Las joyas que esconde la selva

 

   

¿Has estado alguna vez en la selva? Quizá viviendo en España solo la conozcas por lo leído o visto en la famosa obra de El libro de la selva. La aventura de Mowgli es genial, pero has de saber que hay muchos Mowgli reales. Bueno, me explico, no es que haya niños que vivan con una manada de lobos, ¡¡claro está!!  pero… hay muchos niños que viven escondidos en el interior de la selva y algunos muy solos. Su familia, debido a la enfermedad y por la falta de información y de recursos, no saben qué hacer con ellos. Incluso hay quienes llegan a creer que estos niños tienen una maldición o cosas así. Pero la verdad es que cada uno de estos niños es una joya preciosa que se encuentra escondida en la selva.

Yo vivo en el interior de la selva, con mucha pobreza si comparas mi casa con la tuya, pero nosotros tenemos una joya preciosa; nuestro hermano Indalicio, que sufre parálisis cerebral. Bueno, tenemos dos; también mi padre se ha quedado ciego y aunque os parezca imposible, la compenetración entre los dos es tan grande que papá afirma que Indalicio es sus ojos.

Quien nos ayudó a descubrir la joya que teníamos en casa fue la misionera Soledad que vive de continuo en Yurimaguas. Cuentan nuestros papás que al nacer Indalicio y ver que apenas se movía, les provocó mucho dolor y confusión, pero al llegar ella y ayudarles a entender qué le pasaba a su hijo, facilitarles una silla de ruedas especial, llevarlo al Hogar María de Nazaret y enseñarles cómo hacer ejercicios con él, fue la posibilidad de encontrar el tesoro que en su interior guardaba aquella pequeña criatura que no se movía, ni hablaba,… descubrieron que Indalicio era muy  feliz y sus carcajadas llenaban de alegría toda la casa.

El Hogar María de Nazaret se cerró y solo cuando vienen misioneros y voluntarios es posible reabrirlo por un tiempo, Soledad siempre se acuerda de mi hermano y vienen a recogerlo. Imaginad por un momento la aventura de pasar con él en la silla de ruedas los dos ríos y todo el tramo de selva con una vegetación muy densa que nos separan del Hogar. Consuelo y Javi lo hicieron muy bien la última vez. Cuando ellos llegaron, es como si la luz de la esperanza brillara en nuestros corazones y en la de tantos niños con necesidades especiales. A estos niños les nacen “alas”, pueden salir de la espesura de la selva y alguien les atiende como ellos necesitan.

Yo voy a estudiar mucho, mucho y, cuando sea mayor, viajaré a Estados Unidos para que me enseñen a ayudar a niños como mi hermano. Reabriré el Hogar María de Nazaret y disfrutaré un montón de estar rodeado de las joyas más bellas que esconde la selva, niños y niñas con necesidades especiales.

 

Volver a sumario