Muchas las vocaciones y escasos los recursos


Mons. Francisco Pérez González
Director Nacional de OMP - España

 

 

2 de mayo de 2004 - Jornada de las Vocaciones Nativas

 

Grandes y magníficas son únicamente las obras de Dios, mientras las nuestras son siempre pequeñas e insignificantes. Suyas son las obras por las que gozamos de la vida, de la libertad y de la salvación. Nuestras, apenas, las dudosas respuestas a estos dones, cuando, y bien sabemos que no siempre es así, secundan el camino de vida nueva que Él nos regala.

Grande y magnífica es siempre, entre tantas otras, la obra de la vocación que, con amor inmenso de Padre, Dios teje día a día con la vida de algunos hijos suyos, a quienes elige para un seguimiento y para una misión especiales e irrepetibles, y que crece poco a poco, a veces desde la infancia, en un diálogo exquisito y fecundo. Un diálogo en el que el susurro trascendente de la llamada toma vida en el corazón humano cuando éste, en el silencio de su ser más auténtico, escucha, acoge y secunda al Amor y la Generosidad infinitas, con un amor y una generosidad que, aun siendo finitos, son sobreabundantes y desbordantes.

Pequeño e insignificante es siempre, sin embargo, el modo con el que los hijos bendecidos por la gracia infinita de Dios, a través de nuestras obras humanas, tratamos de secundar la iniciativa de Dios. No para hacer nada por nosotros mismos sino para dejarle a Él hacer su obra de salvación. Ocupados como estamos siempre por las cosas que carecen de valor, olvidamos preocuparnos por las cosas importantes, que son las obras de Dios, para cuya realización ha querido contar con nuestra ayuda. De ese modo el Dios de la misericordia busca el sí de nuestra libertad y la magnanimidad de nuestro corazón.

Así, si muchas son las vocaciones que el Hijo de Dios suscita generación tras generación, escasos son los recursos que los fieles ponemos en juego para ayudar a quienes responden a la vocación en el seguimiento radical a Cristo y así sostener su formación y promover los frutos de una misión que sólo Dios sueña poder realizar.

Y si obra grande es la de la vocación, porque es obra de Dios, obra pequeña, pero que mira y sirve a la de Dios, es la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, fundada para sensibilizar al pueblo cristiano en la formación de las vocaciones locales de las Iglesias de misión y para invitarlo a colaborar espiritual y materialmente en la formación de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa. Al celebrarse este año, una vez más, su jornada anual, como Jornada de las ‘Vocaciones Nativas’, con el fin de promover en el pueblo cristiano el espíritu de sacrificio y oración por las nuevas vocaciones en los territorios de misión, así como su sostenimiento, somos urgidos a no dejar que ninguna de estas vocaciones se pierda, que no sean escasos, sino generosos y desbordantes, los bienes que compartamos para fomentarlas y alentarlas con la fundación y el mantenimiento de los noviciados y seminarios diocesanos mayores y menores en estos países, y con becas de formación para sus alumnos que con tanta ilusión desean seguir a Jesucristo por el camino de la entrega total. Porque la generosidad inmensa e infinita de Dios, que sigue suscitando vocaciones, y la disponibilidad valiente y maravillosa de tantos jóvenes que responden a su llamada, reclaman la generosidad de todos nosotros, copartícipes, ni más ni menos, de la entera misión de la Iglesia; es decir, de la obra de Dios que opera la salvación entre los hombres.


Revista Misioneros Tercer Milenio, abril de 2004