya el horizonte que posteriormente se irá desplegando en el decurso conciliar estrictamente dicho. Señalamos los siete aspectos que nos parecen más destacables:

1.- El cardenal Ruffini apunta un eje de la aporía señalada: si se da tanta importancia al obispo no se debería salir del régimen ordinario de gobierno y disciplina .

2.- Se piden matizaciones lingüísticas que denotan otra sensibilidad teológica y cultural: evitar expresiones que pueden parecer peyorativas (secta, pagano, indígena) o que pueden mostrar una imagen errónea de la Iglesia (mejor que “Propaganda Fide” se debería decir “Promovenda Fide”).

3.- Se pide una definición más precisa de misión o de territorios de misión evitando expresiones imprecisas como “misiones ad exteras gentes” o “misiones catholicae” .

4.- Se debería reconocer la imbricación de la acción misionera en la expansión colonial de Occidente como uno de las factores que dificultan el éxito de las misiones

6.- Se deben exponer con más detalle y profundidad las “rationes ipsae missionis” debido a que hay católicos que “saepe dicunt omnes religiones inter se aequalis et pares esse” o que es suficiente vivir con buena fe en la religión de las padres para obtener la salvación .

6.- El cardenal Suenens plantea una propuesta que será asumida por otros miembros de la Comisión. Dado que muchos de los temas tocados corresponden a la reforma del Código, lo propio del Concilio debería ser elaborar una declaración solemne en el tema misionero: a) ad extra (“facie ad mundum”) proclamar la urgencia y la prioridad del esfuerzo misionero, debido especialmente a que la explosión demográfica aumenta la desproporción entre el número de cristianos y el número de habitantes de la tierra; b) ad intra (“intra ambitum Ecclesiae”) afirmar de modo solemne la necesidad y legitimidad de este apostolado hacia los no católicos, dado que algunos consideran el estilo tradicional de misión como “intrusio in conscientia aliena o violatio libertatis alienae” .

7.- Mons. Bazin valora positivamente que las misiones “sortent de l´état d´enfance et son parvenus à l´âge adulte... Avec ce schéma, les diocèces en pays de Missions prennent leur places dans l´Église sur un pied d´égalité avec les autres diocèses de la Chrétienté. Dieu veuille que le second Concile du Vatican apparaisse dans l´avenir comme le Concile des Missions”; en consecuencia se muestra favorable al aumento de diócesis y a la ampliación del régimen común, dado que el trabajo misionero es propio de toda la Iglesia .

El texto De disciplina cleri provocó un fuerte debate especialmente en torno al diaconado . Frente a la opinión unánime de la Comisión Conciliar de Missionibus  (movida por las necesidades pastorales prácticas) las miembros de la Comisión Central se mostraron marcadamente reticentes, y en todo caso sugerían que el tema fuera tratado en otro contexto más amplio. El texto sólo recibió un placet sin matices, la mayoría emitieron un placet iuxta modum.

En la misma línea se movió la presentación y discusión de De religiosis , De sacramentis ac de S. Liturgia , De disciplina populi christiani , De studiis clericorum y De cooperatione missionali . El argumento de fondo por parte de la Comisión De Missionibus sigue siendo que “ratione necessitatum specialium in territoriis missionum” se puede esperar “mutationem iuris”. En general se expresaron aprobaciones iuxta modum, debido al carácter jurídico y excesivamente práctico, así como a la falta de coordinación con otras comisiones. Desde estos presupuestos se iniciaría el recorrido de este primer texto en el Vaticano II.  

 

4.- La crisis conciliar

Con la apertura del Concilio el 11 de septiembre de 1962 quedaron disueltas las comisiones preparatorias. La nueva Comisión conciliar sobre las misiones tuvo como presidente también al cardenal Agagianian. Los miembros, inicialmente 24, pertenecían casi exclusivamente al episcopado misionero. Se contaba con un secretario, un vicesecretario y un número relativamente alto de peritos (tanto éstos como los miembros irían aumentando). Esta comisión heredó la tarea y el material realizado por la comisión preparatoria.

Llama la atención el hecho de que la comisión conciliar no celebrara ninguna reunión durante la primera sesión del Vaticano II. Grootaers lo califica como uno de los “fracasos provisionales”, debido a que la corriente mayoritaria de la comisión, procedente de los ámbitos de Propaganda, no dejó espacio a la que se iba dibujando como corriente mayoritaria en el Concilio . A. Seumois, conocedor más próximo de los acontecimientos, culpa al “triunvirato de canonistas” (Paventi, Buijs, Kowalski) de no haber permitido la introducción de una verdadera teología de la misión, lo que impedía a los miembros de la Comisión afrontar una revisión adecuada, “attardés qu´il sait à l´ancien schéma canonique inacceptable pour le Concile, et incapables de concevoir un nouveau schéma authéntiquement missiologique, entrant réelment et avec franchise dans les grands problèmes missionnaires qui confrontent l´Église à l´heure présent et conforme aux orientations de base, maintenant bien connues, de la majorité des Pères du Concile” . Paventi, uno de los inculpados , aduce dos razones a favor de su postura: dado que había ánimos exaltados, como lo mostraban las críticas dirigidas contra la Congregación de Propaganda, era conveniente esperar a una situación más tranquilizada; por otro lado, como se habían rechazado los esquemas presentados, era previsible que hubiera sesiones posteriores .

