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siendo cada vez más real el hecho de que nuestras señas de
identidad no pueden reducirse sólo a un papel. Hay que rastrear
más a conciencia, bajar a los sótanos de las células y leer
despacio el mapa de nuestro particular genoma. Es entonces
cuando nos conocemos de verdad y podemos luchar con todas las
armas en la aventura de la vida.
Pues
bien, corren por nuestras venas agustino-recoletas gotas de
sangre antigua, oxigenada luego en los tanques reformadores de
Trento y en la experiencia misionera temprana. He ahí un tronco
viejo con su rama verdecida en la eterna primevera del Espíritu.
Quienes se acercan nos ven como una fraternidad de consagrados
al servicio de la Iglesia. Una reserva especial de voluntarios
para lo que haga falta.
¿Quiénes
somos?

Somos una familia de honda raigambre, con nombre propio y
apellido. Aquél nos lo dio el incansable buscador de la verdad,
maestro de Occidente y primer hombre moderno, el preclaro Agustín
de Hipona; éste lo heredamos del deseo sincero de perfección
que la piedad del Señor despertó en algunos frailes en la
segunda mitad del siglo XVI. Somos antiguos conventuales de vida
mixta, el milagro de un fecundo mestizaje, en el que se conjugan
la interiorización con el apostolado, el “ocio santo” con
el “negocio justo”, la sed de la verdad con el servicio de
la predicación evangélica. Llamados por Dios, nuestra vida
quiere ser la expresión armónica de tres amores: el casto
contemplativo, el ordenado comunitario y el difuso apostólico.
Somos mendicantes antañones, atentos a los signos de los
tiempos reciclados, ante los nuevos desafíos de la sociedad,
para implantar la insobornable presencia de Cristo en el mundo.
¿Adónde
vamos?
En sintonía con la solicitud por todos que mostró nuestro
padre san Agustín, también hoy y siempre, los agustinos
recoletos vamos allí “donde la Iglesia nos llama”, sea que
reclame nuestra presencia en los “caladeros” misionales, sea
que nos necesite en ministerios parroquiales o en diversos
centros de acción pastoral, tanto en el apostolado educacional
y cultural como en las iniciativas ecuménicas, los peritajes técnicos
profesionales o la pastoral de la salud. Así lo exige la
urgencia de la caridad, cuya esencia es dar y cuyo impulso
natural es extenderse entre los semejantes para robarlos a todos
para Dios. Y así nos lo señala san Agustín: “mientras tú
te entregas al ocio..., la abundancia de la impiedad entiba en
muchos la caridad”; por eso Dios “llama a la puerta para
sacudir el sosiego de los buenos ociosos y clama: ábreme, predícame”
(Sobre el Evangelio de san Juan 57, 4).
¿Qué
hacemos?
Como
misioneros, tratamos de evangelizar y establecer los fundamentos
de la fe y las costumbres cristianas con una vida ejemplar,
mediante la caridad y el ministerio de la palabra. Nos
esforzamos por instaurar el catecumenado y cultivar las
vocaciones autóctonas; trabajamos en promover la formación de
seglares y fomentar la creación de un laicado adulto; luchamos
por erradicar las lacras de la pobreza y el analfabetismo, la
falta de higiene y atención médica y las míseras condiciones
de vida que cierran el futuro a tantos pueblos. Enamorados de
los más pequeños, aprendemos sus lenguas y potenciamos sus
tradiciones y culturas, y luchamos contra toda injusticia que
pueda socavar los cimientos de la dignidad humana.
Agustinos
recoletos por el mundo
Los
Agustinos Recoletos somos actualmente 1.240 religiosos,
sacerdotes y hermanos de 27 nacionalidades y una media de edad
de 49 años. La Orden está dividida en 8 Provincias, con 208
casas esparcidas por toda la rosa de los vientos. Trabajamos en
cuatro continentes. Estamos en Europa: España, Inglaterra e
Italia; en Asia: Filipinas, Taiwán y China; en África, Sierra
Leona; y en América: Estados Unidos, Brasil, Colombia, Méjico
Venezuela, Perú, Panamá, Argentina, Costa Rica, República
Dominicana y Guatemala.
Administramos 176 parroquias y regentamos 48 centros de enseñanza,
entre ellos dos universidades, con 80.000 alumnos. Nuestras
Misiones, centradas en Casanare (Colombia), Lábrea y Marajó
(Amazonas-Brasil), Chota (Perú), Bocas del Toro (Panamá),
Ciudad Madera-Cuauhtémoc (Méjico), Kaohsiung (Taiwán
[Formosa]), Kweiteh (China), Sarapiquí (Costa Rica) y Sierra
Leona (África), cuentan con más de 100 núcleos poblacionales
y centros de misión. Vivimos con indígenas de distintas
tribus: guamíes, kumas, talamancas, tarahumaras, apaches, sálivas,
piapocos, guahivos, zuruajás, limbas, fulas, mandingos,
etc. Forman parte de nuestra familia 73 fraternidades
seglares, extendidas por 18 países, con 2.900 miembros. Han
sido elevados a la dignidad episcopal 15 hermanos nuestros, la
mayor parte en zonas deprimidas de cristiandad creciente, y 27 jóvenes
se preparan, en el noviciado, para continuar esta apasionante
tarea.
Santiago
Marcilla
Agustino Recoleto
Revista
Misioneros Tercer Milenio
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