Institutos y Congregaciones Misioneras

 

 

Agustinos de la Asunción

Hombres de fe y de comunión, solidarios de los pobres

El primer artículo de la Regla de Vida de los Agustinos de la Asunción dice: “Los Asuncionistas somos religiosos que vivimos en comunidad apostólica. Fieles a nuestro fundador, el P. d’Alzon, nos proponemos, ante todo, trabajar, por amor a Cristo, en favor del advenimiento del Reino de Dios en nosotros y a nuestro alrededor”.

Una congregación religiosa, un fundador y una misión...

Un fundador

Como muchas otras, nuestra congregación nació en el siglo XIX,  en Francia. Su fundador es el padre Manuel d’Alzon, joven sacerdote, vicario general de la diócesis de Nîmes, director de un colegio privado. Procede de una familia acomodada, muy religiosa; su padre es diputado en la Asamblea Nacional de París. Pudo aspirar a ser militar de carrera, como algunos de sus antepasados, o abogado, o político...; pero decidió que la mejor causa que defender era “la causa de Dios”.

Se formó en París y Roma. Vivió en una provincia apartada del Mediodía, pero su interés no tiene límites: la sociedad, la nación, la Iglesia... El XIX es un siglo convulso, en Francia y en la Iglesia, en lo político, en lo social, en lo religioso... Sensible, por naturaleza y por gracia, a los grandes cambios de su país y del mundo tras la Revolución Francesa, Manuel d’Alzon sufre allí donde Dios es amenazado en el hombre y el hombre amenazado como imagen de Dios. Movido por el Espíritu, se siente impulsado a compartir con otros hermanos su pasión por la venida del Reino de Dios. En la Navidad de 1845, en el Colegio de la Asunción de Nîmes que él regenta, funda la primera comunidad asuncionista. La quiere moderna y, a la vez, enraizada en la tradición de la Iglesia. La quiere atenta a san Agustín en lo referente a la experiencia de Dios, a la vida fraterna, al amor a la Iglesia y al servicio del hombre en la verdad, la unidad, la caridad... Por eso quiso que nos llamáramos en la Iglesia Agustinos de la Asunción.

El fundador sensibiliza a sus primeros discípulos hacia las grandes causas de Dios y del hombre de su tiempo: la verdad, la fe, la unidad de la Iglesia, las vocaciones, los pobres... Y los lanza por caminos nuevos y audaces: seminarios para pobres, “Misión de Oriente” (ecumenismo en países de la ortodoxia), periodismo, peregrinaciones, servicio a las familias obreras... Todo, con un único fin: “Adveniat Regnum Tuum” (ART). El añadido que se recoge en nuestra Regla, “en nosotros y a nuestro alrededor”, une inseparablemente al apostolado nuestra propia vida espiritual. “Para nosotros, oración y contemplación se unen en un mismo fin: servir a la extensión del Reino de Jesucristo”.

 

Una misión

Cuando el P. d’Alzon adopta para su congregación esa divisa, “Adveniat Regnum Tuum”, está señalando el objetivo fundamental de todo apostolado y de toda vida cristiana. “¿Acaso religiosos y cristianos no repiten todos los  días, con la oración dominical, este grito del que queremos hacer nuestro grito de armas?...”. Lo común, lo concreta para nosotros: “El celo por los derechos de Dios en la Tierra y la salvación de las almas”. Nosotros hablamos de la causa de Dios y la causa del hombre; unidas. “¿Cuál es, pues, este Reino de Dios? Es el estado de relaciones íntimas al que nosotros debemos llegar según lo que Dios es y según lo que somos nosotros”.

¿Los medios? “Todas las obras por las que el pueblo puede ser elevado, instruido, moralizado... son nuestras obras. Y vemos entonces qué campo inmenso se nos ofrece: la visita de los enfermos, la evangelización de los pobres, la dirección de los orfanatos, la propagación de libros buenos, y otras obras imposibles de enumerar, porque nacen a diario”.

