Compromiso místico y profético

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odo comenzó un 19 de diciembre de 1825. Joaquina de Vedruna se dirige al obispo de Vic pidiendo permiso para “acoger en su casa algunas jóvenes que se abrasan en el amor a Jesús, y como son pobres y no pueden entrar en los conventos de pobreza, no pueden desahogar su amor al buen Jesús. Sólo quieren trabajar por la gloria de Dios y el bien del prójimo”.

Nace así, en 1826, la Congregación de Hermanas Carmelitas de la Caridad. Aparecen las primeras fundaciones y unos primeros fracasos. Las guerras carlistas dañan a la institución con una situación de encarcelamiento de la fundadora y el exilio de un grupo considerable de hermanas por siete años. Se experimenta una amenaza de disolución de la congregación, que incluye el abandono de la misma por parte de muchas hermanas…

Se logran vencer estos malos presagios y a velas desplegadas se reinicia en 1843 el itinerario de fundaciones. De 4 a 22 hasta el año 1854, en que muere Joaquina de Vedruna, la fundadora. Paula, su sucesora, una mujer emprendedora y valiente, pese a su escasa formación y debilidad de salud, realiza 120 fundaciones en sus 35 años de gobierno.

 

A muchas partes

“Quiero que mis hijas vayan a muchas partes y ellas nada pueden rehusar”. Esto escribía Joaquina de Vedruna el año 1847, a 21 años de la fundación y 7 antes de de su muerte, y esta palabra de la Madre permanece viva en la congregación, esperando el momento del Espíritu para su cumplimiento.

En 1913, Margarita Arolas, tras sus siete primeros años al frente de la congregación, se abre a aquel entonces llamado “Mundo”. Le vienen demandas de Perú, de Argentina, de Paraguay. Envía hermanas sensatas, avezadas, gente de gobierno y de mirada amplia para examinar las posibilidades, los riesgos, las necesidades, los tipos de proyecto que habrá que poner en marcha, los contactos que realizar y los procedimientos que seguir. Y, sobre todo, el perfil de hermanas que deberán cubrir estas llamadas y la preparación que deberán tener para el cometido a que se les enviará.

Se han aclarado las incógnitas más importantes con relación a las fundaciones de América. Las primeras irán a Paraguay, Argentina será el segundo objetivo y Perú queda en lontananza para cuando se pueda, vista la experiencia en estos dos primeros países, el juego que hayan podido hacer allí las hermanas y la posibilidad real de cubrir otros puestos.

Ya no habrá descanso en la misión ad gentes. Después de Perú vendrán Chile y Brasil y el Caribe, con presencia en Puerto Rico y Santo Domingo, y más tarde en Cuba y por fin en Haití. Se incorporaron fundaciones en Venezuela, Colombia, Uruguay y Bolivia.

La misión en Sudamérica se centra en la educación en el ámbito de grandes colegios, de escuelitas propias o en colaboración con otras instituciones, como “Fe y Alegría”, y de presencia en universidades. Se abre camino por los barrios de las grandes ciudades como Caracas o Bogotá, acompañando los procesos de crecimiento y de implicación social; por las calles de Brasil, tratando de acoger a los “niños de la calle”; por los poblados y aldeas de todos los países, alentando talleres, cooperativas, grupos cristianos, preparación de catequistas… Y siempre en la reflexión y diálogo con la realidad desde planteamientos más o menos cercanos a la teología de la liberación.

Entre tanto se abrió casa en el Reino Unido con vistas a la preparación de hermanas para ir a países de lengua inglesa. Vendrán fundaciones en Estados Unidos, en India, Taiwán, Japón y, por fin, Filipinas.

 

Misión variada

La misión es variada, según las características de estos países. Es el testimonio y la educación en los valores evangélicos y la evangelización silenciosa en Japón y en India, junto a la reflexión y diálogo interreligioso e intercultural. Es la implicación con los más pobres frente a la opresión y la situación de mil maneras precaria en Filipinas. Es la mirada expectante hacia China, desde Japón y Taiwán. Y es la integración de la mujer sudamericana en la realidad del torbellino, del dragón, de Estados Unidos.

África atrajo la atención de la congregación a mitad del siglo XX. Primero fue el Congo Belga (hoy  R. D. del Congo). Después, la llamada a la cooperación española en Guinea Ecuatorial nos comprometió en la labor educativa y sanadora junto a ese pueblo. Más tarde se abrieron espacios de misión en Gabón, apostando por la ayuda a las “niñas esclavas”, procedentes en su mayoría de Togo. Por consiguiente, hubo que tomar el agua de más arriba e ir a este último país. Allí, en medio del mercado, se trata de mediar con todo tipo de instituciones y amenazas a favor de niñas/os y jóvenes.

La llamada a colaborar en campos de refugiados vuelve una y otra vez, y una y otra vez se da respuesta en Zambia, en Guinea Conakry… En cada uno de los lugares a los que han sido enviadas las hermanas, su sentido de envío y la autonomía de las delegaciones van descubriendo allí mismo otros caminos, detectando otras necesidades, abriendo otros frentes.

Y entre medias van surgiendo comunidades en misión entre el segundo, tercero y cuarto mundo, como Albania, dentro de Europa, en comunidad musulmana, en esa gran pobreza disimulada próxima al primer mundo. Y también en Ceuta, en contacto con la migración marroquí, hindú, subsahariana…, en permanente conflicto con el gobierno de la ciudad y en actividades de evangelización a partir de la interculturalidad y de la interreligiosidad con musulmanes, protestantes, cristianos de otras culturas y formas de comprender y practicar el mismo cristianismo.

Así las Carmelitas de la Caridad, Vedruna, van dando respuesta a aquella llamada de Joaquina de Vedruna: “Se me alargan los brazos y veo venir a muchas hijas de lejos…”. A esta llamada de la realidad, van dando respuesta las 2.028 hermanas, en ese caminar, proyecto a proyecto congregacional, cada seis años estudiado e impulsado en cada Capítulo General. A partir del Vaticano II, con la adecuación del Concilio a nuestra experiencia y compromiso eclesial (1969); con la apertura a la realidad de pobreza sistemática de nuestro mundo (1975); con la renovación de las constituciones (1981); en la evaluación del camino que se va recorriendo (1987); en la reflexión sobre nuestras raíces Vedruna para caminar según lo más auténtico del carisma (1993); con la urgencia de la inserción evangelizadora (1999); y en el compromiso de vivir integradamente la mística y la profecía (2005).

 

DATOS DE CONTACTO

HERMANAS DE LA CARIDAD, VEDRUNA
C/General Ricardos, 248
28025 Madrid
ESPAÑA
http://www.planalfa.es/confer/Carmelitas_Caridad/default.htm

 

Por Yolanda Moreno
Carmelita de la Caridad, Vedruna
Revista Misioneros Tercer Milenio