Las Obras Misionales Pontificias en los mensajes para el Domund del Beato Juan Pablo II


             

Juan Pablo II en las revistas de OMP

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Revista Misioneros nº 115


Un beato misionero

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La pasión misionera de Juan Pablo II
Revista Misioneros nº 54

 

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Magisterio misionero de Juan Pablo II


Redemptoris missio y otros documentos en:
La Iglesia misionera

 

Exhortaciones apostólicas postsinodales de los cinco continentes en:

La Iglesia en el mundo

 

 

Juan Pablo II y las OMP


En sus veintisiete mensajes para la Jornada Mundial de las Misiones, de 1979 a 2005, San Juan Pablo II ofreció importantes indicaciones sobre qué son y qué deben ser las Obras Misionales Pontificias. A continuación se presenta una selección de textos procedentes de esos mensajes, en los que el Papa se ocupa especialmente de cómo el objetivo de estas Obras es “promover el espíritu misionero universal en el Pueblo de Dios” y de cómo en esta tarea las OMP tienen la “responsabilidad primaria” (RM 84).

Selección de textos de Rafael Santos Barba
Obras Misionales Pontificias - Dirección Nacional

 

Sumario

1. Las OMP y la promoción del espíritu misionero

 Misión de las OMP
 Funciones

 Rasgos

 Valores

 2. Prioridad de las OMP

Justificación

Divulgación de las OMP

 3. Otros aspectos

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LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS EN LOS MENSAJES PARA EL DOMUND DEL BEATO JUAN PABLO II


 

  

1. Las OMP y la promoción del espíritu misionero

 

1.1. Misión de las OMP

 

Desarrollar la animación misionera, para suscitar la cooperación misionera y promover las vocaciones misioneras

 

“A tales Obras incumbe la función de suscitar el interés y participación de todos los fieles, tanto en el plano espiritual como material, al servicio de las misiones, y también de promover las vocaciones misioneras de los jóvenes” (1987).

 

“[...] las Obras Misionales Pontificias [...] se destacan en la Iglesia por su espíritu emprendedor y perseverante en suscitar la cooperación misionera con iniciativas múltiples y apropiadas de animación, información y formación a un espíritu auténticamente universal y misionero. [...] Pero, la función primaria de estas Obras es la animación misionera, comenzando por la primera —la Propagación de la Fe— que tiene como función principal la educación, la información y la sensibilización misionera. Todas, además, se interesan por promover las vocaciones para la Iglesia misionera” (1988).

 

Estimular a ir en ayuda de los más necesitados del mundo a través de los misioneros

 

“[La Jornada Mundial de las Misiones] nos estimula a ir en ayuda de los «hermanos más pequeños» (cf. Mt 25,40) a través de los misioneros esparcidos por todo el mundo. Esta es la tarea de las Obras Misionales Pontificias, que desde siempre sirven a la misión de la Iglesia, haciendo que no falte a los más pequeños quien les comparta el pan de la Palabra y siga llevándoles el don del amor inagotable que brota del corazón mismo del Salvador” (2002).

 

Manifestar al mundo un testimonio de caridad mediante la evangelización

 

“Son Obras que el Espíritu del Señor suscitó hace ya más de siglo y medio, y ha suscitado progresivamente, en medio de su pueblo para manifestar al mundo el testimonio especial de caridad que se hace solidario con toda la obra de evangelización en el mundo. [...] En la historia de la cooperación misionera, las Obras Misionales Pontificias han construido «puentes de solidaridad» que ciertamente no podrán fallar, porque están cimentados en la fe de la resurrección de Cristo, alimentados por la Eucaristía” (1986).

 

 

1.2. Funciones

 

1.2.1. En cuanto a la animación

 

Formar y sensibilizar respecto a la dimensión misionera de la fe

 

“En la animación misionera desempeñan un papel importante las Obras Misionales Pontificias, que tienen la misión de formar a las Iglesias locales y a los fieles en el sentido misionero de la fe. Es importantísimo su papel para el crecimiento de las diócesis, las parroquias y las familias cristianas. [...] Las Obras Misionales Pontificias, oportunamente, desean ponerse al servicio del testimonio misionero, insistiendo, dentro de la labor de sensibilización, en el primado de la santidad. Como escribí en la encíclica Redemptoris missio: «El verdadero misionero es el santo» (n. 90)” (1996).

 

 

1.2.2. En cuanto a la cooperación

 

Organizar eficazmente la cooperación misionera y favorecer la comunión intereclesial

 

“Son ellas [las OMP] las que aseguran una coordinación eficiente en la visión global de las necesidades y peticiones; de ellas parte, ramificándose, la red capilar de la caridad misionera. Pero su razón de ser no se reduce a una función organizadora; en realidad, están llamadas a ejercitar un servicio de activa mediación y de comunicación intereclesial, favoreciendo un contacto frecuente y fraternal entre las distintas Iglesias locales, las de vieja tradición cristiana y las de reciente fundación. Y esta es función mucho más alta, porque refleja y promueve directamente la circulación de la caridad” (1979)

 

Garantizar una ayuda regular y segura a las misiones

 

“Con el fin de hacer frente a estas necesidades cotidianas y esenciales, las Iglesias jóvenes han de contar con una ayuda regular y segura. Esta es la razón por la que exhorto a todos a que contribuyan al fondo central de las Obras Misionales Pontificias, que tienen precisamente por finalidad asegurarles esta ayuda constante” (1981).

