Institutos y Congregaciones Misioneras

 

 

Concepcionistas Misioneras de Enseñanza
Un carisma misionero-educativo a la luz de la Inmaculada

 

Al saber que un conocido, a punto de morir, se negaba a recibir los sacramentos, sor Providencia Esquíroz aprovechó la ocasión para preguntarle a la beata Carmen Sallés: “¿Ve, madre, cómo no hay que ir a las misiones para salvar almas?”. Y Carmen, reflexiva, le preguntó a su vez: “Oye, ¿tú te dejarías cortar un brazo por salvar un alma?”...

 

La fundadora

M. Carmen Sallés nació en Vic (Barcelona) en 1848. Los cambios traídos por la revolución industrial aconsejaron a su padre, José Sallés, el traslado a Manresa, ciudad natal de la madre, Francisca Barangueras. Las hijas irían al mismo colegio al que  fue ella. En él, las monjas de la Orden de Nuestra Señora, Compañía de María, completarían su educación bajo el amor a la Virgen. Y sus hermanos seguirían en el seminario de Vic.

En una visita al santuario de Nuestra Señora de Montserrat –a la edad de diez años, en función de los datos conocidos– experimentó la llamada a la entrega de todo su ser a Cristo como Esposo.

Los padres quisieron casarla; ella quiso “ser para Dios”. Luchó, lo consiguió, y se fue al noviciado de las Adoratrices, donde conoció el dolor y la marginación de las mujeres en circunstancias extremas. Entendió que había que anticiparse a los estragos de una sociedad egoísta, preparándolas para la vida y el trabajo. Y pasó a las Dominicas de la Anunciata, dedicadas a la educación. El fundador, san Francisco Coll, la envió, novicia todavía, a Tortellá (Gerona), a poner paz en un pueblo dividido por las guerras carlistas. Y después, a San Andrés de Palomar, a regentar una escuelita para los hijos de las mujeres que trabajaban en las fábricas.

A este itinerario de aprendizaje le faltaba la educación de niñas de clase acomodada y la de jóvenes obreras, que le aportó su destino en Barcelona. Con todos estos ingredientes, fue trazando el retrato de la mujer real, y lo iba comparando con el de la mujer posible, la que Dios diseñó cuando “envió a su Hijo, nacido de Mujer”, para la salvación del mundo.

 

Una nueva congregación

Para preparar una mujer parecida a la Mujer, el Espíritu la impulsaba a la aventura de iniciar en la Iglesia y en el mundo una nueva congregación: las Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza. Esa fue su tarea, abrir trece colegios en España y preparar el envío de religiosas a Italia y Brasil. Hasta que el 25 de julio de 1911 Dios la llamó, sin completar sus proyectos: “Si yo no puedo, id vosotras”, les dijo, porque “Dios siempre nos llama cuando falta algo por hacer”.

Pero lo importante no era el “qué”, sino “cómo” lo llevó a cabo, viviendo su entrega hasta el heroísmo. Juan Pablo II la beatificó en 1998. Ahora, Benedicto XVI la canonizará el próximo 21 de octubre, el día del DOMUND, a las puertas del Año de la Fe.

 

 

La sucesora

¿Quién era M. Providencia Esquíroz? La joven religiosa que conversaba con M. Carmen se educó junto a ella, desde su etapa dominicana. Aún adolescente, la siguió en su etapa concepcionista. Y con especial autorización del arzobispo de Burgos, vistió el hábito blanco y azul como novicia, a condición de esperar a la edad canónica para emitir sus votos.

Con solo 28 años, sería la sucesora de M. Carmen y la continuadora de la expansión docente y misionera. Las Concepcionistas, que aún no llevaban en su nombre ese título de “Misioneras”, pero sí lo eran de corazón, se extendieron rápidamente por Brasil, sin dejar de crecer en España.

 

La expansión misionera

En los años 30 y 40 del siglo XX, la Iglesia llamaba de una manera especial a evangelizar el continente asiático. “Hay que sentir con la Iglesia”, había dicho la fundadora. Se pensó en China, pero ante la revolución de Mao Tse-Tung, la atención se orientó hacia el Japón. Por los mismos años 50, se iniciaba la presencia del carisma concepcionista en Venezuela y Estados Unidos. Y su nombre oficial se ampliaba, hasta ser “Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza”.

Después llegó el Concilio Vaticano II y su llamada de atención a favor de los pueblos más necesitados. Como “Concepcionistas”, les llevaron el modo con que María Inmaculada nos enseña a ir a Cristo; por ser “Misioneras”, pasaron de Japón a Corea, y después a Filipinas y a la India. Y el 9 de abril de este año 2012, en el aniversario del nacimiento de Carmen Sallés, le regalan una nueva fundación en Indonesia.

También llegaron a África: República Democrática del Congo, República del Congo, Guinea Ecuatorial, Camerún... En América, al norte, se ha llegado a México. Y más al centro, en la región caribeña, la República Dominicana ha acogido su presencia. En todas partes, de diferentes maneras, el instrumento es la “Enseñanza”; la meta: la dignificación de la persona, particularmente la mujer, con el desarrollo de su formación humana y religiosa.

 

La misión de educar

“La educación –decía Carmen Sallés– forma como una segunda naturaleza”. La planta, que parece crecer torcida, puede ser orientada al inicio de su crecimiento, cuando aún no se ha consolidado la desviación. Por eso añadía: “Para alcanzar buenos fines, es menester poner buenos principios”. En ello están las Concepcionistas, empeñadas en solventar todas las carencias y favorecer los estímulos.

En una sociedad que sufre sequía espiritual, y en las regiones que además experimentan la carencia de cultura, ellas practican la “técnica del trasvase”, aprendida de su fundadora: “Sed aljibes que se llenan, por el estudio y la oración, de ciencia y de virtud, para después repartir...”.

Cristo comparaba frecuentemente las tareas agrícolas con el crecimiento del Reino. Carmen utiliza la parábola del jardín, necesitado de semillas buenas y de la vigilancia atenta de las que no lo sean tanto, del riego oportuno, del cuidado de la cerca, y, ¿cómo no?, de la presencia central de María Inmaculada, alentando y sosteniendo a los jardineros. Se trata de prevenir todas las plagas: la ignorancia, el hambre, la injusticia..., y también el materialismo, el relativismo, el confort indiscriminado, no solidario. Desde los niños de la calle a las jóvenes universitarias, desde las favelas y poblados a los colegios dotados de prestigio educativo, todos son brotes que hay que cuidar con celo y entusiasmo. 

 

 

 

DATOS DE CONTACTO

CONCEPCIONISTAS MISIONERAS DE LA ENSEÑANZA
C/ Belisana, 43; 28043 Madrid;
Teléfono: 91 3883940

http://www.concepcionistas.com

 

Por Asunción Vals
Concepcionista Misionera de la Enseñanza

Artículo publicado en Misioneros Tercer Milenio, nº 126, junio 2012