Estaba circulando efectivamente un memorando de obispos africanos que cuestionaban la tarea y el funcionamiento de Propaganda Fide. Solicitaban una mayor descentralización y un mayor reconocimiento de la figura de los obispos. Estos, en cuanto sucesores de los apóstoles, no debían estar sometidos a los minutantes de la S. Congregación. Llegaban algunos incluso a pedir la desaparición de este dicasterio , lo que podía ser compensado con una mayor internacionalización de los otros organismos curiales La colegialidad episcopal y la importancia de las iglesias locales se iban abriendo camino a lo largo de este primer período, y ello no podía dejar de repercutir en el planteamiento misionero. El tema mismo de las misiones iba ganando importancia y prestigio ante los Padres conciliares, que empezaban a descubrir de modo visible la catolicidad de una Iglesia misionera. La presencia y la convicción de los obispos de las nuevas iglesias iban dejando su impronta en la visión global del Vaticano II.

Al clausurarse este primer período, bajo la presidencia de mons. Sartre se inició la revisión del esquema (desde el 18.12.1962), si bien en una “selva de divergencias y desconfianzas”, como señala el mismo Paventi . Esta trabajo recibió una inflexión decisiva por iniciativa de la Comisión Coordinadora, encargada de articular y armonizar el exceso de textos y documentos elaborados.

En la reunión de la Comisión Coordinadora del 25 de enero de 1963 la relación del cardenal Confalonieri se refiere brevemente al esquema De Missionibus recibido del período preparatorio. Pero con una decisión importante: las materias disciplinares, dado que afectan al conjunto de la Iglesia, no deben ser tratadas de modo aislado, sino que deben ser remitidas a los esquemas de carácter general. No se trata de un reproche de abuso de competencias. Más bien se ha ido viendo que, al referirse a temas comunes, deben ser analizados en una visión unitaria. Ello afectaba a los esquemas De disciplina cleri, De religiosis, De sacramentis ac de Sacra Liturgia, De disciplina populi christiani, De studiis clericorum. En consecuencia queda, como competencia de la comisión de Missionibus, el primer esquema De Regimine Missionum con el proemio, y el último De Cooperatione Missionali. Se advierte además que en su redacción deben tenerse en cuenta las intervenciones realizadas en el aula conciliar acerca de las misiones. Y sobre el primero se indica asimismo que hay cuestiones que corresponden a la actualización del Código o que deben remitirse a instrucciones de la Santa Sede.

De este modo el esquema A queda descargado de gran parte de sus materiales, y sobre todo queda cuestionada su impostación. Queda por ello una tarea ardua y difícil, consistente fundamentalmente en la identificación de la perspectiva y del planteamiento. No se trata sólo de que hay que superar los estrechamientos canónicos o la búsqueda de excepciones. Es la figura misma de la actividad misionera la que debe ser perfilada. Y ello como contrapunto de la figura en la que se movía el esquema inicial, que por ello calificamos como preconciliar. La cuestión acerca de la viabilidad de los dos tipos de ordenamiento jurídico y de las competencias de Propaganda apuntan más allá. Sería simplificador pensar que se pretendía anular el dicasterio misionero. En realidad se trata de adecuar su funcionamiento a la nueva comprensión de la misión, que está cambiando de paradigma. El período de las “misiones extranjeras” está dando paso a un modelo nuevo. Este se puede percibir en las preguntas que desde la Comisión Coordinadora se dirigen a la Comisión conciliar De Missionibus y que esconden, más allá de su tenor literal, le necesidad de ese nuevo paradigma: a) ¿Es útil todavía mantener la división entre territorios iuris communis y territorios “missionis”? b) ¿Cuáles han sido los vínculos entre esta distinción y el colonialismo? ¿hasta qué punto favorece a la evangelización y en qué medida la dificulta por los prejuicios que pueden despertarse contra una Iglesia unida a la expansión colonial? c) ¿No conviene superar esa distinción en una época en que los pueblos y naciones jóvenes han recuperado su identidad cultural y su independencia política hasta el punto de sentarse en plan de igualdad en los organismos internacionales? d) Aunque siga funcionando un organismo, denominado de modo oportuno (De Promovenda Fide, De Preservatione Fidei, De Annunciatione Fidei), para planificar la asistencia a los diócesis necesitadas, ¿no sería conveniente eliminar el derecho misionero, competencia exclusiva de Propaganda, a fin de que las iglesias jóvenes queden liberadas de las connotaciones colonialistas ? El desarrollo conciliar conseguirá que estas cuestiones sean contempladas en un horizonte más amplio y desde un nivel más elevado, con lo que perderán su fuerza polémica. Era sin embargo un doloroso proceso que había que experimentar y superar.

Aquellos primeros meses de 1963 estuvieron cargados de tensiones , hasta el punto de que se ha podido afirmar que la comisión no logró la unidad requerida para aportar una contribución significativa y eficaz . Hasta el momento parecía haberse logrado un escaso resultado por parte de una Comisión en la que se habían depositado tantas esperanzas. No obstante también se pudo pensar que aquella crisis fue necesaria para poder afrontar con mayor libertad y expectativas una aportación a la altura del Vaticano II.

