Seguir a Cristo a través del servicio y la fraternidad

 

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os trasladamos a la Florencia (Italia) de mediados del siglo XIII, donde existía la Sociedad Mayor de Santa María. Sus miembros, laicos y prósperos comerciantes, se dedicaban a la oración y a las obras de caridad. Será en el año 1233 cuando, al concluir una celebración religiosa mariana, unos cuantos hombres de esta Sociedad se sintieron atraídos por la misma inquietud: la consagración personal para dejar sus familias y propiedades y vivir juntos en penitencia y pobreza, en una casa fuera de la muralla de la ciudad florentina.

Hacia el año 1241 este grupo compuesto por siete hombres, según la tradición de la Orden, contando con el apoyo del obispo de la ciudad, se retira a la soledad del Monte Senario, a 18 kilómetros de Florencia. A partir de este momento la vida de los siete se mueve en torno a estos dos baremos: de una parte, el compromiso radical de oración y contemplación, y, de otra, un profundo compromiso de acción, de vivencia comunitaria y de comunión con los hombres de su tiempo en las luchas y esperanzas.

A pesar de que no tenían intención de fundar una nueva orden religiosa, gracias al influjo del testimonio de sus vidas, poco tiempo después se vieron solicitados por nuevos seguidores y, al final, tuvieron que redactar los Estatutos de los Siervos de María (Servitas), que serán reconocidos por el obispo de Florencia, Ardingo. Finalmente, en 1249, la Santa Sede los aprueba permitiéndoles “observar la Regla de S. Agustín”.

En España

Aunque no tenemos datos fidedignos, la presencia de los frailes Siervos de María en España se remonta a finales del siglo XIV. La mayor expansión de la Provincia Española fue a finales del 1700, con 334 frailes en 10 conventos distribuidos entre Aragón, Valencia y Cataluña. Como las otras órdenes religiosas, también ésta sufrió la supresión decretada por el Gobierno en 1835.

Tras diversos intentos fallidos de refundación por parte de otras provincias de la Orden, se restablece su presencia en marzo de 1943, en Villar del Arzobispo, diócesis de Toledo.

Hoy, la Provincia Española de los Siervos de María está presente en Madrid, Denia (Alicante), Valencia, Plasencia (Cáceres) y Matola, en Mozambique.

Quiénes somos

“La Orden de los frailes Siervos de María, surgida como expresión de vida evangélico-apostólica, es una comunidad de hombres reunidos en el nombre del Señor Jesús… que se comprometen… a dar testimonio del Evangelio en comunión fraterna y a vivir al servicio de Dios y del hombre, inspirándose constantemente en María, Madre y Sierva del Señor”. Así la definen las propias Constituciones (art. 1).

En la historia de la Iglesia percibimos cómo cada época, fruto de la inspiración del Espíritu Santo, ha provocado entre los cristianos nuevas formas de seguir a Jesús a través de los consejos evangélicos. La identidad de los “Servitas” se caracterizará especialmente por querer vivir y actuar este seguimiento de Cristo, imitando a María, a través del servicio y de la fraternidad.

MARÍA. Desde sus orígenes los Servitas se han dedicado a la Madre de Dios, la bendita del Altísimo, en su camino hacia Cristo y en su compromiso de comunicarlo a los hombres y mujeres, por medio del estudio mariológico, la predicación y la devoción. Del “sí” de la Sierva del Señor han aprendido a acoger la Palabra de Dios para comprender y aliviar los sufrimientos humanos.

SERVICIO. Para ser auténtica, la vida del cristiano, como la vida de la Iglesia, ha de ser un continuo servicio a los hermanos, y lo primordial será el estilo que se da a la forma de servir. Los Siervos de María han querido acentuar, en su particular manera de responder a su vocación, la imitación de María en su entrega incondicional al plan de Dios. Los Siete Santos intuyeron que sólo este servicio desinteresado a los hombres podía salvar a la sociedad de su tiempo, especialmente con un matiz mariano para que Cristo naciera en los hermanos.

FRATERNIDAD. Cualquier acción del creyente ha de tener la dirección del “Dios es amor y quien ama viene de Dios y conoce a Dios” (1 Jn. 4, 7), sea en la vida matrimonial, en la vida de consagración personal o en la vida religiosa. Los Siervos de María, desde la experiencia comunitaria, viven y asumen sus trabajos comunitariamente. Enriquecidos por la comunión fraterna, respetan los valores de cada uno para alcanzar la perfecta dignidad y libertad de los hijos de Dios.

En tierras de misión

Inmediatamente después del anuncio del ángel de que sería madre del Salvador, María “…se puso en camino y fue a toda prisa a la sierra, a un pueblo de Judá” (Lc. 1, 39-40). También los frailes de esta Orden, queriendo ser fieles imitadores de la primera Misionera de la Palabra, se han aventurado a desarrollar su labor de evangelización y apostolado entre los pueblos desconocedores del mensaje de Cristo.

Hoy prestan sus servicios a través de los centros de salud, la enseñanza en distintos niveles educativos, y la promoción social y económica de los poblados nativos, dedicando sus esfuerzos y medios, de un modo especial, a la población femenina e infantil.

La familia de los Siervos de María

“Los frailes Siervos de María, continuando una antigua y viva tradición, constituyen una sola familia con las religiosas y con los miembros de los Institutos seculares, de la Orden seglar y de los Grupos laicos, que comparten el mismo ideal, los compromisos de vida evangélico-apostólica y la piedad hacia la Madre de Dios” (Const. OSM, art. 205).

De este modo el carisma servita se hace más extensivo y presente en tantos más países y realidades humanas, con la mirada puesta en que, desde el “empeño de servicio, la figura de María al pie de la Cruz sea la imagen que nos guía. Puesto que el Hijo del hombre es aún crucificado en sus hermanos, nosotros, los Siervos de la Madre, queremos estar con Ella a los pies de las infinitas cruces, para llevarles consuelo y cooperación redentora” (Const. OSM, art. 319).

 

DATOS DE CONTACTO

 

SIERVOS DE MARÍA

Avda. Miguel Hernández 11
03700 Denia, Alicante
Tel 91 455 17 20
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Por Fr. José Correcher
Fr. Antonio Frco. Nofuentes

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Revista Misioneros Tercer Milenio