Paz, verdad y unidad en el amor

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 on Sebastián Gili Vives nació en Artá (Mallorca) el 16 de enero de 1811. Fue ordenado sacerdote en 1835 y, después de ocho años de ensayo pastoral en dos parroquias de Palma, ofreciendo claras demostraciones de su amor hacia los expósitos, los pobres y los enfermos, no pasó desapercibido a las autoridades civiles, que le vieron como la persona idónea para desempeñar el cargo de director de todas las instituciones benéficas de Mallorca. Así, mostró su preocupación por los más desfavorecidos, en un siglo convulso debido a la situación política, las epidemias, el hambre y las necesidades de todo tipo.

 

Origen y fundación

La vida del padre fundador aparece inserta en un mundo plagado de injusticias, calamidades públicas y conflictos sociales. A raíz de esto se fue fraguando una vida interior en la que resplandece su deseo de servir a Dios en los pobres. El 6 de febrero de 1859 nació la Congregación de Agustinas Hermanas del Amparo, de la imperiosa necesidad que sentía nuestro fundador por llegar hasta donde le urgía la caridad; él y cuatro jóvenes se lanzaron a la ardua tarea de la fundación, bajo el amparo de Nuestra Señora de la Consolación.

La congregación nunca estuvo exenta de pruebas y dificultades, pero D. Sebastián, como luchador incansable, estuvo al frente de ella hasta que la enfermedad y la vejez le doblegaron. A partir de 1867 la congregación comenzó su expansión por Ibiza, y en 1868, al producirse el cambio de régimen y ser cesado D. Sebastián en los centros benéficos, empezó a extenderse por los pueblos de Mallorca. Ya más adelante, en 1952, se abren nuevos caminos con la instalación de varias comunidades en la Península, y después en Italia, Perú y Centroamérica. Es lo que nuestro fundador hubiera querido, y así se hizo.

Nuestro carisma, después de 150 años, es vivo y actual: promover la paz, defender la verdad y lograr la unidad en el amor. Ayudar al necesitado sin acepción de personas y suscitar un clima de serenidad y alegría. Este es el sello que nos distingue y marca nuestro ser y hacer. El centro de gravedad de cada hermana nos hace encontrarnos con el ser humano que padece necesidad.

 

Nuestra labor misionera

Con el capítulo general de 1972, la congregación recibió aires de renovación y apertura y decidió enviar a Perú el primer equipo misionero, compuesto por cuatro hermanas, como en los comienzos. Hoy cuenta con dos comunidades en la sierra, tres en la costa y una en Lima. En 1992 se abrió camino hacia Honduras y Costa Rica, y en 2005 se estableció en Ocotal (Nicaragua); en total, 63 hermanas trabajan en las misiones de América.

Nuestra labor misionera es solo una pequeña muestra de la titánica historia de la evangelización, en este caso protagonizada por nuestras hermanas, que a lo largo de 36 años han puesto en marcha un desarrollo integral de muchas personas en estos países, para anunciar a los pobres la Buena Noticia. Y esto, a través de obras educativas y centros de alfabetización; en la pastoral sanitaria, con la formación de promotores de salud, que trabajan en los botiquines y consultorios médicos, donde el cuidado y acompañamiento a enfermos en dispensarios y visitas a domicilio les ayuda a descubrir el valor redentor de su enfermedad; en la pastoral parroquial, con la realización de una labor pastoral y catequética con niños, jóvenes y adultos, preparando celebraciones que ayuden a descubrir y compartir la Buena Noticia, caminando con las comunidades cristianas y colaborando en los grupos de reflexión; en las obras sociales, atendiendo a la promoción de la mujer con la creación de talleres, visita a los caseríos, comedores de ancianos, etc. Todo esto es misión itinerante en lugares de frontera. La pastoral vocacional ocupa un lugar preferente.

 

Objetivos de futuro

Nuestra congregación hoy, como en tiempos del fundador, quiere ser luz en un mundo que se apaga en medio de una ceguera generalizada por la falta de fe y de valores y por el rechazo de Dios. El anuncio del Evangelio no puede desligarse de la promoción humana; por eso nuestras misioneras se han convertido en verdaderas protagonistas del desarrollo de los pueblos. Han sido elegidas y enviadas para servir a los demás. No son meras gestoras de obras sociales: sus vidas representan un compromiso con los más pobres. Son mujeres audaces, abnegadas, llenas de coraje y entrega, que se encuentran en los lugares más castigados, en cada uno de los infiernos que se abren sobre la faz de la Tierra; mujeres sencillas, que se ponen siempre del lado de los más desfavorecidos, cumpliendo su vocación y la llamada de la misión.

Somos testigos de la oferta de plenitud y salvación que viene de Dios, y debemos profundizar en el carisma, porque sus efectos no son ni privados ni superfluos. Esto permitirá revitalizar la congregación y ser un referente para los jóvenes. Esta imagen distinta es la que el mundo espera ver en nosotros. Las personas echan en falta la presencia de mujeres soñadoras o místicas que les hablen de Dios en este mundo que se descristianiza; allí están los nuevos ídolos, con sus altares, sus sacerdotes y sus ritos, y allí están los que se postran ante estos nuevos ídolos.

Nuestro carisma refleja un innegable fondo de universalismo evangélico, apuntando en una única dirección: un cristianismo radical y apasionantemente vivido, con primordial sentido comunitario, capaz de realizar de modo multiforme el encuentro y el servicio con Dios y el hombre. La Hermana del Amparo no es una poseedora instalada de la verdad, sino compañera de camino en la aventura de descubrir la vida. Ahora y siempre, nuestra palabra hecha servicio seguirá viva en el tiempo.

Nuevamente la Pascua se expande por el mundo y se vuelve misión, y el Señor sigue mostrándose a lo largo de la historia. Los rigores del invierno que atraviesa la vida religiosa en Europa van pasando, comienza a alborear una gran primavera, que empieza suavemente a florecer, y este árbol ofrece al Señor sus frutos.

 

DATOS DE CONTACTO

AGUSTINAS HERMANAS DEL AMPARO
Cabrera, 5
07400 Alcudia - Baleares

Teléfono: 971 54 58 43

Web: http://www.agustinasdelamparo.com/

Por Soledad Antolín
Agustina hermana del Amparo
Revista Misioneros Tercer Milenio