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“Un, dos, tres..., el escondite inglés". Todos alguna vez hemos participado con nuestros amigos en este juego, que nos trae recuerdos entrañables. La Jornada de la Infancia Misionera, que se celebra el próximo 24 de enero, quiere que rememoremos aquellos años de entretenimiento e ilusión para salir al encuentro de Jesús. Y para lograrlo nos ofrece la inestimable colaboración de los niños de África. De ahí su lema: "Con los niños de África... encontramos a Jesús". Es la segunda etapa de un comprometido y solidario viaje de cinco años, que se iniciaba en enero de 2009 con los niños de Asia y buscando a Jesús, y que tiene la intención de hacernos recorrer los cinco continentes; vivir y "mojarnos" por sus gentes, en especial los más pequeños.
"Pero ¿Jesús se esconde?", os preguntaréis. La respuesta es un tajante "no". "Entonces será fácil encontrarlo", diréis. Y os advertirán: "No es tan sencillo". "¿Y eso por qué?", insistiréis. Pues muy fácil. Unas veces, porque nos encontramos tan ocupados en otros juegos, en otros ocios, en otras preocupaciones, en otras banalidades, que ni siquiera lo buscamos, que ni siquiera queremos participar del proyecto de vida que él nos propone. En otras ocasiones, por el contrario, sí sabemos donde está, pero no queremos verlo. Su visión nos interpela tanto, nos sacude tan fuerte nuestras conciencias que preferimos mirar para otra parte y no hallarlo. Nos complica demasiado la vida. Para otro el "marrón".
Por todas estas dificultades, la Infancia Misionera nos ofrece la ayuda de los niños de África para "pillarlo", para "hacernos con él", porque, entre los muchos lugares donde puede estar Jesús, uno de ellos, sin duda, es entre la infancia, casi siempre "mal tratada" del continente africano. Y es que, si a alguno nos cuesta imaginarnos cómo es Jesús, lo podremos reconocer en el rostro de esos niños de manos vacías que deambulan sin rumbo alguno por campos de refugiados; o en los ojos grandes, barriga hinchada y piernas de alambre de criaturas que ya han olvidado lo que es el comer; o en la ilusión perdida de quien fue obligado a jugar a la verdadera guerra... Jesús está dónde más se le necesita, con los humildes y sencillos, con los últimos de la tierra, con los preferidos de Dios: los niños. Su rostro es reflejo del de ellos. Si ellos sonríen, él ríe; si ellos sufren, él se retuerce de dolor.
"Un, dos, tres..., el escondite inglés". ¿Juegas?... Pues encontremos a Jesús. Solo entonces sabremos lo que es la vida plena.
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