Hacerse pobre con los pobres, para llevarlos a Cristo |
a vida de las Hermanas de la Compañía de la Cruz, como toda vida, no surgió de repente. Se fue preparando, poco a poco, en el pensamiento de nuestra Madre. Y en su alma toma forma un lema que será nuestro distintivo: “Hacerse pobre con los pobres para llevarlos a Cristo”. Esta frase, escrita sobre la lápida de su sepulcro, fue fielmente llevada a la práctica hasta sus últimas consecuencias, y marcó su vida y la de nuestra Compañía.
El comienzoDe una manera sencilla, sin ruido, casi anónima, comenzó nuestra congregación su andadura en el siglo XIX, en favor de los pobres y de los enfermos. Fue el 2 de agosto de 1875, en Sevilla. Así nacimos nosotras, las Hermanas de la Compañía de la Cruz, una congregación que se distinguirá por el servicio a Dios en sus hermanos más pobres, haciéndonos “pobre con los pobres para llevarlos a Cristo”.
Nuestras misionesTenemos casas en España y en Italia. Y, aunque no somos un instituto específicamente misionero, contamos con tres conventos en Argentina. Hace más de 100 años, Santa Ángela de la Cruz miró la realidad de la sociedad en que vivía y se dijo: “Siento tanto amor hacia los pobres, sea cual fuere su necesidad, que parece que mi corazón se multiplica por ser entero para cada uno de los que se ven necesitados y me ocupo de sus penas como mías. Los amo demasiado y quiero padecer por ellos” (Escritos íntimos, José M.ª Javierre, BAC).
Es en el año 1969 cuando nuestra Compañía comienza su andadura misionera en Argentina, sencilla y pobremente, pero con decisión y confianza en Dios. La primera fundación se llevó a cabo el 21 de febrero de 1969, en Quimilí, y a los dos años, el 18 de abril de 1971, se abrió otra nueva casa en Monte Quemado, las dos en la provincia argentina de Santiago del Estero. El 20 de octubre de 2007 se hizo la tercera fundación en Alderetes, en San Miguel de Tucumán, provincia de Tucumán, al oeste de dicha provincia de Santiago del Estero. La presencia de nuestras hermanas en estos tres pueblos ha creado un ambiente espiritual diferente; sembraron fe, amor, paz, confianza en Dios… Con el pasar de los años esas semillas han ido dando generosos frutos gracias a Dios y al trabajo y los sacrificios de nuestras hermanas.
Nuestra labor
Las experiencias de vida en estas regiones y especialmente en estos pueblos de Argentina mueven las raíces más profundas de las personas. Nadie que visite Quimilí, Monte Quemado o Alderetes y tenga cierta sensibilidad queda igual. Vives, palpas, ves y contemplas la vida en medio de la gente, del pueblo, de los niños y jóvenes; y comprendes cuánta pobreza tienen en recursos, en oportunidades, en todo… Hay hambre, enfermedad, soledad, carencia de lo más indispensable. Ante tanta pobreza extrema, el “granito de arena” de las Hermanas de la Compañía de la Cruz es muy pequeño: “Faltan obreros en la viña…”. Pero desafiando la escasez de medios económicos y de hermanas, por encima de toda dificultad, nuestra Compañía ha llevado a cabo estas fundaciones, aunque los recursos personales sean muy escasos. La congregación no es muy numerosa. Sólo cuenta con 831 miembros, y seguro que nunca seremos muchas más, porque ya nuestra Santa Madre así lo profetizó en vida. Pero, a pesar de todo, esta es la opción preferencial que nuestra Compañía ha hecho, con el convencimiento de que es la misma respuesta que hoy daría nuestra Madre fundadora, Santa Ángela de la Cruz, a sus pobres, a los preferidos de su corazón.
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