Mensaje para la Jornada de las Vocaciones Nativas 2005

 

Vocaciones Nativas: riqueza de las Iglesias Jóvenes

 


Mons. Francisco Pérez González
Director Nacional de OMP - España

 

 

Es un hecho que las vocaciones están aumentando en todo el mundo y la razón es muy sencilla: lo que hace unos años era ‘tierra de misión’ ahora es lo mismo pero con el aumento de sus comunidades cristianas. Muchos misioneros comenzaron de cero y la comunidad cristiana era muy reducida, a veces un grupo de seis o diez personas. Con el correr del tiempo han ido aumentando geométricamente y lo que comenzó como un pequeño grupo ahora se ha tenido que instaurar o constituir en una Diócesis. Al año actualmente, a nivel mundial, se constituyen cerca de veinte Diócesis nuevas. Esto supone un gran trabajo y esfuerzo por parte de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, pero es una gran alegría constatar que aumenta el número de cristianos y católicos.

 

Las vocaciones al sacerdocio en las Iglesias jóvenes van en aumento y las Congregaciones religiosas comprueban que en las misiones hay muchos jóvenes que sienten la llamada para dedicar su vida a Jesucristo. En Europa las circunstancias son distintas pues el ‘invierno vocacional’ está dejando vacíos los edificios que otrora estaban llenos.

 

Una vocación o llamada de Dios no es auténtica si no hay apertura a los demás y ésta tal vez es la gran crisis por la que se está pasando en el ámbito de la sociedad occidental. Sólo se comprende la vocación si hay un arranque de profunda dimensión espiritual y ésta se desarrolla cuando la respuesta ante la llamada de ¡Sígueme! se convierte en una disposición total y servicio concreto a los demás. Las Iglesias jóvenes, muchas de ellas, sufren las dificultades de la pobreza y de las dificultades sociales que están muy enraizadas en el corazón de la gente. La reacción es ayudarse los unos a los otros para ir adelante en medio de sus gritos desesperantes. Muchos jóvenes se plantean vivir para los demás y se suman al seguimiento del Evangelio. Crecen las comunidades cristianas en África, en Asia y en América. Las vocaciones nativas son una gran riqueza para la sociedad  y para la Iglesia. ¡Hemos de ayudarles para que se formen bien!. Ellos son la puerta abierta de la esperanza en estos países muy vitalistas y con una gran población joven. 

 

Cada Iglesia particular ha de afrontar el sustento y ayuda de aquellos que sienten la llamada para ser sacerdotes, religiosos o consagrados, pero no pueden, en muchas Iglesias, abordar sus gastos por la escasez de sus recursos. El Papa Juan Pablo II invita a toda la Iglesia universal para que cooperemos en la comunión de bienes y a aquellos que somos más pudientes: “Ayudemos a los pobres en recursos materiales para ponerlos generosamente a su disposición. A este respecto, deseo dar las gracias a todos aquellos que dan con sacrificio para la obra misionera; sus renuncias y su participación son indispensables para construir la Iglesia y testimoniar la caridad” ( RMi, 81). La generosidad de los españoles es elogiable. ¡Cuántas aportaciones, herencias, donativos y desprendimiento de lo necesario! El Papa Juan Pablo II lo sabe y lo agradece. Las distintas Jornadas que la Iglesia universal promueve para las misiones (Domund, Infancia Misionera y Vocaciones Nativas) vinculan, por su carácter Pontificio, y no pueden ser sustituidas o suprimidas. Es una experiencia universal de todas las Iglesias particulares para –todos a una– solidarizarnos en estas Jornadas de modo especial.

 

Este empeño común nos ha de recordar que lo importante es conseguir la formación de aquellos que se preparan para la vida consagrada. Gracias a las becas muchos de ellos pueden proseguir sus estudios y trabajos apostólicos. Por propia experiencia lo puedo decir. A mis 18 años no podía seguir estudiando, por falta de recursos económicos, pues mí familia era pobre. Recibí una beca y finalicé los estudios; nunca agradeceré lo suficiente a aquellos que me ayudaron generosamente y cómo por medio de ellos llegué a ser sacerdote. Dios se sirve de la generosidad tanto del que se ofrece a seguirle como de aquellos que colaboran con la oración o económicamente para que nadie, por falta de recursos, abandone la vocación al sacerdocio, la vida religiosa o la vida de especial consagración. Estoy seguro que muchos españoles van a seguir con este buen espíritu al que nos invita el Papa. 

 

En este tiempo de dificultad y de gracia, por otra parte, hemos de alzar las manos a Dios para pedir por las vocaciones de especial consagración y al sacerdocio. La ‘mies es abundante’ pero los ‘obreros’ son pocos. Tanto en las familias como en las comunidades cristianas, en las Parroquias como en las Escuelas, en los Monasterios como en los trabajos apostólicos... se ha de potenciar el espíritu de oración y una oración de petición a Dios, por medio de Jesucristo, para que muchos niños y jóvenes sean generosos y descubran la llamada de Cristo que pasa a su lado y les llama a seguirle como hicieron los apóstoles y discípulos de Jesús. No hay cosa más grande que entregarse al Señor por su Reino de amor, justicia y paz. ¡Bienaventurados los que escuchan la llamada de Cristo y lo siguen!