Al servicio de los enfermos |
os misioneros camilos atienden en todo el mundo a enfermos de SIDA, personas con discapacidad, leprosos, desplazados, mujeres prostituidas y gente sin hogar, generando salud y vida en situaciones de enfermedad y muerte. Actualmente son 1.100 religiosos presentes en los cinco continentes, donde administran más de 180 obras asistenciales y formativas.
Los Camilos multiplicaron su presencia en todos los frentes de la enfermedad y del interminable cortejo de miserias que la provocaban: epidemias de peste, miseria en las chabolas, campos de batalla, enfermos desahuciados en sus casas… Cuando murió Camilo en 1614, más de doscientos de sus seguidores habían muerto contagiados por los enfermos a los que servían. Expansión A
la muerte de Camilo, los Servidores de los Enfermos eran 322, integrados
en 16 comunidades distribuidas por la geografía italiana. Del fundador
y de la primera comunidad camiliana habían heredado su espíritu y su
coraje para continuar la obra emprendida. En 1634 se crea en Madrid la
primera comunidad de los Servidores de los Enfermos fuera de Italia. En
1716, los Camilos españoles cruzaron el Océano Atlántico para crear
comunidades en Perú, Colombia, Bolivia, Ecuador… En ese mismo siglo,
la Orden se abrió a dos nuevos países europeos: Portugal y Hungría.
Obras son amores En la provincia española (que comprende España y Argentina) los Camilos tratan de ser fieles al espíritu fundacional de la Orden y al de la primera comunidad camiliana. Ante todo desean mostrar el rostro de Dios misericordioso ofreciendo un servicio de calidad humana y espiritual a los enfermos.
A raíz de la renovación posconciliar, los Camilos han ampliado su campo de servicio al enfermo creando nuevos centros como el de Tres Cantos (Madrid) donde la asistencia a mayores dependientes y enfermos terminales se compagina con la formación impartida por el Centro de Humanización de la Salud. De este modo conjugan la doble misión que su fundador les encomendó: “Cuidar a los enfermos y enseñar a otros el modo de cuidarlos”.
Por
Santiago Riesco Pérez |