Sudáfrica es uno de los destinos turísticos más espectaculares del mundo y será la sede de la Copa Mundial de Fútbol 2010. Pocos países pueden competir con la belleza de sus paisajes, donde abundan los fértiles viñedos, las aldeas tribales tradicionales y los perfiles de las modernas ciudades del siglo XXI. La diversidad cultural es hoy uno de los componentes más dinámicos del país. Los católicos, aunque numerosos, constituyen proporcionalmente una minoría de la población.

Por Alenjandro Fernández Pombo

 

 

África termina al sur por el Estado de Sudáfrica, lo que algunos llaman todavía África del Sur. Lo que nosotros, los españoles, debíamos llamar Suráfrica, pero la ortografía académica admite y mantiene solo Sudáfrica, al fin y al cabo, un galicismo.

La República de Sudáfrica tiene una superficie de 1.219.090 kilómetros cuadrados, algo más de dos veces y media la superficie de España. Está poblada por unos 49 millones de habitantes que es un poco más de los que tiene nuestro país.

La independencia total y absoluta de la República Sudafricana se proclamó el 31 de mayo de 1961, hace menos de medio siglo, cuando rompe sus vínculos políticos con la Commonwealth británica. Detrás quedan varias historias del territorio: un oscuro periodo indígena; una época colonial en la que descubren los portugueses, ocupan los holandeses y discuten los ingleses y, por último, el tiempo de conquista y disfrute de la independencia y de los mismos derechos para todas las razas.

Camino de la esperanza

Los primeros habitantes del sur del continente africano fueron los bosquimanos. Después se agregaron, ya en la Edad Media, los hotentotes, que al principio de la Edad Moderna fueron desplazados por los bantúes.

Poco antes, en 1488, el navegante portugués Bartolomeu Dias dobló el cabo que separa dos océanos, al este el Índico y al oeste el Atlántico. Él le dio el nombre de Cabo de las Tormentas, por las que le abordaron; pero este nombre terrible fue sustituido por el de Cabo de Buena Esperanza que hoy conserva y que puede ser símbolo de la larga espera de África que ha sido, en muchas cosas y en la mayor parte de su territorio, el último continente en incorporarse al mundo civilizado y libre. Esta incorporación es uno de los retos que ha asumido el II Sínodo de los Obispos Africanos que recientemente ha presidido el Papa.

 

Europa se fija en el Sur de África

 Volviendo a la historia pasada, los portugueses en aquel viaje de búsqueda de la ruta de las Indias, llamaron la atención de otros descubridores y conquistadores europeos. Por allí pasaron los ingleses, y, ya con afán colonizador, los holandeses de Van Riedeeck, que se estableció allí con familias de campesinos o bóers, con lo que empieza el segundo periodo de la historia de este país, el de su dominio por las naciones europeas. Tras los bóers de Van Riedeeck acudieron los marinos, también holandeses, de la Compañía de las Indias. Más adelante, en el siglo XVII, llegaron los protestantes franceses expulsados de su patria, que quisieron así mismo instalarse en el nuevo territorio. En el XVIII se deshizo la Compañía y ello favoreció la colonización británica que acabó en el XIX dominando la colonia, aunque enfrentándose en muchas ocasiones con los bóers centroeuropeos, hasta llegar al final del siglo a unas autenticas guerras.

El siglo XX se caracterizará en Sudáfrica por otro tipo de enfrentamiento, esta vez étnico, entre los blancos (británicos y afrikáners o bóers, de origen europeo) y los negros de distintos grupos que forman causa común en el Congreso Nacional Africano, que son mayoría y que acabarán consiguiendo la igualdad con los blancos, a lo que estos se oponen promulgando leyes para el "desarrollo separado de los negros", esto es el apartheid o apartamiento de los negros en el ejercicio de sus mínimos derechos humanos. Ni ante las presiones exteriores ni ante la expulsión de la ONU los blancos cedieron e incluso en 1960 hicieron un referéndum entre la población blanca para proclamarse república, al año siguiente se separaron de la Commonwealth y en 1962 fue detenido y condenado a cadena perpetua Nelson Mándela, el principal dirigente del movimiento negro.

