Preparados y listos para el Domund 2004


Mons. Francisco Pérez González
Director Nacional de OMP - España

 

Este año el lema del DOMUND ahonda y profundiza en el “compromiso misionero”. Es el tiempo de la misión y ahora de modo especial que se va necesitando dar mayor coherencia y cohesión a la experiencia del género humano. Muchas son las razones, a veces equivocadas, que mueven al ser humano, pero es un error muy grave si éste no se forma interiormente y hace explotar sus cualidades espirituales. La siembra de Evangelio y de evangelización es tan importante como las nuevas invenciones de la tecnología. Una sociedad sin espíritu, es una sociedad llamada al fracaso.

La Jornada del DOMUND, este año, ha de acercarnos, en primer lugar, a la animación del sentido misionero en nuestras familias y en nuestras comunidades cristianas. Son momentos históricos que nos están exigiendo una mayor disponibilidad para vivir las alegrías y las penas de la humanidad con espíritu de colaboración. El compromiso no nace sólo de un acto de voluntad frío y calculador sino de una generosidad sincera y diáfana que hunde sus raíces en la fe en Jesucristo.

No existe misión sin “conversión del corazón” puesto que para ser responsables ante los demás nos hemos de situar en la experiencia de la caridad y ésta sólo nace de Dios. Ni nuestra voluntad, ni nuestros gestos, ni nuestra vida –aún cuando la entregáramos por los demás–, tiene sentido sin la virtud de la caridad. En la misión se requiere una fuente que sustente a la caridad y ésta mana y corre desde la Eucaristía. Por ello, en esta Jornada del DOMUND se nos recuerda que la misión ha de estar siempre unida al sacramento por excelencia que es la Eucaristía.

 En este momento se está preparando la XI Asamblea General Ordinaria del próximo Sínodo donde los obispos, en comunión con el Papa, reflexionarán sobre la Eucaristía como “fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia”. “Alimentándose de la Eucaristía, los cristianos nutren la propia alma y se transforman ellos mismos en el alma que sostiene el mundo” (A Diogneto, V, 5.9.11). Del sacramento eucarístico surge el don de la caridad y de la solidaridad, porque el sacramento del altar no se puede separar del mandamiento nuevo del amor recíproco.

De la Eucaristía –nos recuerda el Concilio Vaticano II– nace el deber de cada cristiano de cooperar al crecimiento del bien de la comunidad. La actividad misionera por la palabra de la predicación y por la celebración de los sacramentos, cuyo centro y culmen es la Eucaristía, hace presente a Cristo. Y esta es la finalidad primera de toda acción misionera. La Eucaristía es un regalo para la misión puesto que transforma la vida humana personal y comunitaria. En ella, además, han de estar todos los seres humanos y desde ella han de estar atendidos puesto que nadie es anónimo; en la Eucaristía se muestra el “rostro sufriente de la humanidad”. Desde ella se abre la puerta de la vida y de la cercanía de la caridad. Nadie ha de sentirse ajeno y extraño puesto que el sacrificio de Cristo se ha ofrecido por todos.

El DOMUND 2004 nos ha de hacer sentir mucho más fuertes en la caridad y, sabiendo de dónde ésta procede, comprometernos a ser más reflejo amoroso de Dios por toda la humanidad. Para que todos los que aún no conocen a Cristo encuentren “pequeñas señales” en aquéllos que, desde el bautismo, ya hemos sido constituidos misioneros.

 

Revista Misioneros Tercer Milenio, verano de 2004