El Proyecto Misionero Kinshasa brinda a los jóvenes de Tarragona la posibilidad de una convivencia misionera en la R. D. del Congo compartiendo su tiempo de forma solidaria con una misionera española y niños de la calle. Se produce así un acercamiento a la situación social de un país de misión donde conocen, en primera línea, el compromiso de la Iglesia misionera. Con esta experiencia, dan un paso adelante en el camino y proceso de su fe, al tiempo que, cuando vuelven a la rutina, comparten lo vivido con las personas de su entorno: en su familia, la universidad, el trabajo...

 

Por Iciar Martín y Ana Fernández

 

 

Las Delegaciones de Pastoral de Juventud y Misiones del Arzobispado de Tarragona han puesto en marcha para los jóvenes un proyecto de convivencia misionera e intercultural en la R. D. del Congo, en colaboración con la Asociación "Ekolo ya Bondeko" ("País de la fraternidad"), que dirige la misionera laica Isabel Correig y que, desde hace ya años, trabaja en tareas de alfabetización, refuerzo escolar e implantación de talleres de capacitación en el barrio semirural de Mpasa, Kinshasa.

La invitación que formulan a los jóvenes es pasar un mes de vacaciones ayudando en un proyecto de colonias de verano para niños y niñas de la calle. Durante este tiempo viven y participan en la vida del centro, acompañando a los niños en sus tareas y juegos.

En los meses anteriores a la partida, los jóvenes participan en varios encuentros, tanto a nivel organizativo (preparación de materiales, recogida de donativos...), como a nivel espiritual y de conocimiento personal del grupo. Estas reuniones son importantes porque te preparan como grupo, como persona y como cristiano. En este tiempo, todos ellos exponen sus motivaciones para realizar el proyecto y se conocen mejor entre ellos. Roser Fornell, una de las jóvenes que estuvo este último verano en Kinshasa, explica: "Lo que terminó de decidirme fue pensar que mis vacaciones también podían ser un tiempo de servicio, de solidaridad, de compartir lo que tengo y lo que soy... Hace años, había participado en campos de trabajos, cuidando ancianos... Ahora se me presentaba un reto a muchos niveles… y lo acepté: descubrir un continente que siempre me había fascinado, vivir en un país extranjero siendo yo la «diferente», no disfrutar de muchas de las «comodidades» de las que estamos rodeados a diario, saber cómo me acogerían y cómo acogería yo a nuestros hermanos africanos, vivir y compartir mi fe cristiana... Vaya, en pocas palabras, abrir el corazón y dejarme llevar…”

 

Experiencia misionera

La acogida que tuvieron en Kinshasa fue increíble. Les tendieron la mano y les hicieron sentir miembros de una misma familia: "Aquellos que no tienen nada o casi nada son los que dan, acogen, tienen cuidado del que todavía tiene menos que ellos, del que está enfermo o del que ha sido abandonado a su suerte”, afirma Roser. “Creo que puedo decir que vivimos la esencia de Jesús: amaros los unos a los otros como Yo os he amado… y eso intento y quiero seguir haciéndolo en mi día a día, desde las pequeñas cosas, desde el corazón y desde la acción".

Con esta experiencia los jóvenes conocen una cultura lejana y más pobre en medios materiales y espirituales; y en la convivencia diaria descubren unos valores morales autóctonos que no están muy lejos del Evangelio. Laia Olivé Ollé, que ha participado por primera vez este verano, señala que esta experiencia ha cambiado su vida: "Me ha traído una alegría constante, que no sabía dónde estaba. Porque es importante ver el mundo con otros ojos. Cambiar esquemas, sentirte útil para alguien y a la vez sentir que te ayudan en lo más íntimo de tu persona".

 La experiencia vivida no acaba cuando vuelven; cuando llegan, se convierten en verdaderos animadores misioneros entre otros jóvenes, en la universidad y entre otros grupos juveniles. Organizan actividades para dar a conocer la experiencia vivida, "para dar a conocer este continente tan olvidado y dar voz al pueblo africano", cuenta Laia.

El compromiso solidario no se rompe a la vuelta, sino que se refuerza con el trabajo de las delegaciones. Elisenda Roig, por su parte, anima a otros jóvenes a participar en esta experiencia: "Después de todo lo vivido este verano, me doy cuenta de que ha sido un regalo, un privilegio... Creo que mucha más gente tiene que tener la oportunidad que hemos tenido nosotros y poder vivirla el verano que viene y los siguientes".

 

Todos invitados

Este invierno, la diócesis de Tarragona ha vuelto a poner en marcha este proyecto para quien quiera vivir  la experiencia el próximo verano. Isabel Correig, responsable de la Asociación “Ekolo ya Bondeko”, desde su conocimiento como misionera laica en la R.D. del Congo, invita a los jóvenes a sumarse a esta iniciativa misionera: "Vale la pena comprometerse a fondo, para que en nuestra sociedad haya un nuevo estilo de convivencia donde ricos y pobres, negros y blancos, hombres y mujeres... vivamos juntos como una sola humanidad diversificada. Invito a todos a vivir una experiencia misionera de este tipo. Los jóvenes comprometidos son fuente de inspiración y de esperanza para todo nuestro mundo".

 

Supergesto, nº 93, enero-febrero 2010

 

 

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Pla de Palau, 2 43003 Tarragona

Telefono 977 23 34 12              

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