Pasión de Cristo, pasión por la vida

S

an Pablo de la Cruz (1694-1775) es el fundador de la Congregación Pasionista. Su vida, que trascurre en la Italia del siglo XVIII, está caracterizada por su condición de apóstol, fundador y místico. Muy joven experimenta la llamada de Dios a la soledad unida al deseo de reunir compañeros para que, habiendo experimentado el amor de Dios en la pasión de Cristo, lo anuncien y testifiquen con su vida y apostolado.

Pablo Danei cambia su nombre por el de Pablo “de la Cruz” porque recibe el don de Dios que le permite reconocer en la pasión de Jesucristo “la obra más estupenda del divino amor”. Es consciente ya en su época de que muchos de los males provienen de este olvido. Por ello sus compañeros han de adoptar el “modo de vida de los apóstoles”: La itinerancia para el anuncio y la contemplación para la configuración con Aquél del que han sido hechos testigos: Cristo Crucificado-Resucitado.

Su vida de misionero está marcada por un incansable deseo de proclamar a todos, especialmente a los más alejados y excluidos –que en su tiempo eran los habitantes de las marismas–, el Misterio Pascual de Jesucristo. Hacer memoria de Cristo Crucificado y enseñar a hacerla es el objetivo de la congregación misionera por él fundada. A su muerte, en 1775, la congregación está establecida en Italia con 12 comunidades y ya está en proyecto la misión en Bulgaria y el deseo de fundar en Inglaterra.  

En Misión hoy

En este momento la Congregación, formada por unos 2.500 religiosos, está presente en 58 países de los cinco continentes. Nuestra misión nace de la memoria de la pasión de Jesucristo. Desde la contemplación de este misterio de amor nos sentimos enviados a la humanidad, especialmente a aquellos en los que se prolonga hoy su pasión, anunciando y realizando con ellos el camino pascual.

Nuestra presencia, especialmente en los países de misión, queremos que sea un anuncio de la fuerza de la cruz que denuncia toda injusticia, revela la solidaridad de Dios con todos los “que hoy son crucificados” y proclama que la última palabra de la historia la tiene el poder de Vida y Resurrección que Dios es.

La presencia misionera en América Latina está fundamentalmente vinculada a las Provincias religiosas de España e Italia. En estos países los pasionistas escuchamos y acompañamos el latir de estos pueblos que reclaman una vida de hijos de Dios y tantas veces viven oprimidos por las injusticias, la violencia, la corrupción y las carencias más elementales. Deseamos con ellos proclamar al Dios de la Vida y construir una Iglesia y una sociedad más fraterna, compasiva y solidaria.

La presencia en los países de África nació del envío misionero de las Provincias del Norte de Europa, Bélgica, Inglaterra, Irlanda. En estos países el anuncio de la fuerza salvadora de la Cruz ha suscitado florecientes comunidades cristianas que, acogiendo la novedad del Evangelio, son fermento de una nueva sociedad. La presencia en Asia –Indonesia, Japón, Filipinas– nació de la evangelización de las Provincias de los Estados Unidos. En ella la congregación está viviendo en este momento un gozoso florecimiento.

En cada uno de los centros el trabajo misionero nace de las urgencias percibidas al leer la realidad desde la memoria de la pasión de Jesucristo. Por ello, el ministerio de la Palabra de la Cruz toma muchos rostros y emprende muchas acciones: creación de centros de acogida, servicios sanitarios y educativos, acompañamiento y creación de comunidades cristianas, celebración y educación en la fe, creación de centros de espiritualidad o de reflexión sobre el sufrimiento humano...  

La Familia Pasionista

La realización de la misión pasionista no se agota en los religiosos, sino que se prolonga en las religiosas pasionistas. San Pablo de la Cruz fundó las religiosas de vida contemplativa. Y posteriormente han nacido otros institutos vinculados a su carisma original. En concreto, los más cercanos en vivencia y misión son las Hijas de la Pasión de Jesucristo y de María Dolorosa, las Hermanas Pasionistas de San Pablo de la Cruz y las Siervas de la Pasión. Además se prolonga la misión en los numerosos miembros laicos de la Familia Pasionista que, desde su condición laical, testimonian el valor liberador y salvador del Señor Crucificado.

Los grandes desafíos que deseamos asumir en nuestra misión desde la memoria passionis son “la injusticia y el hambre de justicia; la ausencia de Dios y el ansia de Dios”. Estos fueron los grandes retos que la congregación se planteó en el año 1988 en su 42 Capítulo General. Para afrontarlos, en el Capítulo del año 2000 se tomó como lema: “Pasión de Cristo, pasión por la vida”. Desde él deseamos vivir nuestro compromiso carismático en medio de la Iglesia y del mundo. Hemos asumido el compromiso por “la justicia, la paz e integridad de la creación”, deseando prolongar la misión de Aquél que se “anonadó” para solidariamente revelarnos el rostro amoroso de Dios Padre. Somos muy conscientes de los enormes retos y las urgencias que hoy reclaman a la misión cristiana. Confiamos que nuestro anuncio y nuestra vida sean siembra de la vida del Crucificado, semilla de la Pascua que Dios quiere para todo la humanidad.

 

DATOS DE CONTACTO

CONGREGACIÓN PASIONISTA
Asura, 34
28043 Madrid
Teléfono: 91 300 00 41
E-mail.: smaes@planalfa.es

Web: http://www.passiochristi.org/

 

Por José Luis Quintero Sanchez
Congregación Pasionista
Revista Misioneros Tercer Milenio