Presencia fraterna al estilo de María

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odas las diócesis del mundo entran en nuestras miras”. Cuando san Marcelino Champagnat escribía esto en 1837, estaba lejos de imaginar que la familia religiosa que había fundado 20 años antes, los Hermanos Maristas, extendería sus ramas hasta cubrir los cinco continentes. Ahora, en los inicios del siglo XXI, el Instituto Marista, con unos 4.700 Hermanos, está presente en 79 países: 21 de América, 20 de África, 14 de Europa, 14 de Asia y 10 de Oceanía.
        La dimensión misionera del carisma marista es una realidad que ha estado siempre viva, sobre todo desde que en 1836, el mismo Fundador envió a los primeros hermanos a las lejanas islas de la Polinesia, Oceanía. No somos un Instituto específicamente misionero pero, “como la Iglesia, el instituto marista es misionero: los países no evangelizados y las Iglesias jóvenes gozan de su preferencia”. (Constituciones, 90)
        El carisma marista, fuertemente influenciado por la presencia de María, se expresa en la misión educativa, tanto en obras de educación formal como no formal, en la catequesis, en la pastoral juvenil, allí donde los jóvenes requieren la presencia cercana del Hermano. Así, nuestro carisma ha encontrado carta de ciudadanía tanto en la milenaria cultura de Corea como en el pluralismo religioso del Líbano; en las tradiciones ancestrales de las islas del Pacífico o en los arrabales conflictivos del Bronx neoyorkino; en el altiplano boliviano o en la selva ecuatorial del Congo.

Vocaciones nativas

      Es satisfactorio ver cómo las vocaciones, que disminuyen en los países occidentales, florecen, sin embargo, en los llamados países de misión. De los 500 Hermanos que trabajan en África, 350 son nativos. Los Hermanos nativos de Asia son 154; los de las islas del Pacífico son 50. Numerosísimos los que han abrazado la vida marista en los diversos países de Latinoamérica. Todo ello es fruto del esfuerzo de los Hermanos misioneros, que han conseguido acoger los valores evangélicos presentes en las diversas culturas, alimentando al mismo tiempo su propia espiritualidad misionera marista. Ellos han sabido, como María, eclipsarse y dar paso a los Hermanos nativos, estimulándolos a asumir progresivamente la responsabilidad plena en sus Distritos o Provincias, convencidos de que la vida marista se arraiga plenamente en cada cultura mediante dichos Hermanos. (Cfr Constituciones 91)
        “Evangelizar educando” o “Educar evangelizando”, una misma realidad que está en el corazón de todo marista y que toma el cariz peculiar de cada cultura. Así han surgido colegios en grandes urbes como Kinshasa (Congo), Kutama (Zimbabue), Hong Kong, Guatemala, Venezuela, Manila (Filipinas), Beirut (Líbano). Otros colegios han florecido en zonas rurales, en núcleos urbanos de menor importancia, ofreciendo el servicio educativo y el internado a la población más pobre y muchas veces dispersa. Así han surgido complejos educativos como los Antsirabé (Madagascar), Kabwe (Zambia), Negombo (Sri Lanka), Honiara (Islas Salomón).
        Junto a estas obras, otros centros de enseñanza mucho más modestos, en zonas bastante más olvidadas y alejadas, donde la necesidad educativa reclamaba la presencia de los maristas. Obras sencillas pero de gran impacto local, como las de Roo en Kenya, Monrovia (Liberia), Wekak (Papuasia Nueva Guinea), Kyonbuk (Corea), Condega (Nicaragua), Bucarest (Rumania). A veces son presencia entre la población indígena a la que hay que devolver su dignidad y derechos, como en la vasta región de la Amazonia brasileña o entre los indios Tarahumara de México. Otras, entre poblaciones de refugiados, como Camboya; o entre gitanos, como Esztergom (Hungría).

Desarrollo y formación de líderes

        El deseo de contribuir al desarrollo y a la formación de líderes llevó a la Institución Marista a abrir escuelas técnicas y profesionales donde se han formado generaciones de mecánicos, electricistas, carpinteros y albañiles. El avance del islam y la influencia de las grandes religiones orientales han llevado a crear plataformas para el conocimiento y el diálogo interreligioso como, por ejemplo, el colegio de Korhogo (Costa de Marfil), donde dos tercios del alumnado son musulmanes; o el centro de encuentros y estudios en la Kasbah de Argel.
        La necesidad de poner un freno a la discriminación racial en Sudáfrica hizo que los Hermanos fueran pioneros en abrir las puertas de los colegios maristas a niños y jóvenes de todas las razas, años antes de que cayeran los vergonzosos muros del apartheid. La catequesis y la formación de agentes locales de evangelización han llevado a los Hermanos a colaborar activamente en esta misión… En fin, un abanico inmenso que va desde las grandes universidades maristas de Brasil o Perú hasta la atención fraterna a los niños de la calle en las grandes arterias de Río de Janeiro, de Lima o de Manila.
        Pero esto no acaba aquí. La misión sigue adelante. El último Capítulo General (2001) nos animaba a seguir caminando: “Avanzar juntos, Hermanos y seglares, en la cercanía a los niños y jóvenes más pobres y excluidos, a través de caminos nuevos de educación, evangelización y solidaridad”. 

 

DATOS DE CONTACTO

HERMANOS MARISTAS
Avda. Champagnat 4
28034 Madrid
Teléfono: 91 759 53 52
E-mail.: fmsm@planalfa.es

 

Por José María Ferre
Misionero Marista
Revista Misioneros Tercer Milenio