Institutos y Congregaciones Misioneras

 

 

Franciscanas Hospitalarias de la Inmaculada Concepción

Sirviendo a los más pobres

La Congregación de las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción fue fundada el 3 de mayo de 1871, en el Convento de San Patricio, por la madre María Clara del Niño Jesús –beatificada en Lisboa el 21 de mayo de 2011– y por el padre Raimundo dos Anjos Beirao, y aprobada el 27 de marzo de 1876 por el papa Pío IX.

De familia noble, Libania do Carmo Galvao Mexia de Moura Teles de Albuquerque nació en Lisboa el 15 de junio de 1843. Fue la tercera de siete hermanos. Vivió una infancia feliz y, desde muy temprano, fue abriendo el corazón a la presencia amorosa de Dios, ayudada por el testimonio cristiano de sus padres. Habiendo quedado huérfana de madre y padre, respectivamente, en las epidemias de 1856 y 1857, ingresó en el Asilo Real de la Ajuda (Lisboa), orientado por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl (francesas). Cuando, en 1862, estas religiosas fueron expulsadas de Portugal, Libania fue invitada a residir en el Palacio de los Marqueses de Valada, sus parientes y amigos la recibieron y trataron como una hija. Después de cinco años de vida fastuosa, y cuando su corazón se inclinaba para tomar una decisión vocacional, asistió a la partida de su hermana Matilde para el monasterio de la Visitación. Años después, la Marquesa de Valada, amiga y confidente, decidió seguir un camino semejante: renunciando a los bienes materiales y a una vida de lujo, partió para Francia, para ingresar en la vida religiosa, con el nombre de Mª Clara del Niño Jesús.

A estas alturas ya se pueden percibir los gestos del Señor Jesús en el corazón de Libania, invitándola a seguirlo por los caminos despojados de la vida franciscana. Responde a esta llamada entrando en el pequeño y desconocido grupo de terciarias franciscanas, a quienes el padre Raimundo dos Anjos Beirao amparaba con la ayuda espiritual. Allí, en el ambiente pobre del convento, va a suceder el encuentro de Libania con el Cristo de Francisco y Clara de Asís, el Señor pobre, humilde y crucificado.

Este encuentro con el Señor y la atracción irresistible que Él ejerció sobre su corazón constituyeron un fuerte desafío para el alma sedienta y ardiente de Libania. Asumida la decisión de dejar la riqueza y la posición social privilegiada, un vínculo matrimonial noble y otras ventajas venidas de su linaje, Libania decide ingresar en aquel grupo de consagradas. En 1869 recibe el habito de Capuchina de Nuestra Señora de la Concepción en el Convento de San Patricio (Lisboa), pasando a llamarse hermana María Clara del Niño Jesús.  

 

La fundación de la congregación

El corazón del padre Raimundo dos Anjos Beirao vislumbra en la hermana María Clara la mujer escogida por el Señor para, con él, fundar una congregación que se vuelque, en actitud y en gestos samaritanos, sobre las llagas de la sociedad portuguesa de mediados del siglo XIX. El clamor de una multitud anónima de desvalidos, pidiendo una respuesta concreta, interpelaron profundamente a Raimundo y Clara. Se sienten llamados y enviados a hacer el bien donde sea necesario: cuidar enfermos y abandonados, acoger y educar niños pobres, iluminar caminos, suavizar el dolor, ser regazo acogedor... Urgía de hecho la fundación de una congregación portuguesa para llenar el vacío de la expulsión de las religiosas extranjeras.

Con la extinción de las órdenes religiosas, la confiscación de los bienes eclesiásticos y la prohibición de recibir novicios, la hermana María Clara tuvo que dejar su patria en 1870 y partir para Calais (Francia), para hacer el noviciado y la profesión religiosa con la intención de, posteriormente, fundar una nueva congregación en Portugal. De regreso a su país, el 3 de mayo de 1871, juntamente con el padre Raimundo dos Anjos Beirao, dio inicio a la Congregación de las Hermanas Franciscanas Hospitalarias de la Inmaculada Concepción.  

 

Mujer samaritana

Mujer de una sensibilidad riquísima y de un corazón lleno de bondad y de ternura para los más pobres y abandonados, la hermana Clara dedicó toda su vida a atenuar sufrimientos y dolores, llenando Portugal de casas de asistencia, de atención y educación. Lugares donde todos pudiesen encontrar cariño y amparo, fuese cual fuese su condición o estado social. Guarderías; asistencia a niños e inválidos, a domicilios; escuelas, colegios, hospitales, cocinas económicas, etc. Las llamadas llegaban de los más diversos lugares y países. Las hermanas empezaron a ser enviadas, incluso a la misión ad gentes: Angola en 1883; India en 1886; Guinea y Cabo Verde en 1893.

Desde la fundación de la congregación, en 1871, hasta la muerte de la hermana Clara en 1899, gracias a su extraordinario dinamismo evangelizador, logró abrir más de 140 obras y que se juntarán a ella, con el mismo ideal, más de 1.000 hermanas, teniendo únicamente en vista la urgencia de la caridad.

En este momento la congregación, siguiendo el ejemplo de su fundadora, está atenta a las necesidades del mundo actual, dando prioridad a la misión ad gentes en países como Filipinas, Timor, México... y, de hecho, hemos regresado a las misiones de Angola y Brasil; después de 100 años se abrirán dos fraternidades en el interior del Amazonas.

 

DATOS DE CONTACTO

FRANCISCANAS HOSPITALARIAS DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
c/ Sarabia 8,
36700 Tuy - Pontevedra

 

Por Hna. Lourdes
Franciscana hospitalaria de la Inmaculada Concepción
Artículo publicado en Misioneros Tercer Milenio, nº 118, octubre 2011