Un corazón en camino

L

a Orden de San Agustín hunde sus raíces en el espíritu, enseñanza y estilo de vida propuestos por San Agustín de Hipona (354-430). Jurídicamente comenzó a existir en 1244. A instancia del Papa Inocencio IV se celebró en Roma el capítulo de la “Gran Unión”, en la que numerosas comunidades se agruparon formando una sola orden religiosa con la Regla y forma de vida propia de San Agustín.

El espíritu agustiniano

      En las Constituciones de la Orden se reconoce que la actividad misionera brota de la misma naturaleza íntima de la Iglesia y, por este motivo, “nos corresponde también a los agustinos, por razón de la naturaleza e historia de la Orden” (nº 185).
         La tarea misionera es llevada a cabo desde la comunidad misionera que vive el Evangelio en la búsqueda de Dios y en comunión de amor. La primera evangelización es el testimonio de la caridad. Se considera que el “mirad como se aman” ha hecho más por la difusión del cristianismo en el mundo que todas las discusiones de sus apologistas.
        Durante más de 750 años miles de agustinos han consagrado sus vidas al servicio de una misma causa: el anuncio del mensaje de Jesús sobre la Buena Noticia del Reino de Dios y la promoción integral de los hombres y mujeres de los cinco continentes.
        Estos agustinos, como cristianos, vivieron la “pasión por Cristo”, que floreció en sus obras de evangelización y catequesis. Como hombres, vivieron la “pasión por la justicia y la fraternidad”, que se plasmó en abundantes obras sociales. Como apóstoles y maestros, vivieron la “pasión por el hombre”, buscando su desarrollo integral en todas las dimensiones, a través de la educación, en colegios y universidades. Como “Hijos de San Agustín”, vivieron la “pasión por la verdad y la belleza”, por medio del estudio y la investigación de las lenguas, usos y costumbres de los pueblos evangelizados, los medios de comunicación y la promoción de las artes.

La gran expansión

        En la época de las grandes exploraciones, los agustinos españoles y portugueses extendieron la Orden por América, África y Asia.
        En 1533 llegaron a México; en 1551, a Perú; en 1559, a Bolivia; en 1569, a Ecuador; en 1573, a Colombia; en 1591, a Venezuela y Panamá; en 1595, a Chile; en 1608, a Cuba; en 1610, a Guatemala; en 1650, a Argentina... Dieron una contribución importante a la evangelización del llamado “Nuevo Mundo” y muchas de sus fundaciones todavía sobreviven.
         Desde México, los agustinos españoles llegaron a Filipinas allá por el año 1565, siendo los primeros misioneros del archipiélago. Desde allí entrarían en China en 1575 y en Japón en 1584. Sólo en estos territorios han estado de misioneros más de 3.000 agustinos, de los cuales 2.000 salieron del Real Colegio de Agustinos de Valladolid.
        Por su parte, entre 1572-1834 los agustinos portugueses, siguiendo las rutas coloniales de su nación, evangelizaron un amplio espacio del globo: Santo Tomé, el Congo, Guinea, Angola, Madagascar, Kenia, en el continente africano; y el Golfo Pérsico, Irak, Irán, Georgia, Borneo, Siam, Malaca, Macao e India, en Asia.

Un espléndido presente

      La Orden de San Agustín la componen actualmente unos 3.000 religiosos, divididos en más de cuatrocientas comunidades que trabajan en 50 países de los cinco continentes. Además de las parroquias, seminarios, centros de espiritualidad, obras sociales, colegios, universidades... varios centenares de agustinos están dedicados a una labor misionera de vanguardia.
        En el norte de África, patria de San Agustín, los agustinos malteses mantienen su presencia testimonial dentro del mundo musulmán, en Argelia y Túnez. En el África subsahariana, los agustinos alemanes y belgas están presentes en el Congo; los irlandeses en Nigeria y Kenia; y los españoles en Tanzania.
        En Asia, Filipinas sigue siendo trampolín para la actividad misionera. Desde allí se siguen manteniendo contactos con las cristiandades y antiguos misioneros de China. Desde allí también se ha impulsado la restauración de la Orden en la India, a partir de 1982. En 1952 los agustinos norteamericanos reanudaron la presencia agustiniana en Japón, abriendo una nueva misión en Nagasaki. En 1953 los agustinos holandeses establecerían una misión en la jungla de Papúa Nueva Guinea. Más recientemente, en 1985, con religiosos de Filipinas, Inglaterra y Australia, se ha iniciado una nueva misión en Corea.
          Gran número de misioneros agustinos trabaja en América.  Los españoles, italianos, irlandeses y norteamericanos tienen actualmente actividades específicamente misioneras en El Caribe, Centroamérica, Amazonía peruna, región andina o los valles de Calchaquíes, en Argentina.
       En todas las regiones del planeta estos religiosos –corazones en camino– siguen trabajando para que el mensaje de Jesús no sea sólo un sueño.

Agustín de Hipona

        Agustín de Hipona, considerado hoy como uno de los más eminentes doctores de la Iglesia occidental, nació el año 354 en Tagaste, (hoy Souk-Ahras, Argelia). Su madre fue una devota cristiana que dedicó toda su vida a la conversión de su hijo. Agustín se educó como retórico en las ciudades norteafricanas de Tagaste, Madaura y Cartago.
        Inspirado por el tratado filosófico Hortensius, del orador y estadista romano Cicerón, Agustín se convirtió en un ardiente buscador de la verdad, estudiando varias corrientes filosóficas antes de ingresar en el seno de la Iglesia.
        En su juventud fue seguidor del maniqueísmo, en el que inicialmente le pareció hallar respuesta a sus dudas sobre el mal en el mundo. Desencantado, se dirigió a Roma, donde se adhirió al escepticismo de la Academia nueva y al epicureísmo, y donde enseñó retórica, para pasar luego a Milán. Leyó por esta época a algunos autores neoplatónicos y probablemente las Enéadas de Plotino. La posesión de la verdad sólo la encontró Agustín en el cristianismo, al que se convirtió, por influencia del obispo Ambrosio, de Milán, en el año 387. Ordenado sacerdote (391) y luego obispo de Hipona (396), inició su producción literaria de mayor importancia, como defensor y expositor de la fe cristiana, al escribir primero contra los maniqueos: Sobre el libre arbitrio (388 y 391-395), La verdadera religión (390); contra los donatistas, cristianos puritanos que hacían depender la validez de los sacramentos de la intención del ministro; Contra Gaudencio, obispo de los donatistas; y contra los pelagianos, para quienes el hombre, al no tener pecado original, podía él solo, sin la gracia divina, realizar obras buenas: El espíritu y la letra (412), Sobre las hazañas de Pelagio (417). A esta época pertenecen también otras grandes obras y tratados: La Trinidad (399-419), Confesiones (397), y su gran obra apologética: La Ciudad de Dios (413-427). En Retractaciones (426-427), Agustín revisa algunas doctrinas anteriores. Su muerte acaeció en el año 430, mientras los vándalos sitiaban Hipona y desaparecía el Imperio Romano de Occidente.

 

DATOS DE CONTACTO

MISIONES AGUSTINIANAS
Madrigal 6
28035 Madrid
Teléfono 91 316 16 31
E-mail:
secprov@ctv.es

Web: http://www.agustinos-es.org

Por Blas Sierra de la Calle
Misionero Agustino
Revista Misioneros Tercer Milenio