Camboya

 

 

Yolanda Cabrera
Misionera en Camboya

   

Hola a todos y todas que leéis Gesto, me llamo Yolanda y pertenezco a la congregación “Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús”. En noviembre de 2013 fui enviada a la misión que nuestra congregación tiene en Camboya, a una ciudad llamada Poipet, que está limitando con Tailandia. Y en la que hay un gran número de la población que vive en condiciones muy precarias. Después del tiempo que pasé estudiando el idioma (jemer), me incorporé a la misión. Hasta hace tres meses que vine a España por mis vacaciones he estado a cargo de un pequeño jardín de infancia. En el tenemos a 75 alegres y ruidosos niños y niñas de entre 3 y 6 años. Todos ellos vienen de familias pobre y con pocos recursos, muchos de ellos viven con sus abuelas pues sus padres se han tenido que ir a Tailandia a trabajar. En el Jardín de Infancia Madre de la Paz, que es como se llama, los niños/as además de recibir una buena alimentación, también aprenden muchas cosas: tienen clase de inglés, de jemer (que es su idioma), de matemáticas, de plástica, aprenden cosas sobre su cultura, también a cuidar el medio ambiente, pero lo que más les gusta son las clases de baile. Para Navidad y final de curso pasan meses ensayando diferentes bailes con sus profesoras, con los que luego deleitan a los papas, abuelas, hermanos etc. Para ellos el jardín de infancia es una lugar donde aprenden jugando, crecen sanos y felices. A veces les preguntan a los papas porque los sábados  y domingos no poder ir al “salamatei” (que en jemer quiere decir jardín de infancia). Vienen muy contentos y se van muy contentos a casa. Yo me siento feliz trabajando con ellos. Cada día espero en la puerta para recibir sus sonrisas y sus abrazos (pues son como osos amorosos, les encanta dar abrazos). En ellos puedo descubrir la ternura y el amor que Dios nos regala a través de sus criaturas. Y yo también trato de transmitirles ese mismo amor, con mi cuidado y mi desvelo por ellos. Tratando de que se sientan queridos y valorados. Son muy listos y a veces yo aprendo más de ellos que ellos de mí. Y para terminar solo pediros que recéis por estos niños y niñas para que desde la educación que están recibiendo puedan ser constructores, animadores, y buenos líderes de su país, el cual aún sufre la pobreza y las secuelas que deja la guerra. Y por mí y por todos los misioneros, para que El Señor nos de la fuerza para seguir llevando su amor y su Palabra a todos los rincones del mundo.

 

                                                           Yolanda Cabrera
Misionera en Camboya

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