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Hola amiguitos de Gesto:
sé que en este mes de enero celebráis el día de los niños misioneros, o la Infancia Misionera. El año pasado, gracias a vosotros, recibimos de las Obras Misionales Pontificias de España una ayuda para los niños más necesitados de mi diócesis de Hpa-An. Seguro que no habéis oído hablar nunca de este lugar. Está en Myanmar, lo que antes se llamaba Birmania. Yo soy obispo de Hpa-An, una nueva diócesis creada por Benedicto XVI el 24 de enero de 2009, o sea hace solo tres años. Me llamo Justin y soy su primer obispo. Aquí la mayoría, un 85 % son budistas y un 12 por ciento de la población son cristianos. Los católicos suman casi 11.000.
Hpa-An hace frontera con Tailandia, para que lo situéis un poco en el mapa. Aquí vive gente de diferentes razas, nacionalidades, algunos muy pobres. Desde que soy obispo mi prioridad son los niños, quiero que todos puedan disfrutar de los mismos derechos: comer, tener medicinas, ir al colegio, ropa, un hogar, poder conocer a Jesús... por eso vuestra colaboración ha sido como un gran regalo de Reyes para ellos.
Los misioneros y misioneras tienen colegios, guarderías y residencias para los niños más necesitados, muchos de ellos huérfanos. Gracias a su inmensa labor crecen más felices porque saben que alguien les cuida, que tienen donde jugar y dormir, saben que tienen un Padre que les quiere y unos niños, como vosotros, que respondéis cuando se os pide ayuda.
Gracias de parte de la Sociedad Misionera de San Paul, de las Hermanas de San Francisco Xavier, de las Hermanas Servitas de María, del obispo y de muchos niños y niñas como Kying Sin Htun, Ei Chan Phyu, Kaw Min Khat, Rosy Ma, Aye Yatana...
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