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“Queridos niños y niñas: Hace más de 2.000 años que Jesús, el Hijo de Dios, se reunió con sus amigos en una casa que llamamos ‘cenáculo’, y allí preparó una cena, la cena de despedida, ya que unas horas después moriría en la Cruz. Jesús sabía lo que le iba a suceder, sabía que Judas le iba a traicionar vendiéndole por 30 monedas de plata (¡Qué horror!) y, aún así, preparó esa cena con sus apóstoles. Mientras cenaban tomó pan y dijo: ‘Esto es mi Cuerpo’; tomó una copa de vino y dijo: ‘Esta es mi sangre derramada por vosotros’. Y se quedó para siempre en el pan y en el vino de la Eucaristía. ¡Qué milagro tan grande! ¿Verdad? Y vosotros, dentro de poco, haréis la Primera Comunión, podréis comer el Cuerpo del Señor. Sí, lo recibiréis en vuestro corazón y, entonces, podréis decir como san Pablo: ‘Ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí’.
Os voy a confesar algo que me cuesta mucho entender: ¿Cómo puede ser que, después de comulgar, muchos niños, e incluso personas mayores, no se recojan en silencio para hablar con Jesús, para escucharle, para rezarle? ¿Cómo puede ser que se pongan a hablar con el compañero o miren distraídamente a todos los lados? No suceda así entre vosotros: acercaos a comulgar en silencio y con gran respeto porque recibís al mismo Dios presente en el pan de la Eucaristía; y después de comulgar, estad en vuestro sitio muy recogidos hablando a solas con el Señor Jesús, escuchándole a Él Y decidle: ‘¡Señor mío y Dios mío, creo en Ti, aumenta mi fe!, ¿qué quieres, Señor, de mi?’
Y quien comulga se hace como Jesús y con Jesús pan eucarístico para los demás, es decir, se hace don para los demás. Por eso todos los niños que comulgan quieren hacerse don, regalo, para otros niños más pobres. Y todos los años ofrecen una ayuda a los niños del Tercer Mundo. Este año os propongo que ayudéis a los niños de la misión africana de Kenya, a los que vamos a ayudar a comprar todo el mobiliario (sillas, pupitres, pizarras…) para la escuela que están construyendo en la parroquia de Chelopoy. Seguro que seréis muy generosos.
Pero no olvidéis que más hermoso que dar un donativo es rezar todos los días por los niños que no conocen a Jesús.
¿Queréis comprometeros a ello? Pero más hermoso todavía sería que os hicieseis misioneros. Os animo a participar en todas las actividades de la Infancia Misionera y nos os olvidéis de apuntaros en vuestras parroquias o colegios a la revista GESTO. Ojalá que un día, cuando seáis mayores, os decidáis a ser misioneros y marchar al Tercer Mundo a trabajar para que otros niños puedan conocer y amar a Jesús, el Hijo de Dios, el amigo de todos los hombres.
Y no quiero despedirme de vosotros sin deciros tres cosas:
1.- Que pongáis en vuestra habitación el rinconcito de oración. Los catequistas y el sacerdote os explicarán cómo hacerlo. Y no dejéis de rezar todos los días en ese rincón, vuestro rincón de oración.
2.- Que forméis parte de Nazared, es decir, del gran grupo de niños que rezan diariamente para que haya muchos y buenos seminaristas. ¿Conocéis el Seminario y los seminaristas de nuestra Diócesis? Decid a los catequistas que os lleven al Seminario, es una casa muy grande y bonita. Podréis conversar con los jóvenes que viven allí y se preparan para ser sacerdotes.
3.- Que queráis mucho a vuestros padres, hermanos y abuelos. Obedecedles siempre, colaborad en las tareas de la casa, y no seáis caprichosillos y niños mimados, sino más bien haced todo lo posible para que la alegría y la unión reinen entre vosotros.
Os quiere y os bendice”.
El obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño, Juan José Omella
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