Cien años al servicio de la Iglesia

A

l hablar de nuestra Congregación, de nuestra identidad propia como Esclavas de la “Inmaculada Niña”, no podemos dejar de mencionar a María, en el misterio de su Infancia, como nuestra Reina y Madre. Ella ha guiado siempre nuestra acción misionera. Ella nos impulsa a llevar la Buena Noticia a los lugares más lejanos y necesitados. Para esta misión, nuestros Padres fundadores nos quieren disponibles, valientes y ligeras de equipaje, dejarlo todo para llevar el Mensaje de Jesús Siervo a imitación de María, la Esclava del Señor.

 

¿Quiénes somos?

Somos una familia religiosa que surge de la fusión de dos carismas, dados como don al P. Federico Salvador Ramón y a la M. Rosario Arrevillaga Escalada.

El padre Federico nació en Almería el 9 de marzo de 1867, en el seno de una familia cristiana. De labios de su madre aprendió la devoción a María, cuando ésta lo llevaba de la mano a postrarse ante el altar de la Virgen. Ingresó en el Seminario de Almería y fue ordenado sacerdote el 20 de diciembre de 1890. Siendo capellán del monasterio de la Inmaculada –Las Puras– se produjo en su vida espiritual un giro decisivo en su entrega radical a Dios. De este tiempo exclama: “Por Ella, todo”.

Desde este acontecimiento descubre su vocación y misión. Sabía que tenía que ser su esclavo. Desde un deseo grande de obedecer, ingresa en los Operarios Diocesanos, es enviado a Roma como vicerrector del Colegio Español.  Después de dos años su destino es México, donde se encontró a sí mismo en su identidad más profunda de Esclavo de la Inmaculada al servicio directo de la Palabra de Dios. Iguala, Apango, Olinalá, Tlapa…y otros muchos lugares a los que la Providencia Divina lo fue llevando.      

M. Rosario de Jesús Arrevillaga Escalada inicia su vida el 12 de noviembre de 1960, en la ciudad de México;  fruto de la oración de sus cristianos padres, “…ellos se levantaban a media noche a rezar la Hora de quince misterios de rosario para que Dios les diera una niña; y a fuerza de orar vino ella al mundo”. Vivió en condiciones muy precarias, pero con una fe profunda y plena confianza en Dios. En sus años de juventud, tenía inquietud por ser religiosa y frecuentaba el monasterio de religiosas Concepcionistas de S. José de Gracia, con quienes pretendía ingresar, pero Dios le tenía preparada otra gran misión. En el día de su onomástica del año de 1880, fue a visitar a las religiosas de las que recibió como regalo una pequeña escultura de la Divina Infantita, devoción que poco a poco se extendía desde dicho monasterio, de la cual ella ya se había enamorado, se arrodilló ante la Imagen y exclamó: “Así es como llena mi corazón”. 

Desde ese momento el Espíritu le dio unos ojos nuevos, una fuerza nueva; y esa fuerza no era otra cosa que "la Infancia espiritual". Una verdadera locura por la Divina Infantita animará a Rosarito hasta el último suspiro de su vida.

 

El nacimiento

Dios va preparando los corazones de sus dos hijos para grandes obras, y es así como el P. Federico y la M. Rosario –desde la fusión de los dos carismas personales, en la ciudad de México, el 23 de febrero de 1901, movidos por el Espíritu de Dios– formaron en la Iglesia esta familia religiosa de Esclavas de la Divina Infantita; congregación que el primero de mayo de 1963 adquiere toda su dimensión eclesial, con el Decreto de alabanza, otorgado por Su Santidad Juan XXIII con el nombre de: Esclavas de la Inmaculada Niña.

La Congregación nace ante la necesidad de la educación en México, donde el anticlericalismo se respiraba por todos los rincones del país. Rosarito vivió en su entorno el mundo de la marginación, de los pobres, de los niños abandonados y esta realidad le hizo descubrir su preocupación por quienes son su verdadera imagen, las niñas y niños desvalidos y abandonados. Contempló en su misma puerta el espectáculo lacerante de unas niñas medio dormidas de inanición, desde donde Dios le inspiró la creación de asilos ante la necesidad de educar a la niñez y juventud en los principios cristianos.

Desde esta realidad, vivida por nuestros fundadores, surge nuestra Congregación, cuya regla suprema de nuestra vida es el seguimiento de Cristo propuesto en el Evangelio e interpretado por nuestros Fundadores... con María,  la Esclava del Señor, aceptando en amor la voluntad del Padre… trabajar en la extensión del Reino mediante la evangelización y la educación cristiana.

 

¿Dónde estamos?

En la actualidad nos encontramos en México, donde nacimos. Trabajamos en las montañas de Guerrero, con niñas y jóvenes indígenas que bajan a las pequeñas ciudades donde están las casas hogar para recibir educación y atención y, en un futuro, ser promotoras e impulsar a sus comunidades. En Oaxaca, en la zona trique: grupo étnico oprimido por los grupos cercanos y entre ellos mismos; hablan su lengua propia trique, ya en extinción; a causa de la pobreza emigran y descuidan la transmisión de su propia cultura. Trabajamos de manera especial con niños y niñas y desde ellos nos acercamos a sus familias, ocupándonos de la promoción humana con apoyos que llegan de la capital federal en variadas campañas. Además atendemos colegios, parroquias e internados en varios Estados del país.

También estamos en España, donde las primeras hermanas llegaron en 1908. Estamos próximas, por tanto, a celebrar el primer centenario. Aquí la devoción a la Inmaculada Niña se extendió rápidamente, gracias al carisma apostólico de Nuestro Padre Fundador y de las tres primeras hermanas que llegaron a la madre Patria. Aquí la acción evangelizadora creció en: escuelas dominicales, periodismo, internados, colegios y parroquias situados en diferentes ciudades de la geografía española.

Dentro de las preocupaciones de Nuestro Padre Fundador estaba el sueño evangelizador de África y Medio Oriente. A Nuestra Madre Fundadora le escribe: “Ahora... estoy como lleno de ansias de que empecemos a trabajar en África… Por este motivo se me avivan las ganas de un modo tal de ir a Melilla y a todas las ciudades de África… que ya estoy suspirando por conocerlas y por ver que podemos hacer allí”. La primera misión en Marruecos se inaugura en Nador en 1929, y al siguiente año, 1930, en Al-Hoceima. Primero, con un colegio, cuando era protectorado español, y, en la actualidad, nuestra acción misionera la realizamos mediante la promoción de la mujer, en academias de corte, bordado a máquina, bordado a mano, informática y clases de español.

También estamos en Brasil. Siguiendo el deseo de Nuestros Padres Fundadores de ir a los lugares más pobres, en 1981 se inicia nuestra andadura por este país, en el Estado de Salvador Bahía. Primero, Tremedal, Caitité y Cordeiros; después, Mata Escura y, ahora, en Salvador centro y en la periferia, Rio Sena, aquí acompañamos a niños de la calle o de muy pocos recursos. Desde hace pocos años nos encontramos también en el Estado de Sergipe, en la periferia de Aracaju.

Nuestra Congregación abre nuevos horizontes en Argentina, Nicaragua, Costa Rica, Estados Unidos y Roma, y en un futuro próximo marcharemos a otros países.

En cada uno de estos países, nuestro apostolado es diverso, según las necesidades del lugar. Estamos abiertas a las urgencias del mundo que nos toca vivir, allí en donde la Iglesia nos llame, desde  un encuentro profundo con el Señor Jesús en la oración de cada día, para estar siempre dispuestas, como María, en total abandono a la voluntad del Padre. 

Revista Misioneros Tercer Milenio