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Este año la Infancia Misionera, en su repaso a los continentes, ha llegado a Oceanía. Hace dos años, este recorrido comenzó “con los niños de Asia... buscamos a Jesús”; continuó el año pasado “con los niños de África... encontramos a Jesús”. Este 2011 “con los niños de Oceanía... seguimos a Jesús”, un lema que es la definición resumida de lo que significa ser cristiano. ¿Qué es ser cristiano? Seguir a Jesús, seguir su camino...; es correr hasta ponernos a su altura y, así, continuar el camino conversando con este amigo que nunca te falla.
Sí, lo de caminar lo llevamos los cristianos en la sangre. Es lo que nos hace ser misioneros. Somos caminantes, seguidores, enviados... a anunciar a Jesús. Todo expresa movimiento. Pero, como el mensaje que anunciamos es el mismo Jesús que está vivo y al que seguimos y nos acompaña, también somos compañeros, amigos, comunidad, es decir, Iglesia.
Toda la historia de la Iglesia, la historia de los cristianos, está llena de caminantes, de seguidores de Jesús, siempre acompañados. Solo hay que acordarse de los primeros amigos de Jesús, los apóstoles. Se pusieron a caminar hacia todos los confines del mundo para anunciar la Buena Nueva. San Pedro llegó hasta Roma, Santo Tomás hasta la India, San Pablo... San Pablo no paró de caminar y seguir a Jesús. Incluso aquellos santos que se dedicaban a adorar al Señor en los monasterios “seguían” espiritualmente a este amigo que nunca nos abandona. La Patrona de las Misiones, Santa Teresita del Niño Jesús, es la mejor muestra. El mayor ejemplo de misionero, San Francisco Javier, recorrió medio mundo por seguir a Jesús.
A todos ellos, como a todos los misioneros, como a ti y a mí, nos acompaña Jesús. Pero ir con Jesús, seguirlo, ir a su paso, no es lo mismo que seguir a cualquier otro. Jesús camina firme y no duda. Sabe adónde va y adónde te lleva. Te da la mano y, si tú no quieres, Él no te suelta.
Jesús camina firme y no duda. Tenemos que mirarle y aprender a caminar como lo hace Él. La mejor forma para ello es leer el Evangelio, sentir su frío en el pesebre, ver sus gestos al curar a los enfermos, oír sus palabras a las multitudes y a sus apóstoles. Sin duda, esta es la mejor manera de aprender a caminar como Él, de aprender a seguirle. Los gestos de Jesús están llenos de atención amorosa y expresan profunda compasión por el hombre.
Sabe adónde va y adónde te lleva. Jesús nos conduce hacia su Padre, hacia Dios, hacia la Felicidad Plena, hacia todo lo que de verdad queremos… En el mundo hay guerras, Él nos lleva a la verdadera paz; en el mundo hay tristeza, Él nos lleva a la verdadera alegría; en el mundo hay odio, Él nos lleva al amor. Por eso, hay que tener una confianza plena en Él, para no dejarnos eclipsar por otras cosas. Ni tener muchas pertenencias, ni pasárselo bien a todas horas olvidándonos de los demás, ni creernos los más listos o los más guapos o los mejores; nada de eso puede sustituir a la verdadera alegría de seguir a Jesús.
Te da la mano y, si tú no quieres, Él no te suelta. Es un amigo, el mejor amigo. Él siempre estará para escucharte en la Eucaristía; nunca te dejará. Él no se enfada, ni te echa en cara nada; solo quiere que le digas que sí, que le sigas. Ponte al paso de Jesús, síguele, habla con él: es tu amigo.
Revista Misioneros Tercer Milenio, enero de 2011
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