Entre el 20 y el 29 de marzo de 1963 la Comisión intentó elaborar un texto, aunque había notables discrepancias en la concepción misma del esquema (sobre la base del trabajo precedente). Finalmente se redactó un texto (el esquema B, tras ser sometido, como veremos, a una reelaboración)  compuesto de dos partes y un proemio : La parte primera De ipsis Missionibus, con tres capítulos: De principiis generalibus Missionum, De sacro Ministerio in Missionibus (De apostolatu cleri y De apostolatu clericorum), De regimine Missionum. La parte segunda De cooperatione missionali tenía asimismo tres capítulos: De debito missionali, De cooperatione episcopatus et cleri, De cooperatione laicorum exhortatio.

Enviado a la Comisión Coordinadora el 3 de julio de 1963 fue discutido entre fuertes debates. Simultáneamente estaban elaborándose textos alternativos que eran repartidos a los Padres a título privado, lo que es valorado por el mismo cardenal Confalonieri como caso único . Ello significaba, en cualquier caso, que no todos los miembros de la Comisión conciliar se ven reflejados en la redacción entregada. Aunque la mayoría de los miembros de la Comisión Coordinadora se mostró favorable, Liénart, Döpfner y Suenens expresan fuertes reservas. Sus observaciones parten del hecho de que no se ha llegado al estadio necesario para pensar las misiones de otro modo.

Liénart pide que se defina con más precisión el término “misión”, pues no está claro si con ello se intenta definir sólo a las iglesias dependientes de Propaganda o también a las que se encuentran en proceso de formación; los principios generales se refieren al deber de la Iglesia de evangelizar, pero el desarrollo del esquema se centra en los territorios dependientes de Propaganda Fide; en conclusión pide que se rechace el texto a fin de poder trazar las orientaciones pastorales adecuadas a las realidades misioneras de la actualidad .

Döpfner se lamenta de que el esquema carece de una “interna unio” (Leitgedanke). Pide una exacta “definitio conceptus technici ‘missionis’ qui minorem extensionem habeat quam ‘missio’ in sensu biblico; nam illa comprehendit presse solum modo praedicationem ad populos non christianos directam et fundationem Ecclesiarum in territoriis in quibus eaedem nondum existunt”. Se sigue reclamando una mayor elaboración de la teología misional y se advierte todavía la presencia de elementos que corresponden al Código postconciliar. Asimismo se recomienda que no se eludan problemas arduos y actuales: acomodación y adaptación, relación entre misioneros extranjeros y autóctonos, las relaciones ecuménicas, el rechazo de conversiones meramente externas u oportunísticas, la eliminación de todo lo que sugiera concomitancias con el colonialismo o el imperialismo... Suenens se adhiere a las indicaciones de Doepfner .

Se impone como inevitable una reelaboración  amplia . Una revisión meramente parcial  es considerada insuficiente por la Comisión Coordinadora en su reunión del 25.9.1963 . En esta misma sesión se fija el programa para el segundo período conciliar: serán estudiados los esquemas De Ecclesia, De Beata, De Episcopis, De Laicis. El De Missionis por tanto no es considerado maduro todavía para el debate conciliar .

Inmediatamente se inició el trabajo de redacción , aceptada de modo prácticamente unánime , por lo que que pudo ser enviada el 5 de diciembre de 1963 a la Comisión Coordinadora . En la reunión que esta Comisión celebró el 28 de diciembre el cardenal Confalonieri, tras recordar el camino atormentado del documento, indica que puede ser considerado “nuevo” y que por ello puede ser repartido entre los Padres (con la solicitud de que enviaran sus aportaciones antes del 31 de marzo), pero indicando ya que todo dependería de la duración y del número de sesiones que habría de celebrar el Concilio, pues era una cuestión que ya empezaba a preocupar y que no podía dejar de repercutir en la distribución del trabajo y del ritmo del Vaticano II .

El nuevo texto (del esquema B) está estructurado conforme a 4 capítulos y 23 artículos:

De principibus doctrinalibus: Ofrecimiento de la salvación, Deber misionero de la Iglesia, Cristo íntima expectación de las naciones, Edificación de la Iglesia, Esencia misionera de la Iglesia.

Rationes generales apostolatus missionalis: A.- Evangelización: preparación de los caminos del Señor, la evangelización, los catecúmenos, los neófitos; B.- Plantación de la Iglesia: incremento de la vida cristiana, adaptación y formación de la cultura cristiana; C.- Iglesias jóvenes: jerarquía local, comunión con la Iglesia Universal; D.- Coordinación de la actividad misional.

De formatione missionali: A.- Los pregoneros del evangelio (los misioneros): operarios enviados por la Iglesia universal, Operarios impulsados a la actividad misionera por la Iglesia local; B.- Formación de los misioneros: elementos de formación comunes a todos (formación espiritual e intelectual), algunos elementos especiales de formación (del clero diocesano, de los miembros de Institutos misioneros, de los catequistas, de los laicos cultos).

           De cooperatione missionaria: Necesidad de la cooperación misionera de toda la Iglesia, Cooperación que deben prestar los obispos, Cooperación del clero, Cooperación de los Institutos religiosos, Cooperación de todos los fieles.  

