Promesas de Amor Fraterno |
omos una comunidad muy joven, apenas cinco años desde nuestra aprobación, y es la primera vez que nos damos a conocer en una revista. Para nosotros es una excelente oportunidad que Dios nos ofrece para transmitir tanto nuestra alegría de haber nacido, como la fe que nos mueve, a aquellas personas a las que quizá sin este artículo no podríamos llegar. ¿Quiénes somos? Nacimos en la diócesis de Münster el 27 de septiembre de 2002 gracias a la aprobación de Mons. Reinhard Lettmann, obispo de Münster. Actualmente formamos una “Asociación de fieles” en la que estamos integrados misioneros y misioneras consagrados, sacerdotes, matrimonios y laicos comprometidos. A lo largo de nuestra vida nos hemos encontrado con muchos hermanos sin fuerzas y sentido para seguir viviendo, hermanos que se sienten solos y abandonados, y hermanos que han perdido la dignidad de hijos de Dios. En ellos hemos escuchado el “tengo sed” de Cristo en la cruz actual y nos gustaría darles de beber a través de nuestro humilde testimonio de vida, con palabras y gestos que les hablen de la fe y el amor de Dios “buen samaritano”, que puede curar sus heridas. Una particularidad es que, como misioneros y misioneras, hacemos, además de promesas de castidad, obediencia y pobreza, la promesa de amor fraterno. ¿Por qué amor fraterno? Porque mirando el momento presente de la historia y los signos de los tiempos, son muy significativas las palabras de Jesús: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado... Por el amor que os tengáis los unos a los otros reconocerán todos que sois discípulos míos” (Jn 13, 34-35); y también las palabras de Juan: “Nadie ha visto jamás a Dios, si nosotros nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros” (1Jn 4, 12). Creemos que Dios quiere seguir manifestando su amor al mundo no sólo a través del testimonio de personas individuales, sino a través del testimonio de comunidades; es decir, por medio de las relaciones de hermanos entre nosotros. Intentamos buscar entre todos el mayor bien de cada uno: que cada persona tenga su lugar en la comunidad y en el mundo, que desarrolle todas sus capacidades amando y que pueda tener lo necesario para ser feliz. ¿Qué hacemos? Todos los miembros de la comunidad trabajamos en conjunto como una gran familia y tenemos distintos campos de acción: 2. Escuelas de formación en la fe. Aprendemos a formular y transmitir nuestra experiencia de fe en nuestros ambientes, familias y grupos que nos lo piden. 3. Retiros. Una mañana, una tarde, un día al mes o una semana al año de oración y acompañamiento espiritual, personal o en grupo. 4. Misiones populares. Los lugares dependen de la necesidad. El año pasado un grupo numeroso de jóvenes de distintos países de Europa y Asia participaron durante un mes en las misiones en el Gran Buenos Aires (Argentina). Fue una experiencia que marcó a todos, tanto a los que fueron como a los argentinos que participaron, porque se trató de un compartir de vida en distintos ámbitos: fe, fiesta, bailes, teatros, comidas, guardería, construcción... También tenemos misiones populares en Ucrania y El Ferrol (España). 5. Participamos en la pastoral universitaria y juvenil de la Iglesia diocesana donde nos encontramos. 6. Tomamos parte en otras actividades varias que la diócesis nos pide y podemos asumir. 7. Campos de trabajo en convivencia. En Guadalajara estamos restaurando un antiguo convento y lo estamos transformando en centro misionero para poder realizar los encuentros y otras actividades. 8. Peregrinaciones a lugares santos, como Santiago de Compostela, la basílica de la Virgen de Luján en Buenos Aires, la Virgen de Fátima en Portugal, la Virgen de Lourdes en Francia, la Virgen de Czestochowa en Polonia, los mártires de Nagasaki en Japón... ¿Dónde estamos?
Por Amparo Checa Manzanera |