Hermanas Blancas: Viaje virtual a África

E

n estos días en que está de moda conocer otros pueblos y otras culturas, os proponemos un viaje “virtual” para conocer a un grupo de mujeres que, por seguir a Cristo y vivir su espíritu, han dejado su tierra natal, su familia y amigos para “descubrir los valores del Reino y vivirlos con hombres y mujeres de otros países, otras culturas...”. Junto a ellos quieren hacer un mundo mejor. Son las Hermanas Misioneras de Nuestra Señora de África. Vamos a visitarlas para descubrir el motor que las impulsa y los valores que viven.
         Atravesamos el Estrecho de Gibraltar y llegamos al Magreb. Allí 75 hermanas viven una “presencia al mundo musulmán”. Mauritania, Argelia, Túnez y Yemen, cuatro países, cuatro mundos, una multitud de rostros, de culturas locales, de lenguas nacionales... Una gran diversidad y algo en común: la religión de la mayoría de sus habitantes: el islam.
        ¿Qué hace un grupo de mujeres cristianas en medio de ese mundo musulmán? Trabajan con mujeres en dificultad, defendiendo los derechos de la mujer, dan cursos de costura a chicas que no tienen muchas posibilidades de mejorar sus condiciones de vida, visitan familias que tienen hijos minusválidos, atienden centros de acogida para niños con dificultades, bibliotecas, dan clases de árabe a los extranjeros que llegan al país y les ayudan a descubrir la riqueza cultural de esta región...
       Su vida es dura, como el desierto en el que viven, pero su esperanza, su respeto del “otro diferente”, de su fe y su cultura son semillas que producen fruto. Como algunos de sus amigos musulmanes les dicen: “Vuestra simple presencia invita a la sociedad a no cerrarse en ella misma”.
       Cada alto en el camino nos permite ver que, aunque las realidades vividas son muy distintas, en el fondo todas las hermanas forman parte de la historia del pueblo, compartiendo sus heridas y sus sufrimientos. A través de la amistad que les ofrecen sus vecinos musulmanes descubren el valor de la relación basada en el reconocimiento mutuo y la aceptación del otro diferente. Estos lazos de paz entre creyentes, cristianos y musulmanes, son signos de esperanza en sociedades influenciadas por ideologías que se excluyen, donde la diferencia es percibida como un peligro.