 

5.- El momento de impasse

El nuevo proyecto de redacción, decidido y propuesto a finales de 1963, chocaba con la tendencia a simplificar los planes conciliares: se pretendía que los esquemas aún no discutidos en el aula conciliar fueran reducidos a breves proposiciones . Aunque se pretende que la materia permanezca incólume , significa una alteración sustancial del proyecto . Después de recibir la comunicación oficial el 23.4.1964 , se emprende el trabajo en los meses de mayo y junio.  La redacción final quedó en manos del obispo Lokuang, uno de los vicepresidentes de la Comisión, apoyado por el secretario y dos peritos. Tras la aprobación por parte de la Comisión Coordinadora pudo ser enviado a los Padres el tres de julio.

El esquema C introduce un cambio en el título. Hasta ahora, a pesar de la dura evolución experimentada, había mantenido como título De Missionibus. En este momento el esquema C comienza a denominarse De activitate missionaria Ecclesiae. El título anterior resultaba muy pretencioso y amplio para lo que abarcaban las proposiciones. Además ya habían pedido varios obispos el cambio apelando a un argumento doctrinal y estructural: dado que la dimensión misionera de la Iglesia estaba incorporada en el tratado De Ecclesia, ahora convenía estudiar esa dimensión en cuanto actividad esencial de la Iglesia. Por tanto las exigencias de una nueva reflexión teológica repercutía en la autoconciencia del texto elaborado por la Comisión De Missionibus .

La introducción recoge en buen medida las ideas que se habían sedimentando durante la transición que hemos ido descubriendo. En los últimos tiempos la actividad misionera ha adquirido nuevas dimensiones: se ha atenuado la tradicional distinción entre territorios de misión y teritorios cristianos, debido por un lado a la difusión del evangelio en muchas partes del mundo, y por otro la descristianización de las antiguas iglesias. Además las condiciones sociales cambiantes y la conciencia ecuménica plantean nuevos problemas a los misioneros. En las tierras de misión han surgido nuevas iglesias locales que necesitan la ayuda de la Iglesia universal para que puedan crecer en la unidad católica según sus características propias. Los principios a favor de la evangelización valen ciertamente para todo el mundo, pero hay que aplicarlos a aquellas regiones y grupos humanos o diócesis, dependan o no de Propaganda, en los que la Iglesia aún no está implantada o no se encuentra aún en condiciones de erigir aquellas instituciones sin las que la Iglesia no puede desarrollarse.

1.- Necesitas Missionis: Debido a que la Iglesia es medio universal de salvación ha recibido el mandato de anunciar el evangelio a todos los hombres (aunque la gracia, si bien con dificultades, conducirlos a la fe).

2.- De Evangelii Praeconibus: Los obispos tienen obligación de enviar misioneros y, aunque representan el centro de la acción misionera, deben regular su relación con los Institutos religiosos. Los misioneros deben no sólo anunciar el evangelio sino testimoniarlo con su vida.

3.- Labor missionalis: Señala los diversos estadios en la obra de la evangelización y en la plantación de la Iglesia, teniendo en cuenta las culturas y tradiciones.

4.- Consilium Centrale Evangelizationis: Debe ser creado en el seno de Propaganda, con representación de todas las fuerzas que trabajan en las misiones, a fin de establecer directrices generales a la luz de las circunstancias actuales.

5.- Debitum Missionale Ecclesiae: La responsabilidad corresponde a toda la Iglesia, y por ello a todos los bautizados.

6.- Debitum Missionale Episcoporum: La acción misionera corresponde a todo el colegio episcopal, pues en virtud de su consagración deben preocuparse por la salvación de todo el mundo.

7.- Debitum Missionale Sacerdotum: Dado que participan del ministerio de Cristo, toda la vida sacerdotal está orientada a la misión de la Iglesia.

8.- Debitum Missionale Institutorum Perfectionis: No deben buscar su perfección al margen de la misión de la Iglesia, por lo que deben ayudar a la tarea de las iglesias locales con obras acordes con su carisma.

9.- Debitum Missionale Laicorum: Además de la oración y del apoyo material, deben comprometerse con las realidades temporales, en colaboración con los no católicos, para contribuir a regenerar a la humanidad en Cristo.

10.- De Oecumenismo et Collaboratione cum non christianis: La colaboración de ampliarse no sólo a los no católicos sino también a los no cristianos.

11.- Formatio Culturarum Christianarum: Precisamente por su catolicidad, la Iglesia debe valorar las culturas, pues puede beneficiarlas y a la vez hacer que la fe tenga raíces más profundas y estables.

12.- Formatio scientífica et thecnica: Los misioneros deben conocer la lengua, la sicología y la cultura de los pueblos. Para ello deben crearse Institutos especializados.

13.- Formatio catechistarum: Debe potenciarse su formación y la búsqueda de medios de sustentación.

14.- Instituta Superiora: Para estudiar e investigar más profundamente la lengua, la mentalidad, la sicología, las costumbres y las religiones de cada pueblo.

