Si Dios es amor, 
        la caridad no puede tener fronteras

L

a frase de San León Magno que da título a este artículo explica nuestra experiencia de misión. Porque las Hermanas de la Caridad de Santa Ana somos misioneras. Nuestra identidad es la vivencia de una caridad universal, principalmente con los más pobres y necesitados, hecha hospitalidad hasta el heroísmo. Y es la vivencia del amor la que nos empuja siempre más allá de las fronteras.
         El germen de nuestra vocación misionera late desde los inicios de la Congregación cuando, en 1804 (el año próximo celebraremos nuestro bicentenario), un grupo de doce Hermanas abandonan su tierra catalana para servir a los enfermos del Hospital Real y General de Nuestra Señora de Gracia, en Zaragoza, cuyo lema era urbis et orbis (de la ciudad y del mundo).
           El ideal misionero se recoge ya en las Constituciones de 1883 y se hace realidad cuando un grupo de Hermanas, animadas de ese espíritu, dejan España y, en 1890, llegan al Lazareto de la Isla de Providencia en Maracaibo (Venezuela). En 1951, con la fundación en Nadiad (India), la acción apostólica de la Congregación se extiende a misiones vivas.

En treinta países

     
Hoy estamos en treinta países de los cinco continentes, donde las 2.542 Hermanas que formamos la Congregación, realizamos el anuncio de Cristo Salvador principalmente entre los más pobres y necesitados. El mensaje se transmite a través del servicio de caridad en diferentes ministerios (sanidad, educación y obras sociales), y mediante el testimonio de vida evangélica y el anuncio explícito de la Palabra.
         Fruto de la acción misionera de la Congregación son las numerosas Hermanas nativas que pertenecen a la misma y encarnan los valores propios de su país y de su gente. Semilla de continuidad y novedad, presencia de Jesús Resucitado.
        El amor, al que nada le es ajeno, mira con predilección a lo más necesitado. La Congregación, fiel a sus orígenes y al mandato del Señor, atiende preferentemente a los más pobres. 

Diferentes rostros, una única caridad

          Conscientes de que la mujer tiene mucho que aportar en el desarrollo de sus comunidades, las Hermanas colaboran desde 1997 en el Centro de Promoción Femenina Ratz'um  K'iche de Boloncó (Guatemala) donde se atiende la formación integral de 130 muchachas y se ha graduado ya la primera promoción que ha finalizado sus estudios básicos.
           Crear espacios que favorezcan el diálogo, ámbitos donde los niños y los jóvenes expresen lo que quieren y lo que sienten estimula la responsabilidad y el compromiso. Los talleres VIVA es una experiencia nacida en la realidad cubana como un servicio de animación infantil que promueve el desarrollo de valores humanos en niños y adolescentes.
           Promover y desarrollar la salud y la agricultura, asistir a más de mil personas al mes y crear un huerto en la misión de Mukila (R.D. del Congo) que permita cultivar maíz, sorgo, amaranto… Compartir desde el corazón mismo de una pequeña comunidad de Hermanas la andadura del pueblo pobre y oprimido del Congo.
         Acompañar a las hijas de la calle y ofrecerles una casa, su casa, donde atender todas sus necesidades. Compartir la alegría de la educación, la comida sencilla, la limpieza… El sueño hecho realidad, gracias a la colaboración de tantos, se llama Ankur (India).
         Escuchar los interrogantes sobre Dios y, con simplicidad, dar razón de nuestra esperanza. Buscar juntos y celebrar la Liturgia de la Palabra y repartir el Cuerpo del Señor, rezar por la unidad. Dejar que la caridad encuentre gestos y palabras en ruso a través de la pequeña comunidad de Vladivostok (Rusia).
         Estas comunidades son tan sólo algunos ejemplos de la tarea que las Hermanas de la Caridad de Santa Ana desarrollan en treinta países de los cinco continentes con todo detalle, con el mayor cariño, con el mayor amor...
          La Congregación vive con fuerza su vocación misionera, estimula a las Hermanas que sienten esta llamada y atiende las urgencias de los países de misión, aunque para ello haya que sacrificar, si es necesario, otras presencias.
         Hay gozo y generosidad en la respuesta de las Hermanas a su vocación misionera y, aunque no todas estemos desarrollando nuestra tarea en territorios de misión, la Congregación entera se compromete en el anuncio del Reino y aviva la inquietud misionera de todos aquellos con quienes se relaciona. 

Un camino compartido

       Nuestra Congregación no está sola, le acompañan un grupo de seglares que, de modos diferentes, participan de la vida y misión de la Congregación. La Fundación Juan Bonal sirve como cauce y expresión de la solidaridad y cooperación en cualquiera de sus formas, dedicando todos sus esfuerzos a los más desfavorecidos y vulnerables, colaborando en la total integración de estos colectivos en la sociedad. Gran parte de las actividades de la Congregación tienen lugar en los países en vías de desarrollo, proporcionando ayuda a personas, organismos y entidades sociales que sufren las necesidades y carencias propias de los pueblos más pobres. 
           Integrado dentro del Movimiento Santa Ana está el Voluntariado Misionero, que pretende dar cauce a las inquietudes de solidaridad y evangelización de muchos jóvenes, que dedican de forma generosa un tiempo a colaborar y ayudar a los pueblos del Tercer Mundo, junto a las Hermanas.

 

DATOS DE CONTACTO

HNAS. DE LA CARIDAD DE SANTA ANA
Madre Rafols, 13
50004 Zaragoza

Teléfono: 976 44 19 79

Web: http://www.chcsa.org/

Por Nuria Gironella
Hermana de la Caridad de Santa Ana
Revista Misioneros Tercer Milenio