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Forbin Janson: Fundador de la Obra Pontificia de Infancia Misionera |
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Textos pontificios Mensaje del santo padre con ocasión del 160° Aniversario de la Pntificia Obra de la Santa Infancia S.S. Juan Pablo II (2003)
Estudios sobre Infancia Misionera: Los niños misioneros del Tercer Milenio P. José Luis Irizar
El fundador de la Infancia Misionera P. José Luis Irizar
P. Luis Legaspi
Infancia Misionera
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Semblanza de Forbin Janson
Forbin Jansón, obsesionado por las misiones
Agustín Ayerdi
El fundador, el obispo de Nancy, Francia, monseñor Charles de Forbin Janson, había pensado en ser misionero. Se ignora por qué no pudo cumplir su deseo. Llegó a solicitar de Pío VII que le enviara al Extremo Oriente. No lo consiguió, pero Forbin Janson quedó para siempre jamás obsesionado por las misiones.
Preocupación por las misiones
Entre estos trabajos, Forbin Janson se sintió especialmente interesado por el que se refería a los niños abandonados de China, Contaba con testimonios dramáticos de los sacerdotes de la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París -instituto misionero del clero secular al que había pensado unirse Forbin Janson-, de los misioneros dominicos de Macao y Foochow, y de otros. Tuvo conocimiento del "Mensaje a las almas caritativas de Europa", un documento escrito el 7 de octubre de 1779 por un miembro de las Misiones Extranjeras de París, el sacerdote Juan María Moye, fundador de las Hermanas de la Providencia de Portieux. Este texto presentaba con todo detalle la triste situación de muchos niños abandonados por sus padres en China. La pobreza de las familias y el desprecio que los hogares campesinos abrigaban para con las niñas -que no podrían trabajar en las duras tareas del campo-, eran la causa de tales abandonos. El documento, como tantos otros testimonios de la época, no exageraba por más que el estilo de su redacción adolecía de las tintas románticas de moda en la cultura de finales del siglo XIX. Todavía hoy el régimen comunista ha tenido que tomar cartas ante este problema tradicional en su país...
La lectura de este "Mensaje", con todas las informaciones de primera mano que aportaba, tocó fuerte en el corazón del obispo Forbin Jamón. Ocurría cuatro años antes de que se decidiera a crear la Obra Misional de la Santa Infancia. Correspondencia con las misiones Nunca olvidaría, a partir de esa lectura y de sus contactos con los misioneros, la importancia de la información. Hombre de desbordante oratoria -se sabe de él que pronunció 130 sermones en sólo 15 días- y de gran facilidad para la escritura, se sirvió de la palabra y de los escrito para convocar a todos los niños cristianos en La fecha de fundación de la "Santa Infancia" se fija en un 19 de marzo de 1843. En tan corto periodo de tiempo, Forbin Janson había lanzado a la opinión pública 600.000 hojas, en seis idiomas distintos, para dar a conocer la Obra; y había anunciado que, en breve, iniciaría su andadura una publicación bajo el título de "Anales de la Obra de la Santa Infancia". Este anuncio lo hizo público el 25 de marzo de 1844, al año de haber creado la Obra. Escribía: "Con ocasión del rendimiento de cuentas de cada año, y tal vez con otra periodicidad mayor, ofrece-remos a nuestros asociados interesantes y llanas informaciones en forma de "Ana-les". Les escribiremos sobre sus jóvenes hermanos y hermanas de China ¡y qué de detalles conmovedores podremos contarles! Daremos cuenta también de los progresos de la Obra y revelaremos, tal vez, sacrificios llenos de generosidad, magníficas inspiraciones propias de la infancia". Su sucesor al frente de la Obra renovó esta promesa. Se dirigió por carta a todos los Vicarios Apostólicos de China y a todos los superiores de las misiones. Les pedía crónicas sobre sus trabajos a fin de poder establecer una impresionante "correspondencia" "entre la infancia cristiana y la infancia infiel, entre los niños rescatados y sus caritativos bienhechores".
Forbin Janson creía en el poder de la información para suscitar en todos el interés por las misiones. Creía en ello porque él mismo lo había experimentado. Su sucesor en la sede diocesana de Nancy, monseñor Mejaud, escribía en el número uno de los "Anales": "Nadie como él dirigía sus miradas tan frecuentemente y con tanto ardor hacia los países idólatras envueltos en sombras de muerte".
(Revista Illuminare, nº 333, enero 1995)
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