Maximum illud, carta apostólica de Benedicto XV (1919):

 

30. [...] Es de lo más principal e imprescindible, para quienes tienen a su cargo el gobierno de las misiones, el educar y formar para los sagrados ministerios a los naturales mismos de la región que cultivan; en ello se basa principalmente la esperanza de las Iglesias jóvenes.

 

31. Porque es indecible lo que vale, para infiltrar la fe en las almas de los naturales, el contacto de un sacerdote indígena del mismo origen, carácter, sentimientos y aficiones que ellos, ya que nadie puede saber como él insinuarse en sus almas. Y así, a veces sucede que se abre a un sacerdote indígena sin dificultad la puerta de una misión cerrada a cualquier otro sacerdote extranjero.

 

34. No es el fin de la formación del clero indígena poder ayudar únicamente a los misioneros extranjeros, desempeñando los oficios de menor importancia, sino que su objeto es formarles de suerte que puedan el día de mañana tomar dignamente sobre sí el gobierno de su pueblo y ejercitar en él el divino ministerio.

 

36. [...] Allí donde el clero indígena es suficiente y se halla tan bien formado que no desmerece en nada de su vocación, puede decirse que la obra del misionero está felizmente acabada y la Iglesia perfectamente establecida. Y si, más tarde, la tormenta de la persecución amenaza destruirla, no habrá que temer que, con tal base y tales raíces, zozobre a los embates del enemigo.

 

37. Siempre ha insistido la Sede Apostólica en que los superiores de misiones den la importancia debida y se apliquen con frecuencia a este deber tan principal de su cargo. Prueba de esta solicitud son los colegios que ahora, como en tiempos antiguos, se han levantado en esta ciudad para formar clérigos de naciones extranjeras, especialmente de rito oriental.

 

38. Por eso es más de sentir que, después de tanta insistencia por parte de los Pontífices, haya todavía regiones donde, habiéndose introducido hace muchos siglos la fe católica, no se vea todavía clero indígena bien formado; así como que haya algunos pueblos, favorecidos tiempo ha con la luz y benéfica influencia del Evangelio, que, habiendo dejado ya su retraso y subido a tal grado de cultura que cuentan con hombres eminentes en todo género de artes civiles, sin embargo, en cuestión de clero, no hayan conseguido generar ni obispos que los rijan, ni sacerdotes que se impongan por su saber a sus conciudadanos. Ello es señal evidente de ser manco y deficiente el sistema empleado hasta el día de hoy en algunas partes en orden a la formación del clero indígena.

 

39. Con el fin de obviar este inconveniente, mandamos a la Sagrada Congregación de Propaganda Fide que aplique las medidas que las diversas regiones reclamen, y que tome a su cuenta la fundación o, si ya están fundados, la debida dirección de seminarios que puedan servir para varias diócesis en cada región, con miras especiales a que en los Vicariatos y demás lugares de misiones adquiera nuevo y conveniente desarrollo el clero.

 

101. No queremos [...] dejar de mencionar aquí la “Obra de San Pedro”, instituida con el fin de coadyuvar a la educación y formación del clero nativo en las misiones.

 

 

 

Rerum Ecclesiae, encíclica de Pío XI (1926):

 

56. [La Obra de San Pedro Apóstol] tiende a que, con sus oraciones y limosnas, puedan sustentarse jóvenes nativos escogidos que, tras una buena formación en los seminarios, sean el día de mañana sacerdotes aptos, que, además de facilitar la conversión de sus paisanos, puedan después mejor conservarlos firmes en la fe.

 

59. [...] Nos queremos consignar nuestro elogio a tantos obispos que, no contentos con inscribirse ellos como socios perpetuos de la Obra, han hecho que sus seminarios y otras asociaciones de jóvenes se hayan encargado de la manutención y educación de algún clérigo indígena.

 

 

 

Cooperatio missionalis, instrucción de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos (1998):

 

4. [...] La Obra Misional Pontificia de San Pedro Apóstol, para sensibilizar al pueblo cristiano sobre la importancia del clero local en los territorios de misión y para invitarlo a colaborar espiritual y materialmente en la formación de los candidatos al sacerdocio y a la vida consagrada. [...]

 

Tomado de: Obras Misionales Pontificias (ed.),
La Iglesia Misionera. Textos del Magisterio Pontificio, Madrid, BAC, 2008