 

Nuestra labor

La trilogía agustiniana: verdad, caridad, unidad, inspiró todas la obras apostólicas que emprendió el P. d’Alzon. Sus hijos, herederos de su espíritu, tratan de vivir su vocación apostólica adoptando unas veces los medios de los   que se valió el fundador, y otras    ideando nuevos modos, conforme a las llamadas del Espíritu y las necesidades del tiempo presente. “Todas nuestras actividades estarán animadas por un espíritu doctrinal, social, ecuménico” (RV).  Señalemos algunas.

Verdad/Doctrinal. El P. d’Alzon se afanó en promover la enseñanza “bajo todas sus formas”, preocupado por la ignorancia de los fieles y de la sociedad laica sobre la fe, la Teología, la Historia de la Iglesia... Soñó con crear una universidad católica. Hoy día, la Asunción tiene una docena de colegios en siete países, una universidad en EE UU y otra en la R. D. del Congo, y crea escuelas rurales en Madagascar; otros religiosos son profesores universitarios. En su día los asuncionistas crearon el Instituto de Estudios Agustinianos, universalmente conocido y valorado por los especialistas, hoy vinculado al Instituto Católico de París. Lo mismo se puede decir del Instituto de Estudios Bizantinos, cuya revista especializada sigue editando dicho Instituto Católico de París. Con la misma preocupación por la formación, ejerció el “apostolado de la pluma” e impulsó la creación de una prensa popular y la edición de libros. Así nacieron, todavía en el siglo XIX, lo que hoy son la editorial Bayard y el diario La Croix. Y por último, muchas comunidades asuncionistas en distintos países tienen parroquias a su cargo.

Caridad/Social. El P. d’Alzon, vicario episcopal, sostuvo e impulsó las obras sociales de su diócesis. Acogió en la congregación, con su obra, al fundador y responsable de un orfanato en una zona minera. Uno de los primeros discípulos del P. d’Alzon, el P. Esteban Pernet, fundó las Hermanitas de la Asunción, dedicadas a ayudar en tareas domésticas a familias obreras necesitadas. Hoy los asuncionistas tienen orfanatos en varios lugares, son capellanes de prisión, tienen obras específicas para atender a indigentes, inmigrantes y “sin papeles”... Para las nuevas implantaciones, se busca que sean en zonas populares.

Unidad/Ecuménico. El P. d’Alzon, hombre del siglo XIX, muy preocupado por la división de la Iglesia, quiso “combatir la herejía” y “traer a Roma” a las Iglesias de Oriente. Él mismo fue a Constantinopla a estudiar la situación y en 1863 envió a un religioso a instalarse allí. Para acompañarle en su labor, fundó las hermanas Oblatas de la Asunción. Así nació lo que llamamos la “Misión de Oriente”. A pesar de los avatares político-religiosos de los países del este de Europa, y con una nueva comprensión del ecumenismo, hoy, 125 años después, la Asunción tiene una comunidad en Jerusalén (San Pedro en Galicanto), una en Atenas, una en Estambul (el vicario apostólico de Estambul es asuncionista), una en Moscú, tres en Rumanía (de rito latino y de rito bizantino) y una en Bulgaria (de rito bizantino). Tres religiosos búlgaros, fusilados en el año 1952 por el régimen comunista, fueron declarados beatos por el papa  Juan Pablo II en 2002 en Plovdiv.

En mayo de 2011, la congregación de los Agustinos de la Asunción ha celebrado su 32.º Capítulo General. En él, los asuncionistas, “herederos de un rico pasado apostólico y fundadores para dar respuesta a los desafíos de tiempos nuevos”, han proclamado su voluntad de ser “hombres de fe, hombres de comunión, solidarios de los pobres”. 

 

 

DATOS DE CONTACTO

AGUSTINOS DE LA ASUCIÓN
C/ Verdiales 3
04009 Almería

 

Por P. José Antonio Echániz
Agustinos de la Asunción
Artículo publicado en Misioneros Tercer Milenio, nº 120, diciembre 2011