La grandez de la disponibilidad


Mons. Francisco Pérez González
Director Nacional de OMP - España

 

 

Siempre me impresiona ver la disponibilidad en las personas. No hay mejor encuentro que el de haberse uno relacionado con hombres o mujeres, abiertos al trabajo, sin poner trabas o dificultades. Sus cualidades brillan por sí solas y sus rostros manifiestan una luz particular. Por el contrario, cuando el trabajo se hace con antipatía y como si de un gran peso se arrastrara, nunca he encontrado personas resueltas sino más bien complicadas sicológicamente y con rasgos de contemplarse sólo a sí mismas.

La disponibilidad es una de las virtudes más importantes para un pueblo que desee progresar; la constancia y el sacrificio se convierten en la levadura que fortalece a la persona disponible. Los problemas, aun los más difíciles, vienen siempre resueltos cuando se lucha por seguir hacia delante en la empresa emprendida y sabiendo que esto supone dedicación y entrega.

La humildad amasa la auténtica disponibilidad y la perseverancia es levadura de acierto y de motivación para seguir luchando en la vida y en la vocación a la que uno se siente atraído. Tal vez, y no quiero ser catastrofista, uno de los mayores males morales que hoy se padecen, como son la desgana, la falta de motivaciones, la pereza, la desilusión..., tiene su raíz en la falta de disponibilidad.

La apertura de ánimo es muy importante a la hora de ir madurando en la vida y Dios premia con creces al que se abre generosamente por amor a él y a los demás. La familia –que, ahora, en estos tiempos necesita tanto apoyo– se verá fortalecida si todos a una trabajan para darse y ayudarse; basta que se obstruyan las relaciones, y los caminos que lleven irán hacia el fracaso y esto será un fruto amargo.

Sabemos que con nuestras propias fuerzas no podemos llegar muy lejos porque conocemos nuestra condición débil y frágil, pero contamos con la potencia de la fe que es capaz, incluso, de mover “hasta las montañas”.

Recuerdo con verdadero regocijo la labor que una misionera viene realizando en un país africano. Su constitución física es diminuta y débil, pero su entrega gigantesca; trabaja sin descanso, nada la turba, todo lo que hace la parece poco. Un día le pregunté: “¿Cómo haces para estar trabajando en tantos lugares?”. Y ella me respondió: “La fuerza no es mía, es de Dios, que me ha enviado aquí; sin su ayuda no podría ni mover o abrir una puerta, con Él me encuentro bien donde quiera que vaya”. Este es el mejor ejemplo de una disposición de vida que nace de un gran amor. Quien ama de verdad siempre estará disponible, quien no ama observará que su vida se convierte en un gran peso y en una triste realidad.

Usando un pensamiento paulino diría que cualquier cosa que nos suceda en la vida “tiene sentido” porque todo coopera al bien de aquellos que aman a Dios. Si de magnanimidad se trata, pasa por el esponjamiento del corazón; si ayuda el otro necesita, las manos abiertas están dispuestas; si aliento y esperanza se ha de manifestar, se hará posible gracias a la disponibilidad de amigos auténticos. La grandeza de la disponibilidad va en la misma proporción que el ensanchamiento y la amplitud del corazón.


Revista Misioneros Tercer Milenio, noviembre de 2006