El debate conciliar se inició en la 116 Congregación General del 6.11.1964. De modo sorprendente, pues sucedía por primera vez en una sesión ordinaria, se hallaba presente Pablo VI. Pretendía resaltar la importancia del tema, la obligación de todos los cristianos en la evangelización, y animar a los Padres a aprobar el documento . No obstante estas expectativas no se cumplieron, pues se afirmaba con claridad la oposición a que un tema tan importante pudiera ser sintetizado en pocas líneas. Para muchos resultaba claro que en tal situación era mejor no tener un documento sobre tema (sobre todo debido a que ya en otros documentos se indicaba la naturaleza misionera de la Iglesia y la responsabilidad de todos los bautizados) .

El cardenal Agagianian presentó el texto situándolo dentro del dinamismo que mostraba todos los avances logrados en el campo misionero desde el Vaticano I, como se muestra en la abundancia de nuevos territorios atendidos por Propaganda, en el crecimiento del número de obispos nativos, en las grandes aportaciones doctrinales y prácticas de los Papas, en el desarrollo misionológico, en la multiplicación de iniciativas misioneras. Su planteamiento sigue planteándose sin embargo desde la visión de Propaganda y desde una concepción unidireccional de la actividad misionera (es decir, desde las diócesis de vieja cristiandad hacia las iglesias jóvenes).

La relación de mons. Lokuang sintetiza el difícil camino recorrido, la inspiración asumida de los tres últimos capítulos del texto anterior, y los cambios aceptados a la luz de las observaciones recibidas. Destaca especialmente que se ha acentuado el carácter de necesidad de la acción misionera para evitar relativismos y asimismo que se enumeran los pasos de la obra misional (preevangelización, evangelización, iniciación catequética y sacramental, inserción en la vida de la Iglesia, espíritu misionero desde sus orígenes). Hace además tres observaciones significativas: no se ha formulado una definición exacta de las misiones y de su finalidad debido a que faltaba consenso en el seno de la Comisión; también se ha eludido la precisión sobre el límite entre misiones e iglesias locales, debido a la controversia que ya suscitó la introducción de este concepto en el esquema anterior; aunque desanimará a muchos Padres por la brevedad o ausencia de temas, recuerda que hay elementos importantes en otros documentos del Concilio.

A lo largo de tres Congregaciones Generales intervinieron 39 oradores, muchos de ellos en nombre de enteros episcopados, especialmente misioneros. Aunque se alabaron muchos aspectos , sólo uno mostró su entera satisfacción. Especialmente en la segunda jornada se mostró claramente que era necesario elaborar un documento digno del tema. Decisiva a este respecto fue la intervención del cardenal Frings. Este pidió explícitamente que se elaborara un documento en sentido propio a discutir en la cuarta sesión, que se profundice con mayor rigor la teología de la misión, y que se evite una ampliación del término “misión” a países descristianizados para que resuene “in suo fulgore originali” .

Algunos obispos expresaron con fuerza retórica su frustración indicando que lo que se esperaba como luz de Pentecostés no pasaba de ser una candela, huesos sin carne ni sangre .  Abriendo el panorama de las cuestiones que merecían un mayor tratamiento se mencionan los siguientes argumentos: vincular con más fuerza la actividad misionera a la naturaleza de la Iglesia, resaltar la importancia y el papel de los laicos y los catequistas, precisar las relaciones entre los ordinarios y los superiores religiosos, destacar la colegialidad y la communio ecclesiarum, explicitar la responsabilidad misionera de las iglesias jóvenes, mencionar con mayor claridad la gravedad de las nuevas circunstancias, desarrollar las exigencias de la conversión, conjugar la actividad misionera con las misiones del Verbo y del Espíritu, articular la unidad de la misión con la realidad de las misiones... En varias ocasiones se mencionan las graves consecuencias que se originarían si no se marcan las diferencias entre la actividad misionera y la acción pastoral ordinaria .

Mons. X. Geeraerts señaló que, aunque hubiera en LG un número dedicado a la fundamentación teológica, resultaba insuficiente. Se debía vincular de modo más explícito la misión de la Iglesia con las misiones del Hijo y del Espíritu (remite a Tomás de Aquino, según el cual las misiones temporales de las Personas divinas tienen su origen en las procesiones eternas). De este modo se mostraría adecuadamente la naturaleza misionera de la Iglesia. Sólo así adquieren fuerza las proposiciones, por lo que la doctrina teológica debe servir de punto de partida. Ello viene pedido por el cambio de título, pues así puede quedar claro que no es una sola parte de la Iglesia la que es descrita como misionera

Ante el clima creado, monseñor Lokuang (en nombre del presidente de la Comisión)  toma la palabra para agradecer las intervenciones de quienes hablaron “de magna gravitate ac momento problematis missionalis pro tota Ecclesia” y expone la disposición de la Comisión para elaborar un texto que responda a las expectativas de los Padres conciliares . Como consecuencia de ello se plantea una pregunta en sentido contrario al previsto. No se pide la aceptación del esquema debatido, se pregunta si los Padres son favorables a que se redacte un texto nuevo. El resultado es nítido: 1601 muestran su acuerdo y sólo 311 su oposición.  

