Cuando la razón se nubla la fe se difumina y cuando la fe brilla la razón se ilumina. No son disquisiciones más o menos fantásticas para demostrar un ‘no sé qué’ de la vida. ¡Es la experiencia que nadie puede ni diluir ni destruir!. En mis años de juventud recuerdo, con mucho cariño y añoranza, las clases magistrales de los profesores que tuve en Roma y hubo uno que me dijo: ‘Si la fe no se hace vida en ti, el estudio se convertirá en una carga pesada; es más se puede convertir en un trampolín para deshacer la fe’. La razón no puede convivir sin la fe y la fe no puede encarnarse sin la razón. De la fe hay que dar razón y de la razón se hace cauce la fe. La fe es un encuentro personal con la Sabiduría y la razón se sustenta de la misma. Sólo Dios, que se ha encarnado en Jesucristo, puede hacer posible esta realidad. La fe es el esplendor de la razón.
No hemos de temer la verdad pues se impone por sí misma; la mentira es un fantasma que desaparece con la misma velocidad que aparece. Me causa dolor y pena que ciertas ideologías -envueltas en globos de colores- afirmen que lo ‘políticamente correcto’ ha de imperar sobre lo racional aunque se llegue a suspender y marginar la esencia fundamental que hay en el género humano: la espiritualidad y religiosidad. La auténtica religión no devalúa la dignidad humana sino que la pone en el verdadero lugar, no destruye lo que pueda realizar el hombre sino que lo discierne y lo valora, no pretende mayor bien sino aquél que hace posible la propia realización personal y social. Lo ‘políticamente correcto’ no concuerda, en muchos momentos, con lo ‘cristianamente correcto’ porque asume competencias que a la política no le corresponden y las distorsiona. El hombre, cualquiera que sea su ideología, no puede suplantar ni a la naturaleza, ni a la razón y menos a los designios de Dios.
La naturaleza por sí misma tiene códigos inmutables que nadie puede cambiar, de ahí que se diga que ‘la naturaleza nunca perdona’. Si se dan leyes (‘políticamente correctas’) que van contra la naturaleza como es la falta del respeto a la vida desde sus inicios, el cambio del sentido del matrimonio, la autoritaria potestad sobre la administración de la vida de aquellos que son inútiles a la sociedad -sustentado en una mentalidad hedonista y egoísta- ha de afirmarse que se está cayendo en un imperialismo del fuerte que contradice a lo ‘racionalmente correcto’ y a lo ‘cristianamente correcto’. Cuando se contradice la razón es a la misma esencia humana que se vilipendia y por tanto va en contra de la sabiduría, de lo racional y de la fe que está siempre en sintonía con lo natural y con la razón.
Tanto la razón como la fe ayudan a regenerar al ser humano y no se han de perder ninguna de ellas en ese diálogo que hace posible la regeneración en la humanidad. Si la fe da razón de sí misma, la razón se ilumina desde la fe. ¡Qué grande es creer y qué grande es razonar constatando que nuestra vida sólo tiene sentido desde Dios!.
Revista Misioneros Tercer Milenio, febrero de 2006
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