ÁFRICA, mil cultura, mil valores

   

Se calcula que en el continente africano hay unas mil culturas distintas. A pesar de sus diferencias, hay patrones de comportamiento y de comprensión del mundo que se parecen mucho, con valores que enriquecen las relaciones humanas.

Por José Carlos Rodríguez

 

 

Nick es uno de los varios cientos de funcionarios de Naciones Unidas en el este de la República Democrática del Congo. Se ocupa de asuntos de derechos humanos en la ciudad de Bunia y sus alrededores, y su trabajo le obliga a desplazarse a menudo por los pueblos de la región del Ituri para investigar casos de presuntos abusos y recomendar a sus superiores medidas que protejan mejor a la población. De nacionalidad estadounidense, es su primera misión en un país africano. Llegó a mediados del año pasado y, desde entonces, se ha sumergido en su trabajo con entusiasmo, convencido de que puede mejorar las condiciones de vida de los congoleños. Sin embargo, después de algo más de seis meses en el terreno, hay algo que no marcha en su labor diaria. Intenta hacer las cosas lo mejor posible, pero, por alguna razón que no entiende, se da cuenta de que la gente le rehúye y sus relaciones con ellos están bloqueadas.

Nadie discute que Nick es un gran profesional. El problema –así se lo ha dicho un compañero suyo camerunés llamado Samuel– es que se sigue comportando como si estuviera en Estados Unidos. Siempre está con prisa, apenas saluda a la gente y es... demasiado directo, o por lo menos eso es lo que Samuel le ha dicho.

Agotado y frustrado, un día Nick le pidió a su colega camerunés que le ayudara. Samuel no se lo pensó dos veces y le llevó a la parroquia de Nuestra Señora de África, dirigida por los Padres Blancos. Allí, un misionero europeo con cuatro décadas de trabajo a sus espaldas le escuchó con mucha paciencia y empezó a aconsejarle: “Yo también me comportaba como tú cuando llegue aquí, y entender a los congoleños me ha costado mucho tiempo y cometer muchos errores. Pero podrás superar esta situación si tienes en cuenta algunas pautas básicas”.

El veterano misionero, antes de trabajar en el Congo, estuvo en Burkina Faso y en Tanzania. Los tres países están ubicados en zonas geográficas y culturales muy distintas: África occidental, África central y África del este. “Hay muchas Áfricas, Nick, e incluso dentro de un único país podemos encontrarnos con grandes diferencias de mentalidad entre una etnia y otra. Pero déjame que te presente algunos rasgos bastante generales que casi siempre encontrarás en cualquier lugar de África donde trabajes”.

Después de aquel primer encuentro, Nick pasó casi todos los días por la parroquia al terminar su jornada laboral, y permanecía allí entre una y dos horas. El sacerdote era, para él, un libro abierto que le preparó para entender otra mentalidad que él apenas se habría imaginado. Al cabo de un mes, organizó sus notas y, tras consultar algunos datos con su colega Samuel y otros amigos de varios países africanos, consiguió ordenar su mente y empezar a hacerse una idea cabal de algunos aspectos de la visión del mundo africano que cada día le entusiasmaba más. Este es un resumen de su cuaderno de cultura africana.

 

Importancia de lo ritual y lo simbólico

En los pueblos africanos existen rituales para todos los momentos importantes de la existencia: el nacimiento, el paso a la edad adulta, el matrimonio, la muerte, la reparación de una ofensa, la vuelta a casa, la reconciliación entre dos clanes enemistados... Los funerales, sobre todo de personas que han muerto en la ancianidad, suelen durar varios días y ser bastante complejos. Muchos africanos que viven en las grandes ciudades siguen teniendo su aldea natal como el lugar de referencia y acuden a participar en estos ritos cuando se celebran, incluso representando a menudo grandes sacrificios económicos.

 

Importancia de lo religioso y el mundo espiritual

Las culturas africanas suelen estar impregnadas de religiosidad. El mundo espiritual tiene una gran importancia y afecta a todos los compartimentos de la vida privada y pública, al contrario de lo que sucede en la cultura occidental, donde solemos pensar que la religión es un asunto privado. En muchos lugares, cualquier reunión o actividad se comienza con una oración, y los actos religiosos duran mucho más tiempo de lo que sería normal en Europa. También se consulta más a los líderes religiosos, ya sean éstos cristianos o musulmanes. Este mundo espiritual aflora con fuerza en momentos de crisis, en especial cuando uno padece una enfermedad, y esto hace que la gente suela buscar causas que van más allá de lo inmediato.

 

Importancia de la comunidad y la familia extendida

La familia, en prácticamente todos los rincones de África, sigue unos parámetros culturales bastante distintos a los occidentales. Mientras en Europa o en Estados Unidos existe la familia nuclear compuesta por pocas personas, en África la familia de uno –a veces conocida como “el clan”– puede estar compuesta por cientos de miembros. Esto es una garantía de protección en situaciones de crisis, como cuando un niño se queda huérfano. Pero puede ser también una grave limitación frente a la autonomía del individuo y, para muchos africanos, termina por ser una carga que les impide ahorrar y prosperar, ya que, cuando uno de sus miembros consigue un buen puesto de trabajo o tiene éxito en los negocios, es habitual que sus familiares acudan a él con peticiones de ayuda que raramente tienen fin. Esta importancia de lo comunitario explica también que en África la gente suela tener otro concepto de la privacidad y que los individuos estén siempre mucho más bajo el escrutinio público de sus vecinos.

