Hermanitas de la Anunciación

Humildad y sencillez al servicio del Evangelio

 

Las Hermanitas de la Anunciación fuimos fundadas el 14 de mayo de 1943, en Medellín (Colombia). Con “un carisma al servicio de las familias, la niñez y la juventud, sin distinción de razas ni condición social”. Nuestra congregación es un don que el Espíritu del Señor concedió a la Iglesia por medio de la Madre María Berenice (María Ana Julia Duque Hencker).

María Ana Julia Duque Hencker nace el 14 de agosto de 1898 en Salamina, Caldas (Colombia). Hija de Antonio José Duque Botero, cristiano convencido y hombre de negocios, y Ana Berenice Hencker Rister, piadosa mujer consagrada a la práctica asidua de las obras de misericordia y verdadera educadora de sus hijos. Su origen alemán les da a estos un temple cristiano e intelectual.

Ingresa en la vida religiosa con las Hermanas Dominicas de la Presentación, en Bogotá, el 20 de diciembre de 1917. Toma el hábito el 26 de julio de 1918, adoptando el nombre de Berenice. Durante este tiempo compagina las tareas congregacionales con el apostolado entre la gente marginada de los barrios pobres de la ciudad de Medellín, donde empieza a forjar y poner los cimientos de su futura congregación.

Madre Berenice es mujer de grandes acciones proféticas y talante innovador y audaz. Dedica su vida a trabajar por la dignificación de la mujer marginada (obreras, prostitutas), la educación infantil y juvenil, y la catequesis en medios rurales y periferia de las grandes ciudades.

Muere el 25 de julio de 1993, en Medellín-Colombia, en la Casa Madre del Instituto, rodeada del cariño de sus hijas y de muchas personas que reconocen su santidad de vida. El 1 de abril de 2004 tiene lugar la apertura del proceso romano en la causa de canonización de Madre María Berenice, que ya es considerada Sierva de Dios. 

Del anuncio a la Anunciación

Fue así como el 14 de mayo de 1943, M. Berenice ofrece a la Iglesia un carisma de humildad y sencillez, la fundación de las Hermanitas de la Anunciación, en medio de la más absoluta pobreza. “Dios escogió lo débil del mundo –como dice San Pablo– para confundir a los poderosos”. La misión de la Anunciación dentro de la Iglesia y del mundo es proyectar el servicio evangélico en las familias, la formación de la niñez y de la juventud, sin distinción de raza ni condición social.

“Ampararse bajo el misterio de la Anunciación es matricularse en una escuela de espiritualidad. El alma sedienta de Dios siente necesidad de contemplarlo”. Nuestro carisma espiritual parte de Cristo entregado al Padre y a la humanidad desde el momento en que por amor asume la encarnación. La madre fundadora nos invita a vivenciar la espiritualidad de total donación y a testimoniar que la encarnación es el misterio de la vida, que nos impulsa a descubrir al Señor en el diario vivir.

En Jesús y María descubrimos y asumimos el modelo de vida consagrada por su escucha de la Palabra, por su disposición al diálogo, su humildad, sencillez, generosidad y disponibilidad al querer de Dios y a las necesidades de nuestros hermanos.

Nuestro fin en el seguimiento de Cristo es la fidelidad a la llamada que Él nos ha hecho para, desde nuestra respuesta generosa, contribuir a la extensión del Reino en la ayuda del crecimiento espiritual de nuestros hermanos, por medio de la evangelización, promoción social y educación de la niñez y la juventud, alfabetización, pastoral familiar, parroquial y de salud, hogares para niños que no lo tienen y misiones.

 

Mirando hacia el futuro

Nuestro caminar continúa con el apoyo de los laicos, los cuales han asumido la espiritualidad de la congregación, herencia de nuestra fundadora. Con las nuevas generaciones la Anunciación quiere seguir interpretando los signos de los tiempos y continuar respondiendo de forma clara a las exigencias que van surgiendo, poco a poco, en cada región, en cada país y en cada época.

Para cada una de nosotras, es urgente reavivar cada día la audacia de nuestra fundadora, renovar constantemente el espíritu congregacional y el carisma específico que Dios nos concedió para continuar nuestra acción misionera en la Iglesia. Debemos estar muy atentas para descubrir la voluntad de Dios, como Madre Berenice, cuya consigna era “cumplir lo más perfectamente posible la voluntad de Dios”.

Pedimos al Espíritu nos continúe iluminando para saber discernir “lo bueno, lo perfecto, lo que agrada al Señor” (Rom 12,1-2). Nos sentimos llamadas a seguir marcando huellas para que muchos jóvenes descubran a Jesús y le sigan con generosidad y alegría, dispuestos a cumplir la voluntad de Dios en sus vidas.

Que nuestras comunidades, en los diferentes lugares, sean sitios de paz, de esperanza y nuevas ilusiones para nuestros hermanos; que sean reflejo de una vida de entrega y fraternidad. Que los destinatarios de nuestra proyección evangélica descubran a Jesucristo, a María... el anuncio de la Palabra que es siempre viva y eficaz.

 

 

DATOS DE CONTACTO

HERMANITAS DE LA ANUNCIACIÓN
Avda. Carondelet, 37
28043 Madrid

 

Por Matilde Gil J.
Hna de la Anunciación
Artículo publicado en Misioneros Tercer Milenio, nº 103, marzo 2011