 

6.- Hacia el texto conciliar

Los tres esquemas presentados habían sido, por un motivo o por otro, rechazados. Este duro caminar condujo de hecho a un punto de partida, aunque ello no permite concluir que había sido un tiempo perdido: por un lado se había concretado el estadio a superar, por otro lado se habían ido 1dentificando elementos y perspectivas que parecían irreversibles.

Con este encargo y esta experiencia la Comisión se reunió ya el 16 de noviembre, para designar  un grupo reducido (Riobé, Lokuang, Zoa, Lecuona, Schütte) que se encargara de la redacción, apoyados por un grupo de peritos (Congar , Seumois, Grasso, Neuner, Ratzinger).  La citada subcomisión decidió en su reunión del 20 de noviembre reunirse con los peritos en la casa de los Verbitas en Nemi (en dos sesiones: 12-27 de enero de 1965 y 29 de marzo al 3 de abril ). De este trabajo surgió un texto (esquema D) que llevaba el mismo título que el precedente y que ya se abría con la expresión ad gentes. En mayo pudo ya ser distribuido entre los Padres conciliares.

El proceso de redacción se afrontaba con cuatro criterios básicos: a) presentar un fundamento teológico suficiente, asumiendo el planteamiento trinitario de LG, y radicando ahí la urgencia de la actividad misionera; b) elaborar una noción clara de misión, moviéndose entre dos tendencias opuestas: conservar un sentido rígido y estricto contrapuesto a la pastoral ordinaria y al apostolado entre los sectores descristisanizados, relativizar el sentido territorial para incluir sin matices a los no cristianos y a los neopaganos; c) la dimensión bíblica, ecuménica y pastoral –características de todo el trabajo conciliar- debía penetrar el tratamiento global de los temas; d) la realidad que eran las iglesias locales, con los miembros que incorpora, deben ser reconocidas plenamente, tanto en cuanto enriquecen la unidad de la Iglesia con su diversidad como en cuanto son también portadoras de la responsabilidad misionera.

El esquema D, tras el proemio, estaba articulado en cinco capítulos. No era simplemente una revisión y mejora del esquema C, aunque muchos de sus elementos e ideas se conservaban, sino una reelaboración completa pensada sistemáticamente. Mencionemos brevemente la estructura y los contenidos principales .

1.- De principiis doctrinalibus. La Iglesia es misionera por naturaleza porque, según el designio de amor del Padre, surge de las misiones del Hijo y del Espíritu La actividad misionera es tarea de la jerarquía en colaboración con toda la Iglesia. La misión en sentido estricto designa las iniciativas por hacer penetrar el evangelio en pueblos no cristianos de cara a la plantación de la Iglesia. La misión aporta también progreso, libertad y dignidad. Finalmente se menciona la dimensión escatológica de la acción misionera.

2.- De ipso opere missionali. Señala las etapas de la actividad misionera: 1) la penetración cristiana o preparación para la evangelización, mediante el testimonio, el diálogo y las obras caritativas y sociales; 2) la predicación del evangelio y la congregación del Pueblo de Dios a través de la conversión, del catecumenado y de la iniciación cristiana; 3) la formación de la comunidad cristiana, con raíces profundas en la cultura, con las instituciones necesarias y con los carismas y ministerios suficientes; 4) las iglesias locales, que deben lograr estabilidad y autosuficiencia, encarnadas en las culturas en que nacieron para manifestar así la diversidad en la unidad católica.

3.- De missionariis: Se expone la identidad de la vocación y de la espiritualidad misioneras, así como su formación doctrinal, incluída la de “especialistas”. Se subraya la necesidad permanente de los Institutos Misioneros.

4.- De ordinatione activitatis missionalis: Dado que la actividad misionera es tarea de todos, se requiere una coordinación. La coordinación general corresponde a Propaganda Fide, la cual debe contar con una representación de todas las instituciones así como con un secretariado permanente de consultores peritos. A nivel local la coordinación corresponde al obispo, que deberá crear un consejo pastoral. A nivel regional la competencia corresponde a las Conferencias Episcopales. Es igualmente útil la coordinación entre los Institutos Misioneros y los obispos (corresponde a las Conferencias Episcopales presentar a la Santa Sede normas concretas).

5.- De cooperatione:  Tras recordar la naturaleza misionera de la Iglesia, se desarrolla la responsabilidad del Pueblo de Dios en su conjunto y de las comunidades cristianas (diócesis y parroquias). Posteriormente va señalando la responsabilidad misionera de los obispos, de los sacerdotes, de los Institutos de perfección (también de vida contemplativa) y los laicos.

Como conclusión se expresa la gratitud hacia todos los misioneros, y especialmente a quienes sufren persecución. La Iglesia ama a todos los pueblos y su único deseo es comunicar a todos el mensaje de salvación.

El debate conciliar se inició en la 144 Congregación General el 7 de octubre, y se prolongó hasta la Congregación 148 el 13 de octubre, con 59 intervinientes, en gran medida procedentes de lugares de misión (quedando más de cien sin poder hacer uso de la palabra).

