Hijas del Calvario

Compartiendo vida y misión con los pobres

 

La Congregación de las Misioneras Hijas del Calvario es un don que el Espíritu Santo hizo a la Iglesia a través de las fundadoras, hermanas Mª Ernestina y Mª Enriqueta Larráinzar, y del padre fundador, Manuel María Ortiz, OFM.

La fundación tuvo lugar en la ciudad de México, D.F, el día 19 de enero de 1885. Posteriormente, ya fallecidos el P. Manuel y la Madre María Enriqueta, Madre Ernestina fundó en Italia (1908), en Cuba (1915), en España (1921) y en Jerusalén (1922).

Después de la muerte de Madre Ernestina, la congregación se fue extendiendo a diferentes países. Actualmente las Misioneras Hijas del Calvario tienen su Casa General en Italia y están organizadas en cuatro Provincias: México, Italia, España y Zimbabue. La Provincia de España tiene tres Delegaciones: Mozambique, Colombia y Brasil. También hay una comunidad de hermanas en Jerusalén, cuyo fin es fundamentalmente contemplativo. El número de hermanas que conforman la congregación se sitúa en torno a unas 300. “Como una gota de agua en la inmensidad de los mares, viene a ser la congregación de las Misioneras Hijas del Calvario, en la inmensidad del mundo; una gota de gratitud y de amor por el don de la Redención” (Directorio espiritual, nº 34).

 

Rasgos de identidad

 

Los rasgos que definen la identidad de las Misioneras Hijas del Calvario son los siguientes:

- Vivir con plenitud el misterio de la Redención: “La contemplación de este misterio de amor suscita en las hermanas sentimientos de gratitud y de amor, y el compromiso de dedicar su vida a aliviar los sufrimientos de la humanidad, rescatando los signos de vida y esperanza, haciendo así presente en el mundo los frutos de la Redención que Jesús inauguró con el misterio pascual” (Constituciones, nº 2).

· María Corredentora: Ella estuvo asociada a la persona y a la misión de su hijo Jesús; ejemplo vivo de participación activa en el misterio de la Redención. “Las Misioneras Hijas del Calvario aprenden de María el sentido y la fidelidad a esa misión” (Constituciones, nº 3).

­- Vivir la contemplación y la acción en unidad de vida. “Las hermanas integrarán en una misma realidad de vida contemplativa, la oración y la acción. Iluminadas y alentadas por la experiencia de Dios, estamos en medio del mundo sin ser del mundo... siendo signo y sacramento de un Dios que surge como sentido, esperanza, gratuidad, amor y servicio” (Documento de identidad, nº 82). “El que permanece en Mí y Yo en él, ese dará mucho fruto” (Jn 15,4).

­ - Dedicar nuestra vida al servicio de la humanidad doliente. “Como consecuencia de su asociación con Cristo, que sigue sufriendo su pasión y su cruz en los pobres, el instituto orientará su apostolado preferentemente hacia los grupos más necesitados y desposeídos de la humanidad”. La congregación no fue fundada para dedicarse a un campo concreto de caridad, sino que la humanidad doliente tiene muchos rostros y campos de trabajo pastoral. Pero siempre es prioritario lo más deshumanizado, marginado, empobrecido, donde los rostros del Crucificado se hacen más visibles y urgentes de ser liberados y redimidos.

- Desde la pobreza. Las fundadoras y el fundador recibieron una triple inspiración: constituir una congregación pobre, en la que las hermanas fueran personalmente pobres y dedicadas a compartir la vida y misión con los pobres. Esta pobreza evangélica se inspira en el desprendimiento que tuvo Cristo en la cruz, confiando su vida toda entera en las manos del Padre.

- Consagradas para la misión. El misterio de la Redención, que inspira la espiritualidad de la congregación, da a la misma el carácter misionero. Las Misioneras Hijas del Calvario han recibido de la Iglesia la misión que prolonga la que Cristo recibió del Padre: “Anunciar la Buena Noticia de la Redención a los pobres y manifestar que el Reino de Dios está entre nosotros” (Constituciones, nº 33).

 

Compromiso misionero

 

Desde la fidelidad al Evangelio, al carisma de la congregación, a las enseñanzas de la Iglesia y los signos de los tiempos (como criterios de discernimiento para descubrir la voluntad de Dios en nuestro compromiso misionero), el desarrollo de la actividad misionera tiene en cada país concreto características diferentes, pues cada realidad es distinta. Se puede hablar, sin embargo, de algunas constantes: estamos vinculadas a procesos diocesanos y parroquiales; en coordinación con otras entidades y organizaciones que están al servicio de la vida, de los derechos humanos, de la dignificación de las personas y comunidades que se han visto golpeados por la violencia, el desplazamiento, etc.; pastoral de la mujer (desde la perspectiva de género); pastoral de la salud (trabajo en hospitales, residencias de mayores y acompañamiento a enfermos y ancianos); pastoral infantil (Infancia Misionera, guarderías, escuelas, atención a niños huérfanos o abandonados); pastoral catequética (con niños, jóvenes y adultos, priorizando la formación de catequistas); pastoral de pequeñas comunidades eclesiales (priorizando la formación de animadores); pastoral carcelaria...

Pretendemos “pasar al lado de la desgracia y de las lágrimas cual ángeles de consuelo para aliviar o remediar todos los infortunios de la vida y miserias de la humanidad... y contribuir a la felicidad de los demás” (Directorio espiritual, nº 47).

 

 

Por Maria Luisa Ruiz
Hijas del Calvario
Artículo publicado en Misioneros Tercer Milenio, nº 127, verano 2012