Al servicio de África

         Continuamos hacia el Sahel, esa zona entre el Sáhara y el Ecuador, donde conviven cristianos, musulmanes y miembros de la religión tradicional africana. En Burkina Faso, Malí, Chad, Ghana, otras comunidades de Misioneras de África nos acogen. El ambiente es muy diferente. Muchas hermanas trabajan al servicio de la Iglesia local... en la “evangelización” tomada en el sentido más amplio de la palabra. En varias ocasiones delegaciones de pueblos, grupos no-cristianos han pedido a las hermanas que vayan a sus pueblos para “enseñarles el camino”. Las hermanas organizan la alfabetización, curan en clínicas ambulantes, animan grupos de mujeres y cuando éstas lo desean las imparten catequesis o forman a los cristianos...
         Bajamos por el río Níger hasta Malí, país de mayoría musulmana. Visitamos Kalabankura, un nuevo suburbio de Bamako, la capital. Sus habitantes, musulmanes, de diferentes tribus y capas sociales, vienen de todo el país. Allí hace cuatro años que se estableció una comunidad de la Congregación. Llegaron para dar respuestas a las necesidades del barrio. Vivían en medio de la gente para escuchar con el corazón y la inteligencia, para ver, oír... lo que ellos querían. Pronto descubrieron a los “más pobres”: las mujeres del campo llegadas a la ciudad, en casa sin saber qué hacer; otras que para vender unos pocos tomates y cebollas pasaban todo el día en el mercado, dejando a sus hijos en la calle; las chicas analfabetas; las vendedoras que recorren las calles ofreciendo cerillas, fruta, arena para fregar... Y empezaron a trabajar con estas mujeres, a solidarizarse con su situación, a procurarles una alfabetización en la lengua local para que pudieran mejorar su condición de vida... Hoy vemos como estos “pobres” se sienten otros cuando descubren que se les respeta. Su esperanza crece y también la convicción de que Dios ama a cada uno, sea cristiano o musulmán.
         Bajamos al centro de África –República Democrática del Congo, Ruanda, Burundi–, países en guerra, donde las misioneras de África “están presentes” a veces sin poder hacer gran cosa, salvo dar esperanza y ser testigo de lo que esos pueblos están viviendo... Se quedan a pesar del peligro porque siguen a Jesús que siendo inocente fue crucificado, condenado a muerte y ejecutado por amor, para que todos puedan encontrar el camino de la vida. Esa fe  las mantiene y les da fuerza y aliento.
          En Uganda, Kenya, Tanzania, Malawi Zambia, países de mayoría cristiana, las HERMANAS MISIONERAS DE NUESTRA SEÑORA DE ÁFRICA están presentes desde principio del siglo pasado. Las Iglesias locales han crecido y los cristianos son numerosos. Su presencia misionera es un recuerdo de que toda la Iglesia esta llamada a ser misionera, a ir hacia “los que están fuera” de la sociedad, de la comunidad católica... Hoy los excluidos son los pacientes de SIDA y sus familias. Muchas hermanas trabajan con ellos para acompañarles y ayudarles a vivir la enfermedad y el sufrimiento que engendra. Mientras les acompañan, otras se dedican a la prevención de esta enfermedad.
         Antes de volver a Europa, pasamos por Filipinas y México, países donde la presencia de las HERMANAS MISIONERAS DE NUESTRA SEÑORA DE ÁFRICA abre la Iglesia local a la misión y a la realidad africana. Ellas invitan a los jóvenes de estos países a que vivan su vocación cristiana en África.
      Volvemos a Europa, pasando por Estados Unidos y Canadá. En las ciudades de estas naciones, la sociedades son cada día más multiculturales. La integración de los extranjeros en el país y la apertura de los nacionales a las nuevas culturas que conviven en la país es un reto para todos. Por este motivo, cuando las HERMANAS MISIONERAS DE NUESTRA SEÑORA DE ÁFRICA se jubilan, dejan África pero no su amor por los africanos. En sus  países de origen ponen su experiencia de apertura a otras culturas, a otras religiones al servicio de las Iglesias y de las sociedades europeas: acogen a los inmigrantes ilegales y les ayudan a obtener papeles, luchan contra “el tráfico de mujeres del Tercer Mundo”, trabajan en organizaciones formadas por distintas congregaciones misioneras para influir en los gobiernos de los países industrializados para que las decisiones que tomen no vayan en detrimento de África. Esta labor de “influencia política” es una manera de vivir la misión hoy. Llegamos al fin de nuestro viaje, cansados tal vez, con una visión diferente quizás y, seguramente, con un montón de preguntas o tal vez con una invitación a “venir y ver” no en virtual sino en la realidad.

Orígenes de la Congregación

         
La Congregación nación en Argelia en 1869, pero pronto se extendió al resto de África. En el siglo XIX, mientras Europa conquistaba el continente, Carlos Lavigerie, obispo de Argel, formaba un grupo de misioneros, hombres y mujeres, que irían a anunciar la Buena Noticia al continente africano. Frente al espíritu de la época que pretendía "europeizar" África, él recomendaba a sus misioneros el aprendizaje de la lengua y las costumbres locales, adoptar el traje del país... Frente al deseo imperialista de "conquista" proponía a sus misioneros "sed apóstoles, sólo apóstoles". Hoy ese grupo, las Misioneras y Misioneros de África, continúan viviendo ese mismo espíritu en el continente africano, aunque de manera muy distinta a hace un siglo.

 

DATOS DE CONTACTO

MISIONERAS DE NUESTRA SEÑORA DE ÁFRICA (HERMANAS BLANCAS)
Asensio Cabanillas, 39
28003 Madrid.
Teléfono: 91 553 82 60
E-mail: hmnsafrica@planalfa.es

Web:http://www.misionerosdeafrica.org.mx/Hermanas_misioneras

Por Begoña Iñarra
Misioneras de Nuestra Señora de África

Revista Misioneros Tercer Milenio