Maximum illud, carta apostólica de Benedicto XV (1919):

 

103. [...] para que estos nuestros deseos lleguen a verificarse con la más segura garantía y éxito halagador, debéis de un modo especial, venerables hermanos, organizar vuestro clero en punto de misiones.

104. En efecto: el pueblo fiel siente propensión innata a socorrer con largueza las empresas apostólicas; y así, ha de ser obra de vuestra diligencia saber encauzar en bien y prosperidad de las misiones ese espíritu de liberalidad.

105. Para el logro de esto, sería nuestro deseo se implantase en todas las diócesis del mundo la “Unión Misional del Clero”, sujeta en todo a la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, a la que por nuestra parte hemos otorgado cuantas atribuciones necesita su perfecto funcionamiento.

106. Apenas nacida en Italia, se ha extendido ya por otras varias regiones, y, objeto juntamente de nuestra complacencia, florece al amparo de no pocos favores pontificios.

107. Y con razón: porque su carácter cuadra perfectamente con el influjo que debe ejercer el sacerdote, ya para despertar entre los fieles el interés por la conversión de los gentiles, ya para hacerles contribuir a las Obras Misionales, que llevan nuestra aprobación.

 

 

Rerum Ecclesiae, encíclica de Pío XI (1926):

 

43. A fin de que este programa tenga su debido puesto entre las demás actividades de vuestro oficio pastoral, ved de mandar se establezca en vuestras diócesis la Unión Misional del Clero o, en caso de que ya existiese, haced que cada día florezca con mayor prosperidad, apoyándola con vuestra autoridad, consejos y exhortaciones.

44. Apenas nacida esta Unión hace ocho años, por particular providencia de Dios, nuestro inmediato predecesor no solo la enriqueció con toda clase de indulgencias, sino que ordenó dependiese directamente de la jurisdicción de Propaganda Fide.

45. Nos mismo, una vez extendida ya la asociación estos últimos años por muchas diócesis, hemos querido darle más de una prueba de nuestra benevolencia pontificia.

46. Todos los sacerdotes, pues, que sean miembros de esa Unión, y también los alumnos de sagrada teología, según su condición, se esfuercen, conforme al fin de la Obra, por orar ellos y hacer orar a los demás, sobre todo en la misa, para que se conceda el don de la fe a tantas muchedumbres de gentiles.

 

49. Vosotros mismos, venerables hermanos, como patronos e impulsores que sois, la mayor parte, de este movimiento en vuestras diócesis, sois buenos testigos no solo de lo mucho que ayuda la Unión Misional del Clero al auge económico de estas tres Obras [Propagación de la Fe, Santa Infancia y San Pedro Apóstol], sino de lo mucho que prometen recaudar, según vaya aumentando la generosidad de los fieles.

 

 

Evangelii praecones, encíclica de Pío XII (1951):

 

6. [...] la Unión Misional del Clero ha tomado un gran incremento en este período [desde la publicación de Rerum Ecclesiae en 1926] [...].

 

67. Recordáis cómo la encíclica Rerum Ecclesiae recomendaba insistentemente la Unión Misional del Clero, cuya finalidad es reunir a los miembros de ambos cleros y los aspirantes al sacerdocio para que propaguen en unidad de fuerzas y con todo empeño la causa de las misiones católicas. Nos, pues, que no sin gran contento de nuestro corazón, como antes dijimos, hemos visto los progresos de esta Unión, ardientemente deseamos que se extienda más y más y que incite cada día con mayor entusiasmo la voluntad de los sacerdotes y de los pueblos encomendados a sus cuidados a ayudar a la obra de las misiones. Es esta Unión como un manantial del cual salen las corrientes que riegan los florecientes campos de las demás Obras Misionales Pontificias, a saber: de la Propagación de la Fe, de San Pedro Apóstol para el clero indígena y de la Santa Infancia. [...]

 

 

Fidei donum, encíclica de Pío XII (1957):

 

16. [...] Apoyad con generosidad en vuestras diócesis a la Unión Misional del Clero, tan frecuentemente recomendada por nuestros predecesores y por Nos mismo. La acabamos de elevar a la dignidad de Obra Pontificia, de suerte que nadie pueda poner en duda la estima que por ella sentimos y la importancia que Nos concedemos a su desarrollo. [...]