 

 

1.3. Rasgos

 

Instrumentos activos, modernos y dinámicos de la cooperación misionera

 

“[Las OMP] Son, en efecto, los instrumentos activos, modernos, dinámicos, para sostener, en todos los aspectos, la acción directa de los misioneros que trabajan en las avanzadas, y para asegurar el apoyo indispensable a las poblaciones confiadas a su cuidado pastoral. Las Obras Misionales Pontificias son el instrumento de la caridad del Pueblo de Dios, del milagro del amor fraterno [...]” (1985).

 

Espíritu emprendedor y perseverante, creativo y “ajustado”

 

“[...] las Obras Misionales Pontificias [...] se destacan en la Iglesia por su espíritu emprendedor y perseverante en suscitar la cooperación misionera con iniciativas múltiples y apropiadas de animación, información y formación a un espíritu auténticamente universal y misionero” (1988)

 

Cauce destacado para la participación de los laicos

 

“En cuanto a la participación de los laicos en la misión universal de la Iglesia, ¿no es motivo de alegría y esperanza que dos de las cuatro Obras Misionales Pontificias —la Obra de la Propagación de la Fe y la Obra de San Pedro Apóstol— hayan sido fundadas por laicos, y precisamente por mujeres que ardían en celo por el reino de Dios?” (1989).

 

“Quiero manifestar en esta ocasión el ardiente deseo de que el laicado católico —en su conjunto y en activa comunión con los guías del Pueblo de Dios— encuentre en el servicio de las Obras Misionales Pontificias luminosos valores provenientes de una fecunda escuela de caridad universal” (1986).

 

 

1.4. Valores

 

Capacidad revitalizadora de la misión, universalidad, cooperación al alcance de todos

 

“Con feliz intuición, esta iniciativa [la Obra de la Propagación de la Fe] ha favorecido el crecimiento en la Iglesia de algunos valores fundamentales, hoy difundidos por las Obras Misionales Pontificias: el valor de la misión misma, capaz de regenerar en la Iglesia la vitalidad de la fe, que se incrementa cuando hay empeño por comunicarla a los otros: “¡La fe se fortalece dándola” (Redemptoris missio, 2); el valor de la universalidad del empeño misionero, porque todos, sin excepción, son llamados a colaborar con generosidad en la misión de la Iglesia; la oración, el ofrecimiento de los propios sufrimientos y el testimonio de vida como elementos primarios para la misión, al alcance de todos los hijos e hijas de Dios” (1998).

 

La misión como don

 

“[OMP] anima en sentido misionero a todo el pueblo de Dios, recordando que, todos, niños y adultos, obispos, presbíteros, religiosos y fieles laicos, están llamados a ser misioneros en su propia comunidad local, abriéndose todos juntos a las necesidades de la Iglesia universal. La animación y la cooperación misionera, promovida por las Obras Misionales Pontificias, presenta al pueblo de Dios la misión como don: don de sí y don de los propios bienes materiales y espirituales en beneficio de toda la Iglesia (cf. RM 81)” (2000).

 

 

2. Prioridad de las OMP

 

2.1. Justificación

 

Sostenimiento del deber fundamental de la Iglesia: el anuncio del Evangelio

 

“Es motivo de alegría comprobar que en muchos cristianos va creciendo cada vez más la solicitud por las necesidades de los países y de las Iglesias del Tercer Mundo, y que se van multiplicando de modo cada vez más notable las iniciativas particulares para ayudar a personas o proyectos de dichas regiones. Esto es señal de un creciente sentido misionero y de un creciente sentido de justicia. No obstante, conviene asignar un puesto privilegiado a las Obras Misionales Pontificias, porque estas sostienen la tarea de anunciar directamente el Evangelio, que es el deber fundamental y propio de la Iglesia. En este anuncio está precisamente el fundamento del auténtico desarrollo y de la auténtica liberación humana” (1981).

 

Sentido católico y evangélico de la cooperación

 

 “[...] con sus programas de ayuda universal, las Obras Misionales Pontificias se hacen cargo de las necesidades de todas las Iglesias jóvenes, sin exclusión alguna. Esta universalidad constituye su carácter específico. [...] en la cooperación misionera hay que pensar ante todo en las Iglesias jóvenes, en todas las Iglesias jóvenes. Este modo de cooperación misionera puede tal vez llevar a un compromiso personal menor, pero hará que se dé más desinteresadamente. Y este modo de dar puede resultar más evangélico y eficaz” (1981).

