A finales del siglo XV en Europa nadie sabía que, navegando hacia accidente, se podía llegar a América. Colón lo descubrió y nos lo contó al regreso de su primer viaje a aquellas tierras, allá por el 1492.
Aquellos nativos no sabían nada de nosotros, y los europeos tampoco teníamos ni idea de que ellos existiesen. Ahora eso nos parece imposible.
Pues, además hay otra cosa curiosa: aquellas gentes jamás habían oído hablar de Jesús. Cuando los misioneros comenzaron a hablarles de Dios, no se lo creían. Descubrieron que todos somos hermanos, que tenemos un Dios que nos quiere de verdad, que ha dado su vida por nosotros y que nos tiene preparado un cielo maravilloso a todos.
-¿Qué Dios nos quiere? –decían aquellos indios-, e insistían: ¿A todos?
- Sí, sí, a todos –les respondían los misioneros-.
- No es posible –pensaban, y costaba convencerles-.
- Pues queremos ser amigos de ese Dios –decían al fin. Y es que aquello era más de lo que podían pensar. Y preguntarás tú:
- Y ¿hasta entonces no había tenido ni Nochebuena, ni turrones, ni nacimientos, ni villancicos?
¡Claro, no había Navidad!
- ¿Y no había ni primeras comuniones, ni procesiones, ni encuentros con el Papa, ni misas, ni nada? –insistirás tú-.
- No conocían nada de eso. Todo estaba por empezar. Pero hubo enseguida muchos religiosos jóvenes que se ofrecieron voluntarios para evangelizar América. Y eso que ni sabían las lenguas locales, ni tenían casas, ni planos para saber por donde tenían que viajar y que contando con que el dinero allí no les servía de nada. Así fueron los primeros misioneros. Hablarían primero a los niños y estos a sus familias.
Pero aquello, que comenzó con tantas dificultades, cambió a fácil muy pronto, seguramente gracias a los niños. Y hoy nosotros “CON LOS NIÑOS DE AMÉRICA PODEMOS HABLAR DE JESÚS”.
LA JORNADA DE INFANCIA MISIONERA de este año ha querido recordarnos que aquellos niños y nosotros, los de España, tenemos un amigo común del que sabemos mucho y al que queremos imitar. Se llama Jesús.
Por Xavier Ilundain
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