Institutos y Congregaciones Misioneras

 

 

Misioneras de la Inmaculada Concepción

Siguiendo a Jesús Misionero

 

Los protagonistas del origen de las Misioneras de la Inmaculada Concepción son, esencialmente, M. Alfonsa Cavin y el obispo de Barcelona, José Domingo Costa y Borrás. La primera es una religiosa de la Sagrada Familia de Burdeos, que había venido a España a la misión de Mataró en 1846. Pronto su modo de hacer, para dar respuesta a la misión del pueblo con el que se identifica totalmente, le crea conflictos con su congregación francesa y decide separarse. En esos momentos es apoyada en su decisión por el obispo de Barcelona, José Domingo Costa y Borrás, quien toma su labor como una obra también suya. Los dos fundan el instituto el 4 de agosto de 1850. Y es en 1902 que se aprueba la congregación, que pasa a ser de Derecho Pontificio.

El instituto se expande rápidamente por Cataluña, y un hecho significativo de esta expansión fue la decisión de asumir, en 1885, las misiones de Guinea Ecuatorial, a donde van las primeras misioneras solicitadas por los PP. Claretianos, que ya estaban en esta parte de África.

Consagración y misión

M. Alfonsa vive la doble vertiente de todo carisma comunitario: la consagración y la misión. Ella define esta doble faceta de la realidad única que es el carisma cuando, en lenguaje y cultura de la época, señala que nuestra vida es “fijar la suerte en Dios, tomándolo por su parte y heredad, y consagrar la vida al bien de los hermanos”. Nuestra familia religiosa, como muchas de esta época, nace con un fuerte sentido apostólico.

Como fundadora, el don concedido por el Espíritu a M. Alfonsa consiste en la configuración con Cristo, ungido y enviado por el Padre para anunciar a los pobres la Buena Nueva. En virtud de esta configuración también nosotras somos enviadas, como los apóstoles, a proclamar el Reino de Dios y a curar. El texto de Lucas (9, 1-6) –“Convocando a los Doce, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar”– es nuestro punto de inflexión, desde donde nos sentimos llamadas a vivir toda nuestra consagración.

Iluminada por esta Palabra de Dios y urgida por las necesidades de la realidad circundante, descubrió que la forma en que su grupo debía contribuir a la edificación del Reino era “regenerar la sociedad mediante la instrucción de los niños y jóvenes y las obras de caridad”, ayudando a las personas a salir de su situación de inferioridad y a vivir con la dignidad que les corresponde.

 

Rasgos de nuestra espiritualidad

La universalidad es una característica de la misión concepcionista, que está abierta a todos, pero, especialmente, a las mujeres y los pobres y necesitados.  M. Alfonsa y las primeras hermanas dedicaron su vida y obra a la educación de la mujer y a la asistencia, entendidas en sentido amplio: clases de niñas pobres, internados de señoritas, atención a las huérfanas, escuelas dominicales, hospitales, ancianos, maternidad y expósitos en las llamadas “casas de misericordia”, etc.

Las actitudes fundamentales y las expresiones compartidas con las que hemos respondido al don de Dios han generado en nosotras un estilo peculiar de vida y misión. Una espiritualidad que tiene como centro el seguimiento de Jesús misionero. Son características esenciales de nuestra vida misionera: la fidelidad a la voluntad de Dios; la oración como búsqueda de esa voluntad divina en discernimiento y como encuentro con el Señor que fortalece la fe y la confianza para realizar la misión; la vivencia de los votos desde esta perspectiva misionera nos libera y ayuda a configurarnos con el estilo de vida del mismo Jesús; la vida en comunidad fraterna para la vivencia de un mundo de comunión posible y diferente, y para dar respuesta comunitaria a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas; y la figura de María Inmaculada que, como primera seguidora y misionera de la Buena Nueva de su Hijo, ha impregnado toda nuestra vida personal y las actividades de misión desde los mismos orígenes de la congregación.

 

Hacia dónde vamos

Hoy el instituto consta de 431 hermanas, distribuidas en 61 comunidades. Estamos presente en 12 países: España, Italia, Guinea Ecuatorial, Argentina, Venezuela, Colombia, Liberia, Ghana, Togo, Paraguay, México y Camerún, con vocaciones nativas de las distintas nacionalidades. En todos estos lugares se han originado diferentes modos de presencia según las necesidades: diversidad de formas educativas y de promoción de la salud según las exigencias de personas y lugares; talleres ocupacionales y de promoción de empleo; promoción de la mujer y sus derechos; participación en la acción pastoral integral de las Iglesias locales en donde estamos insertas; formación de líderes de organizaciones sociales y comunidades campesinas; promoción y acogida a inmigrantes; atención a ancianos y niños en situación de abandono; y trabajo en ambientes juveniles.

Como vía para nuestra revitalización, deseamos vivir alegres, como María, el sentido de nuestra consagración, creciendo en nuestro parecido con Jesús misionero, desde la experiencia de sentirnos seducidas por Él. Queremos construir la fraternidad/solidaridad, entre nosotras y con otros y otras, asumiendo el reto de acoger la diferencia y vivir y testimoniar el pluralismo y la tolerancia que tanto necesita la sociedad de hoy. Nos esforzaremos por defender la vida en todas sus dimensiones desde nuestra preferencia por los más necesitados de hoy en nuestras realidades concretas, caminando junto a otros y otras. Cuidaremos la formación y el acompañamiento en todos los niveles y etapas de la vida y animaremos el trabajo con jóvenes donde las realidades lo hagan posible.

Estas somos, esta es nuestra historia y nuestros sueños. Y queremos seguir haciéndolos realidad en cada rincón en donde estamos, con el único anhelo de construir con otros y otras un “mundo otro posible” en donde la solidaridad y el cuidado de la vida vayan siendo una realidad que alcance a todos.

 

 

 

DATOS DE CONTACTO

MISIONERAS DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
C/Ferraz 83

28008 - Madrid

 

http://www.misionerasinmaculadaconcepcion.org/

 

Por Misioneras de la Inmaculda Concepción

Artículo publicado en Misioneros Tercer Milenio, nº 106, junio 2010