 

Importancia de la autoridad y los ancianos

En el África rural, tradicionalmente, la autoridad ha sido siempre ejercida por los ancianos. En sí, esto es un valor, ya que la toma de decisiones se deja en manos de las personas que tienen más experiencia. Sin embargo, esta forma de hacer las cosas tiene también sus limitaciones, como, por ejemplo, el hecho de que muy a menudo las mujeres están excluidas de estos procesos de toma de decisión. Muchas sociedades han entrado en crisis porque los ancianos y otros líderes tradicionales ya no tienen la autoridad de la que gozaban antaño; sobre todo, en países en conflicto en los que los señores de la guerra hacen y deshacen las cosas a su antojo. También hay que tener en cuenta que en el continente hay distintos modelos de organización social: en algunos pueblos –notablemente, en comunidades de los Grandes Lagos– suele haber un tipo de autoridad más centralizada, mientras que en otros –como los de origen nilótico o en los del Sahel– se da más valor al consenso y, antes de adoptar una resolución, hay que escuchar a todos, lo cual significa que la toma de decisiones puede llevar mucho más tiempo que en el mundo occidental.

 

El valor de la hospitalidad

Este es uno de los valores estrella de las culturas africanas. Al huésped se le ve como una bendición y se le da lo mejor. La gente tiene menos miedo de compartir de lo que suele ser habitual en nuestros patrones culturales europeos, y, en ocasiones, esta puede ser incluso una causa que impide el progreso económico, ya que, de tanto compartir, uno no puede permitirse ahorrar y, por consiguiente, disponer de recursos para invertir. Sin embargo, en las grandes ciudades, donde la gente tiene menos posibilidades, las cosas están cambiando y las limitaciones de vivienda hacen que muchas personas ya no puedan acoger huéspedes como en las zonas rurales.

 

Importancia de las relaciones personales

En el mundo occidental suelen primar la eficiencia y el hacer muchas cosas, y, a ser posible, con rapidez. En África es más importante el cómo nos relacionemos con los demás, y, por eso, es importante crear relaciones, saber escuchar con paciencia, charlando con los demás sin prisa, aunque a veces nos pueda dar la impresión de que es una pérdida de tiempo. Construir una buena relación de confianza con nuestros interlocutores es esencial antes de ponernos a realizar cualquier tarea.

 

El ocultamiento de los sentimientos

Salvo excepciones, en África se habla de forma menos directa que en Europa. En parte, esto se debe a que en muchas culturas se considera poco correcto mostrar abiertamente los sentimientos. Este es un patrón cultural que puede llegar a desconcertar a muchos occidentales. La alegría y la cordialidad con que la gente en África suele recibir a los visitantes de fuera no implican necesariamente que la gente sea abierta y directa a la hora de comunicar.

 

Relacionarnos de otra manera

Después de poner en orden sus nuevos conocimientos, Nick tomó varias resoluciones para mejorar sus relaciones con los beneficiarios de su labor y, cuando empezó a seguirlas, se dio cuenta de que las cosas cambiaban: le dio la impresión de que la gente hablaba con él con mucha más confianza, se abría más. Poco a poco llegó a establecer con algunos de sus colaboradores una buena relación de amistad. Estos fueron los cuatro consejos prácticos que empezó a aplicar en su vida diaria:

1. En África, para que las cosas marchen bien, hay que tener relaciones en todas partes. Esto vale para todos los aspectos de la vida, empezando por los posibles riesgos en materia de seguridad. Si hay problemas en una determinada zona, la gente que vive en sus proximidades nos informará y nos ofrecerá consejos que merecerá la pena seguir.

2. Nunca hay que desafiar a una persona que tiene autoridad, por muy pequeña que esta sea. Si hay alguna complicación con un gobernador, un funcionario de aduanas o un policía que nos para, no perdamos nunca la paciencia. Con humildad, flexibilidad y buen humor se resuelven muchas situaciones que podrían complicarnos nuestra vida cotidiana.

3. En África, la vida suele ir a un ritmo muy diferente de las prisas occidentales. Hay que intentar tomarse las cosas con más calma, yendo más despacio, y evitando    trazar planes demasiado cargados. Además, pueden suceder mil imprevistos y hay que adaptarse a como surjan las cosas sin perder la serenidad. En África, la prisa suele interpretarse como arrogancia, y ninguna conversación puede empezar sin saludar de forma educada.

4. “A donde fueres haz lo que vieres” es un consejo sabio en cualquier lugar del mundo. Es importante que en África tengamos en cuenta la sensibilidad de la gente por todo lo que se refiere a detalles pequeños o grandes: desde la manera de vestir, hasta cómo ocupamos nuestro tiempo libre.

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