Disminuye la pobreza, pero....

 

   

La pobreza extrema ha disminuido en el mundo. Es la gran conclusión que se desprende del informe que Naciones Unidas publicó el pasado 23 de junio sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Eso, tres meses antes de que una centena de jefes de Estado se reúnan –el 21 y 22 de septiembre de este año– en una cumbre de la ONU que tendrá lugar en Nueva York y en la que se espera alcanzar, por un lado, un compromiso renovado de los países del Norte para sostener sus esfuerzos financieros de ayuda y, por otro, la responsabilidad de los países del Sur para que se apropien de estos objetivos que conciernen a la vida cotidiana de sus ciudadanos. Según dicho informe, “el porcentaje de personas que viven con menos de 1,25 dólares (alrededor de 1 euro) al día en los países en vías de desarrollo ha pasado del 46% en 1990 al 27% en 2005, gracias a los progresos logrados en Asia. Y se espera rebajarlo al 15% para el 2015”.

Hace diez años los países miembros de la ONU fijaron el 2015 como fecha límite para luchar y reducir a la mitad la tasa de extrema pobreza y sus consecuencias en el ámbito de la educación, la salud y el hambre. Se aprobaron una serie de objetivos para lograr movilizar una ayuda al desarrollo que se había debilitado fuertemente en la década de los 90, con el fin de la guerra fría. Diez años más tarde, el informe constata que se han alcanzado progresos en diversos aspectos. Por ejemplo, 1.800 millones de personas tenían menos de un dólar por día para vivir en 1990. Hoy hay 400 millones menos; un resultado que se debe, en gran medida, a la emergencia de China y, en menor grado, a la de la India. La mortalidad infantil también ha disminuido fuertemente. En 1990, 12,5 millones de niños morían antes de cumplir los 5 años de edad; en 2008 han sido 8,8 millones. En cuanto a la lucha contra las grandes pandemias, en el mencionado año han muerto a causa de las enfermedades derivadas del SIDA 2 millones de personas, lo que supone 200.000 muertes menos que cuatro años antes.

A pesar de estos esperanzadores avances y de que los propios autores del estudio señalan que  la crisis económica no amenaza  el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, son muchos los peros y los desafíos a tener en cuenta. Uno de ellos es que estos resultados se han cosechado en un época de bonanza y, en las actuales circunstancias, a los países donantes les cuesta más rascarse el bolsillo y limitan sus propósitos. Baste poner como ejemplo que, de los 28.000 millones de dólares prometidos en 2005 por el G8 para ser distribuidos en África entre ese año y 2010, solo se han donado 9.500 millones. Un tercio de lo acordado. No es extraño que la promesa de los países industrializados de consagrar el 0,7% del PIB para ayudas al desarrollado se haya convertido en un reto anclado en el tiempo. Entre tanto, seguimos hablando de más de mil millones de personas que pasan hambre, de que 828 millones viven en cuchitriles, de que solo la mitad de la población de los países en vías de desarrollo tiene acceso a estructuras higiénico-sanitarias...

La pobreza extrema ha retrocedido, pero... ni mucho menos  se ha ganado la batalla. La pobreza sigue siendo el problema más grave de la humanidad. Desentenderse de él solo contribuiría a poner de manifiesto nuestro déficit de valores evangélicos, nuestra bajeza moral y nuestra falta de justicia y solidaridad.

Volver a sumario