
Soy un niño de Níger y me llamo Amane. Mi país está en la parte central del África occidental y limita, al sur, con Nigeria y Benin, al oeste con Burkina Faso y Malí, al norte con Argelia y Libia y al este con el Chad. Nuestro idioma oficial es el francés, aunque se hablan más de 20 lenguas diferentes: las más importantes el tamaight, el buduma y el hausa.

Vivo con mis padres, mis ocho hermanos y mi abuelita a las afueras de Niamey, que es la capital de mi país, cerca del río Níger. Dicen que Niamey es una ciudad pequeña, porque tiene 665.000 habitantes. Es el centro cultural y económico de mi país.
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Aunque a mí me gusta mi pequeño pueblo, Pinawella, rodeado de plantaciones de té. En el pueblo hay un orfanato de elefantes donde trabaja mi padre. Recogen a elefantes que han perdido a sus mamás y les dan leche de búfala con unos biberones enormes. Es que aquí hay muchos elefantes. Los usamos para ayudarnos a trabajar en el campo y para transportarnos.

Una vez montamos en un autobús para ir al norte y vimos el desierto. Es todo arena y allí no se puede vivir. Mi país tiene la tercera parte de su territorio en el desierto del Sáhara. En cambio, cerca del río Níger hay muchas sabanas donde hay ganado y un poco de agricultura.
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En mi país hay mucha gente pobre, más del 63% de la población. Mi madre dice que si no fuera por la tienda de mi papá nosotros también lo seríamos, así que damos muchas gracias a Dios. Todas las mañanas papá tiene que andar 7 kilómetros para ir a trabajar a su pequeña tienda de ultramarinos en el centro de Niamey. La tienda está cerca del mercado a donde va mi madre tres días a la semana a vender vasijas de barro que hacen las señoras de nuestro poblado. Yo cuando puedo voy y le ayudo. El mercado es muy bonito; venden de todo: carne, ropa, huevos, utensilios... todo lo necesario.

Por las mañanas vienen dos Hermanas de la Caridad al poblado y nos enseñan a leer y escribir, juegan con nosotros, rezamos.... Hace poco las hermanas nos dieron lápices y pudimos escribir sobre un papel... ¡qué bonito queda! Normalmente escribimos en el suelo, que es de arena, pero por la noche, con el viento se borra todo nuestro trabajo.
Las Hermanas de la Madre Teresa también trabajan en un hospital en Niamey, donde hay muchos enfermos que son muy pobres, y que si no fuera por las hermanas habrían muerto en la calle. Ellas son muy buenas y les cuidan mucho. Mamá, cuando puede, va a ayudar a las hermanas a cuidar a los enfermos.

Nosotros vivimos en una casita hecha con barro. Estas casas nos protegen del calor. Una vez leí que Níger es uno de los países más calurosos del mundo. En primavera y verano la media es 30º pero la temperatura puede llegar hasta 50º.
Nosotros éramos musulmanes, pero nos convertimos al catolicisimo y hace tres años recibimos el bautismo. ¡Fue emocionante! Un 90% de la población de mi país es musulmana. Mi madre se reúne con las mujeres en la parroquia y preparan las catequesis. Los domingos tenemos Misa y después bailamos y cantamos.
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En otoño, los nómadas se reúnen en la región de Agadez para el Azalai, una gran caravana de sal que llega hasta Bilma pasando por Tazolé. Los camellos se paran en los oasis a beber agua porque pasan mucho calor. En mi país son muy famosas las jirafas y los animales de la selva.
Mi tía tiene una tienda de telas, con las que hacemos la ropa que llevamos, sobretodo las mujeres. La gente que viene de fuera se queda sorprendida por la variedad y el colorido de nuestros vestidos. ¡¡¡Hay telas preciosas!!!
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