La Ratio circa rationem qua schema elaboratum est corrió a cargo del cardenal Agagianian Señala como capítulo principal el fundamento teológico de la actividad misionera de la Iglesia, lo cual permite mostrar la urgencia y la necesidad de la misión, el carácter misionero de la Iglesia, “indoles hierarchica missionis”, su definición (más precisamente, su descripción) y la finalidad . El capítulo segundo, según lo habían pedido muchos Padres, es de carácter pastoral, si bien esta dimensión se extiende a lo largo del texto. Se exponen los estadios o momentos de la acción misionera, si bien no deben ser entendidos de modo cronológico ya que se trata de una realidad viva y compleja . Se ha preferido la denominación “De Praeambulis Evangelizationis ” excluyendo conscientemente hablar de “pre-evangelización”. Se destaca el papel de los catequistas. Las iglesias locales son resaltadas así como el enriquecimiento que procede de su diversidad . Se alaba el papel de Propaganda, se resalta la coordinación local como responsabilidad del obispo, y asimismo se alude a la necesidad de normas que regulen la relación de los ordinarios con los Institutos religiosos (si bien no tiene que proceder directamente del Concilio).

La Relatio super schema Decreti De activitate missionali Ecclesiae fue presentada por J.Schütte . En coherencia con la presentación general, y como expresión de la nueva lógica en el seno del proceso conciliar, merecen ser destacados algunos aspectos: la actividad misionera se encuentra en íntima conexión con el misterio profundo de la Iglesia (“diversitatem in unitate Ecclesiarum particularium, orientationem novam aliquam designant. Praesertim diversitas in unitate tendit ad indigenizationem Ecclesiae in missionibus, non solum externam, in sua organizatione, sed maxime in incremento suo interno ecclesiali et vita” ), por ello hay que situarse en el nivel estrictamente teológico para comprender la acción misionera , en este Decreto no se trata de la misión genérica de la Iglesia sino de las misiones, si bien existe una íntima conexión entre ambos niveles de la misión ;  la motivación no es tanto la salvación de los hombres cuanto la fidelidad al proyecto salvífico de Dios ; hay que destacar el aspecto espiritual para evitar las connotaciones con el colonialismo; las iglesias locales deben ser consideradas desde su identidad teológica ; se pide una actuación más versátil de Propaganda Fide ; debe ser afrontada la relación entre ordinarios e Institutos religiosos .

Las intervenciones en el aula conciliar destacaron abundantemente la satisfacción de los obispos. Resulta especialmente significativa la intervención laudatoria del cardenal Döpfner , que tan importante papel había jugado en la reorientación del documento. De las ideas expuestas por los Padres merece señalarse la aparición de algunos temas que habían ido adquiriendo relevancia en el proceso conciliar aunque no siempre afecten sustancialmente al  tema en cuanto tal: debe darse más importancia a las aspiraciones temporales de los pueblos , debe reconocerse explícitamente la aportación de la mujer , debe cuidarse que el diálogo con las religiones no conduzca a reconocerlas como vías de salvación , conviene mencionar que la previa acción reveladora facilita la evangelización , la aportación de los laicos debe ser reconocida en clave de ministerios y carismas , ha de acentuarse la responsabilidad misionera de los nativos , debe recurrirse a la figura histórica concreta de Jesucristo , no se puede eludir el nacimiento de una nueva cultural universal , ha de exponerse con más claridad la corresponsabilidad de jerarquía y Pueblo de Dios , ha de recuperarse la dimensión martirial .

La votación general del esquema obtuvo un mayoría neta: 2070 a favor y tan solo 15 en contra.  P. Schütte agradeció esta opinión que consideraba el texto digno de ser aceptado como documento conciliar. Y sintetizó lo que, a juicio de los Padres, debía aún ser corregido: elaborar más la dimensión misionera de toda la Iglesia, resaltar la importancia de la actitud ecuménica en las misiones, implicar con más fuerza a los laicos en la actividad misionera de la Iglesia, fomentar el diálogo con los no cristianos.

Ya el 15 de octubre reanudó sus trabajos la comisión para mejorar y coordinar el texto conforme a las peticiones de los obispos .  El 27 del mismo mes fue aceptado unánimemente. El 3 de noviembre  fue entregado a la Comisión de Coordinación el texto reelaborado, que el 9 de noviembre fue repartido entre los Padres conciliares.

Desde el punto de vista de la estructuración se deben señalar sobre todo dos datos: a) el apartado 1 del capítulo 2 cambia su nombre: De testimonio christiano sustituye al término “preámbulo”, más expuesto a interpretaciones erróneas; b) el apartado 4 del mismo capítulo 2, dedicado a las iglesias particulares (ya no locales) pasó a constituir el capítulo independiente De ecclesiis particularibus, con dos números nuevos. De este modo el decreto pasaba a tener seis capítulos y 42 números.

En la presentación del Textus emendatus durante la 157 Congregación General (10 de noviembre de 1965) el P. Schütte, además de estos elementos fundamentales, mencionó los cambios introducidos : se insiste más en los motivos y razones de la actividad misionera, se explicita la base escriturística y la conexión con LG, se cita íntegramente el mandato de Jesucristo, se explicita éste que fue dirigido en primer lugar a los apóstoles y a sus sucesores sin olvidar que es función de todo el Pueblo de Dios, se expone con claridad que las iglesias jóvenes no son sólo objeto o receptoras de la acción misionera sino que son también “sujetos” de la misión, se evita que el término “misionero” sea atribuido sólo a los venidos de países extranjeros, se desarrolla más la tarea y la participación de los laicos, se incluye más notablemente el espíritu ecuménico en coherencia con UR, se destaca la dimensión neumatológica y la presencia de los carismas, la centralidad del papel de los obispos queda iluminado a la luz de ChD, se recoge la participación de obispos y misioneros en la dirección de la obra misionera, se conserva la descripción de la actividad misionera rechazando la petición de obispos latinoamericanos que pretendían ampliar el concepto a fin de que pudieran quedar incorporados determinados territorios de América Latina...

