Tu vida es misión


Mons. Francisco Pérez González
Director Nacional de OMP - España

 

 

Muchas veces estamos preocupados porque no sabemos cómo educar en la vida para ser coherentes y para dejar traslucir aquello que ciertamente conforta y fortalece al ser humano. El dicho popular de “nadie da lo que no tiene”, es profundamente cierto. Si durante la niñez y la juventud no se ha llenado la vida de una siembra auténtica, en lo sucesivo es difícil que se puedan recoger buenos frutos. Por eso nos lamentamos tanto y observamos que nadie recoge donde no ha sembrado.

Hoy es un momento muy importante para sembrar verdaderas y no efímeras ilusiones que aparecen y desaparecen como los fuegos artificiales. Se requiere una visión objetiva de la realidad y lanzarnos, sin ningún tipo de miedos y traumas, a llevar por todas partes el Evangelio del Señor. La vida es fruto de la misión amorosa de Dios que nos ha creado y ha reproducido en nosotros su imagen, una figura que es conveniente cuidar y formar desde la sencillez y desde el aprendizaje de cada día. Siempre hay motivos para aprender y el mayor aprendizaje es el de ir a las raíces de la vida donde está lo que hemos sembrado o bien para que esta imagen sea perfecta o para que se desfigure lo que con mimo alguien depositó en nosotros.

La vida es misión que sale de dentro hacia afuera. El testimonio es el espejo de la vida coherente o incoherente, según lo que se haya sembrado en lo más íntimo del corazón. De ahí que educación signifique lo que sale de dentro. Si en la experiencia ocurre así, mucho se ha de insistir a la hora de construir un futuro auténtico y verdadero.

 

Vida que da vida

La misión en la Iglesia no se puede medir por las técnicas externas o métodos pedagógicos que se hayan instrumentado, la misión es una vida que se transmite y que es cierta. El mejor garante de la misma es Jesucristo, que entregó su vida y vivió en consonancia permanente con el Padre. Esto mismo es lo que nos ha transmitido y el Evangelio es el mejor exponente. Desde esta perspectiva bien se puede decir que la vida es misión y la misión es un reflejo de la vida. Cuando contemplamos a los “grandes misioneros” no nos atrae su forma de hablar sino su estilo de vida. Muchos hay que nos impresionan más allá de sus hábitos y de sus formas porque en ellos resplandece una Vida que da vida, una Amor que da ternura, una Amistad que hace hermanos y una Gracia que se hace ilusión y alegría. Es el “paso de Dios” y ésta es la misión.

La misión es una vida, no una teoría; es una aprendizaje existencial y el gran reto que tenemos hoy en la sociedad y en la Iglesia es dar todo lo mejor que vive y pervive en las hondas raíces de la vida. Toda la vida es misión y quien da y se da se   realiza como persona y va más allá del tiempo que es la eternidad. Cristo vino para darnos vida y vida en abundancia y ésta es la única razón de la vida.


Revista Misioneros Tercer Milenio, marzo de 2004