Niños Misioneros

 

   

Este verano tenemos olimpiada. Pues os cuento:

Este verano tenemos olimpiada. Pues os cuento:

Hubo un día maravilloso en el que un hombre se dijo:

- ¿Por qué tenemos que demostrar que somos más poderosos que otros pueblos montando  guerras y matando gente? ¿No habrá otra manera de demostrar que somos más fuertes que los demás?

 

Y hubo otra persona –no sabemos quien-, que comentó:

- En vez de guerras podemos hacer torneos. Que luche un representante de nuestro pueblo contra otro el del pueblo enemigo y así, aunque la lucha sea a muerte sólo morirá el que pierda y no  miles de guerreros. Luego todos considerarán que el  país del ganador es el que verdaderamente tiene derecho a imponer su ley. A muchos la idea les pareció buena y así se hizo. 

 

Pero otra persona, que estoy seguro que era  buena, pacífica y sabia, pensó:

- ¿Y por qué tiene que morir una persona en el torneo y la otra quedar machacada? Podemos hacer una competición pacífica en la que se considere que gana el  pueblo del guerrero que  más rápido corra, o más alto salte o más lejos arroje una piedra  pesada o su propia lanza. Y  de esta manera  comenzaron las olimpiadas con sus pruebas de salto, de velocidad y  lanzamiento.

Fíjate además en el símbolo de las olimpiadas. Son cinco aros de colores entrelazados y que desplegados forman una cadena. El aro azul recuerda los mares de Oceanía, el negro representa a África por el color de muchas de sus gentes, el rojo América, por aquello de los pieles rojas, el amarillo Asia, también  por su raza, y el verde la verde Europa. Me gusta, porque nos dan a entender que la vida debe ser de colores, que Dios hizo la naturaleza  llena de colores y que todas las razas del mundo deben estar unidas como los eslabones de una cadena. 

 

Nosotros también deberíamos hacernos “olímpicos”, o sea,

. que arreglásemos nuestros problemas  por las buenas y sin peleas,

. que tratásemos de superarnos como hacen los atletas,

. que tengamos ganas de crecer por fuera y por dentro y

. que nos sintamos unidos en cadena con las gentes de todo el mundo…

 

Y estoy pensando que los misioneros son como esos hombres pacíficos que cambian las guerras en encuentros y que no tienen miedo de vivir en ningún lugar del mundo. Me gustan. 

 

Por Xavier Ilundain

 

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