Sometido el texto a su aprobación , los distintos capítulos fueron recibiendo una amplia mayoría salvo el capítulo quinto que obtuvo 1428 votos a favor, 712 con reserva y 9 en contra; de este modo no logró los dos tercios necesarios. Este capítulo en consecuencia debía ser revisto, mientras que en el resto quedaban ya excluídos cambios sustanciales. En total se entregaron 1700 modos, de los cuales una gran parte se referían al n. 29 (sobre la reorganización de la Congregación de Propaganda).  

 

7.- La expresión de la mente conciliar

En breve espacio de tiempo debía realizar un gran esfuerzo la Comisión. El resultado de su trabajo pudo ya ser sometido a votación en la 165 Congregación General celebrada el 30 de noviembre de 1965. Señalaremos los puntos que fueron debatidos hasta el final.

a.- Sobre el capítulo primero sesenta Padres pidieron una definición más amplia de “misión” a fin de incluir como misiones ciertas circunscripciones de América Latina. La Comisión aceptó sólo en parte la propuesta, aún manteniendo la redacción que reservaba el término a la predicación del Evangelio y a la plantación de la Iglesia “inter populos vel coetus nondum in Christum credentes”, que se ejercita “plerumque” en determinados territorios así reconocidos por la Santa Sede, pues “finis proprius activitatis huius missionalis est evangelizatio et plantatio Ecclesiae in populis vel coetibus in quibus nondum radicata est”.

b.- Se rechazó la propuesta de acentuar más la libertad de la conversión, para no dar pábulo a la acusación de que en el pasado se hubieran utilizado medios inadecuados.

c.- Igualmente se rechazó la sugerencia de evitar referencias ecuménicas que pudieran suscitar indiferentismo o relativismo. Se argumentaba que el texto evitaba tales posibles derivaciones, sobre todo leído en conexión con otros textos conciliares.

d.- Se rechazó asimismo completar la referencia a la iglesias particulares con la precisión “o diócesis”. Se arguyó que el texto usaba “iglesia particular” en un sentido más amplio que el de diócesis, pues se refería a un gran territorio socio-cultural.

e.- Algunos Padres pidieron que se suprimiera la calificación “ad vitam” para referirse a la espiritualidad misionera, con el fin de reconocer la aportación de quienes dedicaran una parte de su vida a la actividad misionera.  La Comisión adujo que había una diferencia objetiva entre la dedicación perpetua y la entrega temporal, que debe ser reconocida para el bien de la Iglesia (lo cual no implica desvalorizar otro tipo de aportaciones).

f.- 461 Padres pidieron que los obispos miembros de Propaganda tuvieran voto decisorio en estricto sentido jurídico, que fueran propuestos por las Conferencias Episcopales y que ejercieran esa función durante períodos breves. La Comisión consideró suficiente hablar de “participación activa con voto deliberativo” y de que fueran oídas las Conferencias Episcopales, a fin de salvaguardar la independencia del Papa.

g.- Otros 265 Padres insistieron en el carácter de misión de territorios no dependientes de Propaganda sino de otros dicasterios, por lo que se pedía una mayor colaboración entre éstos y Propaganda.  La Comisión acoge esta propuesta, pero como nota explicativa, ya que el Decreto desea otra solución, es decir, reunir todas las misiones bajo la única dirección de Propaganda. Se trata por tanto de una situación transitoria, en la que el elemento decisivo es el reconocimiento por parte de la Santa Sede.

h.- 74 Padres solicitaron que se eliminara la alusión al Sínodo de los obispos, a fin de evitar que quedara reducida la autoridad del Romano Pontífice. La Comisión respondió, por un lado, que ello destaca la responsabilidad del colegio episcopal en la acción misionera, y por otro se negaba que tuviera esos efectos negativos, a la luz del m.p. Apostolica Sollicitudo.

i.- Se pidió que los acuerdos entre los obispos y los Institutos religiosos fueran aprobados por la Santa Sede o establecidos según normas fijadas por Propaganda. La Comisión aducía que, aunque la Santa Sede señalara los criterios generales, no se debía imponer a ésta la obligación de analizarlos todos ni a los obispos la necesidad de recurrir siempre a la Santa Sede para su aprobación.

Después de haber sido sometidos a votación cada uno de los capítulos, y habiendo recibido una clara aprobación, estaba ya pronto el texto para ser votado en conjunto de modo solemne. Ello tuvo lugar el siete de diciembre de 1965 durante la IX Sesión pública. Después de un recorrido tan arduo y difícil obtuvo el nivel máximo de aprobación de todos los documentos conciliares: 2394 a favor y tan sólo 5 en contra.

 

XXIII Simposio de Misionología, Burgos, marzo 2006