 

 

Graves et increscentes, carta apostólica de Pablo VI (1966):

 

3. Era [...] natural, venerables hermanos, que recibiéramos con profunda complacencia el anuncio de que en el próximo mes de octubre se celebrará el cincuenta aniversario de la providencial fundación de la Pontificia Unión Misional del Clero. Tan fausta conmemoración nos ofrece la grata oportunidad de expresar públicamente nuestra benevolencia hacia una asociación a la que Nos mismo hemos dado el nombre y por medio de la cual nos sentimos siempre unidos con los operarios de Cristo en su trabajo allá en los lejanos territorios de misión. Al mismo tiempo se nos ofrece la ocasión de detenernos en un fructuoso coloquio con vosotros, venerables hermanos en el episcopado, y de dirigir nuestras paternales exhortaciones a los queridísimos sacerdotes, “aptos colaboradores del orden episcopal y su ayuda e instrumento” [Const. dogm. Lumen gentium, 28].

 

9. Es necesario reconocer que la Unión Misional del Clero, fundada con la finalidad de recoger todas las formas de colaboración del clero en favor de las misiones, no perdonó esfuerzo para realizar cuanto se había propuesto en sus comienzos: formar e instruir a los sacerdotes, favorecer un más completo conocimiento de las misiones, sostener las vocaciones misioneras, procurar las colectas para los misioneros. Pero, al mismo tiempo, extendiéndose desde Italia a todo el mundo, aquélla fue paso a paso perfeccionándose en su configuración y estructura, sobre todo en relación con la obra de educación del pueblo cristiano, ya iniciada según las propias atribuciones por las Obras Pontificias de la Propagación de la Fe, de San Pedro Apóstol y de la Santa Infancia.

 

10. Así, pues, bajo los auspicios y el impulso de nuestros predecesores y en particular del Papa Pío XI, de venerable memoria, la Unión Misional del Clero fue confiada a la directa autoridad de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, y ha alcanzado poco a poco, como era justo, un puesto de importancia primaria entre nuestras Obras Misionales Pontificias.

 

21. Deseamos también subrayar y confirmar con nuestra personal autoridad la importancia y validez del decreto Ut universa, de 14 de abril de 1957, de nuestra Sagrada Congregación de Propaganda Fide, mediante el cual la Unión Misional del Clero fue incluida oficialmente entre las Obras Misionales Pontificias. Hoy, después del decreto Ad gentes, del Concilio Ecuménico Vaticano II, la Unión Misional del Clero, bajo la directa dependencia de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, no sólo es confirmada públicamente como instrumento oficial de la Sede Apostólica para “infundir en los católicos desde los primeros años un espíritu verdaderamente universal y misionero” [Decreto Ad gentes, 38], sino, sobre todo, ha de considerarse como el alma de las otras Obras Misionales Pontificias.

 

 

Redemptoris missio, encíclica de Juan Pablo II (1990):

 

84. [...] La Unión Misional tiene como fin inmediato y específico la sensibilización y formación misionera de los sacerdotes, religiosos y religiosas, que, a su vez, deben cultivarla en las comunidades cristianas; además, trata de promover las otras Obras [Misionales Pontificias], de las que ella es el alma [cf. Pablo VI, carta apost. Graves et increscentes (5-9-1966): AAS 58 (1966) 750-756]. [...]

 

 

Cooperatio missionalis, instrucción de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos (1998):

 

4. [...] La Pontificia Unión Misional, para la formación y sensibilización misionera de los sacerdotes, de los seminaristas, de los miembros de los Institutos masculinos y femeninos de vida consagrada y de las sociedades de vida apostólica, y de sus candidatos, así como de los misioneros laicos directamente comprometidos en la misión universal. Esta Unión es como el alma de las otras Obras, porque los que la componen están especialmente capacitados para suscitar en las comunidades cristianas el espíritu misionero y para incrementar la cooperación. [...]

 

Tomado de: Obras Misionales Pontificias (ed.),
La Iglesia Misionera. Textos del Magisterio Pontificio, Madrid, BAC, 2008