 

Reparto justo y equitativo de las ayudas

 

 “Solamente un fondo de solidaridad central puede evitar el peligro de olvidar a algunas Iglesias, sobre todo a las más pobres, o ciertas necesidades esenciales de estas. Solamente mediante un programa de ayuda apropiado a las diversas necesidades, se puede evitar el escollo de los particularismos y, por tanto, de la discriminación en la distribución de las ayudas. Esto es precisamente lo que trata de hacer el Consejo Superior de las Obras Misionales Pontificias [...]” (1981).

 

Comunión con el Papa y con toda la Iglesia

 

 “[...] deseo hacer notar la importancia específica de unos medios [de cooperación misionera] avalados por la experiencia, no exclusivos, pero privilegiados por su estrecha conexión con la Sede de Pedro: las Obras Misionales Pontificias. [...] Dando su apoyo a las Obras Misionales Pontificias, el cristiano se sentirá parte viva y vital de la Iglesia universal y experimentará el sentido más auténtico de su catolicidad; porque las Obras Misionales Pontificias son el medio más eficaz para que todos los cristianos, cooperando al esfuerzo misionero de la Iglesia misma, se sientan y sean en todo sentido las «piedras vivas» (cf. 1 Pe 2,5) que edifican el Cuerpo místico” (1985).

 

 

2.2. Divulgación de las OMP

 

Necesidad de darlas a conocer

 

 “Confío que este Mensaje, recibido por todos los fieles de cada una de las Iglesias locales, reavivará en cada uno la conciencia del deber de sostener las Obras Misionales Pontificias, todavía lamentablemente no conocidas y organizadas en todas partes” (1985).

 

“Invitamos a todos a que en la próxima jornada reflexionen acerca de la función que ellas [las OMP] desempeñan, dentro de la entera comunidad eclesial, como instrumentos idóneos para la animación y sensibilización misionera del Pueblo de Dios (cf. AG 38)” (1980).

 

 

3. Otros aspectos

 

3.1. Sobre cada Obra en particular

 

Propagación de la Fe: comenzar por la animación misionera

 

“[La Obra de la Propagación de la Fe] tiene como función principal la educación, la información y la sensibilización misionera” (1988).

 

Infancia Misionera: sostener un derecho esencial de los niños

 

“El servicio eclesial que esta Obra [de la Infancia Misionera] [...] lleva a cabo en todos los continentes [...] sostiene el derecho de los niños a crecer en su dignidad de hombres y de creyentes, ayudándoles sobre todo a realizar su deseo de conocer, amar y servir a Dios” (1993, 150.º aniversario de IM).

 

San Pedro Apóstol: ver en la Obra un gran motivo de alabanza

 

“[...] invito a todos a alabar al Señor por las maravillas que Él ha realizado sirviéndose de Estefanía y Juana Bigard, consagradas por entero a la causa misionera. La Iglesia [...] no puede menos de glorificar al Señor por los frutos sazonados de evangelización y de santidad que la obra iniciada por las señoras Bigard ha producido” (1989, centenario de SPA).

 

Pontificia Unión Misional: animar a los animadores, por una eficaz pastoral misionera

 

“[La Unión Misional] Tiene el mérito de realizar un esfuerzo continuo de sensibilización entre los sacerdotes, religiosos, religiosas y animadores de las comunidades cristianas, para que el ideal misionero se traduzca en formas adecuadas de pastoral y de catequesis misionera” (1991, 75.º aniversario de la PUM).

 

 

3.2. OMP y la conversión del dolor en ofrenda para la cooperación misionera

 

“[...] la valoración del sufrimiento para fines misioneros [...] constituye una de las expresiones más nobles del apostolado de dichas Obras [...]. Pero hay que hacer todavía más. Hay, en efecto, tantos sufrimientos humanos que no han encontrado todavía su finalidad sublime y su enfoque apostólico, que pueden reportar un bien inmenso al progreso de la evangelización, y a la dilatación del Cuerpo Místico de Cristo. Es, quizás, esta la más valiosa forma de cooperación misionera, porque alcanza su máxima eficacia precisamente en la unión de los sufrimientos de los hombres con el sacrificio de Cristo en el Calvario, renovado incesantemente en los altares” (1984).

 

 

3.3. OMP y el rosario

 

 “La tarea de la animación misionera debe seguir siendo un compromiso serio y coherente de todo bautizado y de toda comunidad eclesial. Una función más específica y peculiar compete, ciertamente, a las Obras Misionales Pontificias, a las que expreso mi gratitud por todo lo que generosamente están llevando a cabo.

A todos quisiera sugerir que intensifiquen el rezo del santo Rosario, de forma individual y comunitaria, para obtener del Señor las gracias que la Iglesia y la humanidad más necesitan. [...]

Si el Rosario marca el ritmo de nuestra existencia, podrá transformarse en instrumento privilegiado para construir la paz en el corazón de los hombres, en las familias y entre los pueblos. [...] Sostenidos por María, no dudaremos en dedicarnos con generosidad a la difusión del anuncio evangélico hasta los confines de la tierra” (2003).

 

Selección de textos de Rafael Santos Barba
Obras Misionales Pontificias - Dirección Nacional