Misioneras Hermanas de Betania

Dando a conocer el amor de Jesús

 

El nombre de Betania nos evoca un hogar tranquilo y acogedor; lugar de reposo para Jesús, de consuelo, de paz, de serenidad… El padre Mateo Crawley, el gran apóstol del Sagrado Corazón de Jesús, quiso fundar una congregación que llevase este nombre y que diera solidez a la gran obra que él difundía recorriendo todo el mundo. Pensó   en la madre Domitila Huneeus Gana, una joven de Santiago de Chile de grandes cualidades humanas y espirituales.

Madre Domitila, por razones familiares –a causa de la enfermedad de su madre–, no pudo cumplir en aquel momento con las peticiones del padre Mateo. Eso sí, entre tanto, se dedicó a realizar obras de caridad y, en unión con dos de sus hermanas, fundó la obra de las Ollas Infantiles para las escuelas católicas de Santo Tomás de Aquino para niños pobres.

 

Los orígenes

Fue más adelante, el 8 de septiembre de 1922, cuando se inició la Congregación de las Misioneras Hermanas de Betania. Monseñor Castro y el padre Damián Symonn fueron los que apoyaron a la madre Domitila en aquel momento.

La Congregación Misioneras Hermanas de Betania busca dar a conocer el amor de Jesús. Su campo de apostolado se realiza entre los más sencillos, las familias obreras. Se visitan las familias con el deseo de que Jesús sea amado y entronizado en el hogar. “El instituto lleva el nombre de Betania porque adopta, como modelo que debe imitar y que se propone reproducir, la Casa de Betania, hogar donde Jesús, recibido y honrado como amigo, reinaba realmente como Señor y Soberano”. (Constituciones, 13)

Dentro de la labor que la congregación desarrolla en España, se trabaja en casas de espiritualidad, escuelas, parroquias y residencias de estudiantes. Los restos de madre Domitila descansan en la Casa Generalicia, ubicada en Barcelona, ciudad donde nuestra Madre llegó en el año 1928 en busca de vocaciones y para dar solidez a la obra. En Barcelona murió el 9 de octubre de 1955. Su vida de sencillez y su abandono a la voluntad de Dios quedan reflejados en estas palabras dichas a una hermana que le preguntaba si no temía a la muerte: “No, ¿por qué he de temer el encontrarme con el Corazón de Jesús, si le he amado siempre?”.

 

Fuerza y luz

El carisma de Betania es profundamente eucarístico. Las hermanas buscan, en sus ratos de oración ante el Sagrario, conocer a Jesucristo, con un saber a fondo e íntimo, que les dé la fuerza y la luz necesarias para lanzarse con eficacia a la evangelización de la sociedad.

Las hermanas intentan reproducir la vida de Betania, vida activa y contemplativa, priorizando siempre la oración. Si queremos sintetizar lo que son, consideremos dos frases de Jesucristo: “María ha escogido la mejor parte y no le será quitada” (Lc 10, 42); “Id, pues, y enseñad a todas las gentes” (Mt 28,19).

De los largos ratos de intimidad con Jesús es de donde surge el apostolado, el dar a conocer y amar a Jesús a los demás, por medio del Corazón Inmaculado de María, para que en cada hogar –como en la familia de Betania, en Judea– Jesús se sienta comprendido y amado.

 

Chile, nuestra cuna  

      

En febrero de 2005 la congregación llegó de nuevo a Chile, la cuna de la fundación, el país donde nació nuestra Madre. Se estableció en Talca, con el deseo de crecer y encontrar nuevas vocaciones en esta noble tierra chilena.

Vivimos en la parroquia de Fátima, dentro de su mismo reciento, en una casa de la diócesis, y trabajamos en la pastoral parroquial. Nos han llegado dos vocaciones de jóvenes chilenas. Colaboramos en la catequesis, visitando a los enfermos, así como a las familias, misionando en las zonas rurales, etc.

Después del terremoto del 27 de febrero de 2010, se ha intensificado la ayuda solidaria a las familias damnificadas por el seísmo y por sus consecuencias: pérdida de trabajo, de vivienda, enfermedad… Ha sido y es un período difícil. Nuestra zona fue muy afectada. Fueron 400 las familias que se quedaron sin techo.

Dios, siempre misericordioso, inspiró una gran corriente de solidaridad entre todo el pueblo chileno y a nivel mundial, y sentimientos de confianza, de fortaleza, de apertura al Señor. Era continuo escuchar de labios de quien lo había perdido todo: “Gracias a Dios estamos vivos”.

La Virgen del Carmen, la Madre muy querida y venerada por todos, es quien nos sostiene y anima a seguir siempre adelante, con confianza, con paz y amor. En julio pasado, en pleno invierno chileno, la Virgen del Carmen peregrina, regalada por el papa Benedicto XVI, que recorrió todo Chile, estuvo un día visitando Talca. Tuvimos el gozo de poder acompañarla en todo el recorrido por la ciudad: universidad, hospital, parroquias, cárcel, carabineros, regimiento… En todas partes se le rindió homenaje con gran cariño y confianza. Era la visita de la Mamá que confortaba a sus hijos después del sufrimiento por el terremoto.

Asimismo, la jornada del 18 de julio, en Talca, se inauguró la primera capilla de Adoración Perpetua de Chile. Nos cabe el gozo de tener al Señor siempre esperándonos y continuamente acompañado por adoradores.

Son los mejores regalos de nuestra diócesis después del terremoto. Jesús y María siempre nos acompañan.

 

 

DATOS DE CONTACTO

MISIONERAS HERMANAS DE BETANIA
C/Buenavista 37

08940 - Cornellá de Llobregat
Barcelona
 

http://www.hermanasdebetania.es/

 

Por Nuria Viñolas
Misionera Hna. de Betania

Artículo publicado en Misioneros Tercer Milenio, nº 114, abril 2010