Acción de gracias por el Papa Benedicto XVI


Mons. Francisco Pérez González
Director Nacional de OMP - España

 

 

Damos gracias por el Papa Benedicto XVI, aunque no podemos olvidar al gran Papa Juan Pablo II; él, que supo surcar los mares de la vida fiándose del Señor, nos ha dejado su mejor testamento. Su vida fiel al amor de Cristo y apasionada por la Iglesia ha sabido ofrecernos, con un “aroma y sabor interior”, que la fe es algo grande y que por ella bien merece la pena vivir, y que el morir no es definitivo, sino un paso obligado para entrar en la eternidad. Hasta en el momento de la muerte nos llegó a enseñar y adoctrinar el Papa Juan Pablo II “el Grande”. Ahora, iniciamos otro momento tan importante como apasionante en la sucesión apostólica con el Papa Benedicto XVI, hombre de grandes dotes humanas, intelectuales y doctrinales. Y, si esto es importante, no es lo más destacado, puesto que él es “Pedro”, donde Cristo sigue sosteniendo a su Iglesia.

Nosotros, como cristianos, tenemos una gran responsabilidad a la hora de orientar la vida y es la de sostenerla sobre los cimientos fuertes que vienen dados por la palabra de Cristo, que es mucho más consistente que cualquier ideología humana. Y no podemos quedarnos impasibles ante los engaños que se ciernen y que hay que desenmascarar, puesto que no favorecen la regeneración humana. La valentía de la fe es la mejor forma de anunciar al género humano que su dignidad se basa en fundamentos firmes y no en banales promesas y en injustificadas formas de ser libres. Quien sostiene a la humanidad es el mismo que sostiene a la Iglesia: Cristo el Señor. Las indicaciones y enseñanzas de la Iglesia, que vienen refrendadas por el Sucesor de Pedro y los Sucesores de los Apóstoles, en comunión con él, no tienen nada de ciencia ficción y menos se las puede depreciar como si de una opinión más se tratara. Están basadas en las mismas enseñanzas de Cristo y en la autoridad que él concede de un modo especial a Pedro. “Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”.

Benedicto XVI es, más allá de sus dotes humanas, el Sucesor de Pedro y a él hemos de mirar con respeto, escuchando sus enseñanzas como procedentes del Salvador del ser humano: Cristo Jesús. Las falsas enseñanzas no educan al progreso humano, más bien desvían su atención y envuelven con promesas ilusorias y con artificiosos argumentos lo que el hombre no alberga en lo más profundo de su corazón. La lealtad íntima nunca contradice ni a la conciencia auténtica ni al Evangelio. Por ello apostamos aquellos que, unidos con el Sucesor de Pedro, comunicamos y anunciamos el mensaje de Cristo.

 

Revista Misioneros Tercer Milenio, mayo de 2005