Las cosas fueron cambiando, con mayor o menor tensión, y en los años finales del siglo se fue aclarando. En 1989 el parlamento confirmó a Frederik de Klerk, que sería el último presidente blanco. Por lo pronto pone en libertad a ocho importantes líderes políticos negros y, al año siguiente, libera a Nelson Mandela y se legaliza el Congreso Nacional Africano. Empieza el cese de la segregación social de los hombres de color; aunque también ese principio de libertad origina enfrentamientos entre las distintas etnias negras.

En 1991 el presidente Klerk anunció que estaba dispuesto a poner fin a la discriminación racial y a derogar las últimas leyes del apartheid. En agosto fueron amnistiados todos los exiliados políticos, que eran unos 4.000. Todavía estos últimos pasos para la igualdad de blancos y negros originan sangrientos enfrentamientos entre las facciones negras, y rivales entre ellas, pero al fin el 14 de septiembre se firma un pacto de paz entre la mayoría negra y la minoría blanca del país. Las elecciones multirraciales de 1994 dieron la victoria al partido del Congreso, y Nelson Mandela fue investido el 10 de mayo como primer presidente negro del país. Sudáfrica fue admitida de nuevo en la ONU y en la Organización de Estados Africanos y reingresó en la Commonwealth. En las elecciones siguientes volvió a ganar por amplia mayoría el partido del Congreso, pero Mandela se retiró de la política y le sucedió Thabo Mbeki, que ganó también las elecciones de 2004. Pero ahora, desde las elecciones de este año, hay un nuevo presidente, Jacob Zuma, que como los anteriores se enfrenta con los problemas que crea una cultura extrema, antes hegemónica y ahora en crisis, como ha dicho el arzobispo de Johannesburgo.

 

Geografía y economía

Sudáfrica limita al noroeste con Namibia, al norte con Botswana y Zimbabwe y al noreste con Mozambique; sin embargo, sus mayores límites son las aguas oceánicas del Atlántico y el Índico. En el interior de su territorio hay dos pequeños enclaves independientes: Lesotho y Swazilandia.

La geografía física que predomina en la República de Sudáfrica es la de una serie de mesetas que se elevan a lo largo de muchos kilómetros de la costa, pero a cierta distancia del mar. Así, entre los acantilados de las mesetas y las aguas de los océanos Atlántico e Índico, que confluyen aquí, hay una larga llanura costera de anchura variable entre los 40 y los 80 metros. Los ríos principales son el Orange, que desemboca en el Atlántico, y el Limpopo que, pasando por Mozambique, vierte sus aguas en el Índico. El clima es tropical en esta llanura costera; pero en el interior se disfruta de un régimen templado, salvo en el noroeste del país donde hay una zona desértica con el típico clima de grandes diferencias diurnas en sus temperaturas ambientales.

Los principales recursos naturales del país son los minerales empezando por el oro y los diamantes, también otros minerales preciosos por su valor o por su utilidad como platino (el mayor productor del mundo), uranio, antimonio, titanio, y manganeso; así mismo hay yacimientos de carbón, hierro, cobre y estaño.

Los recursos agrícolas son preferentemente maíz, trigo, patatas, hortalizas y fruta, que se exportan en grandes cantidades.

La ganadería se compone de unos 12 millones de bovinos, 33 de ovinos y 6 de caprinos; estos últimos son base de la industria y comercio de la lana.

Por lo que se refiere a la industria, está en desarrollo. Se apoya en la riqueza minera que ocupa casi a una cuarta parte de la población activa. Las principales industrias son la siderúrgica y la metalúrgica, seguidas de la automovilística y la textil.

El comercio exterior tiene también gran importancia. Las principales exportaciones son las de oro y otros minerales, diamantes, productos agrarios, químicos y manufacturas metálicas.

 

Solo un 13% de blancos

De los 49 millones de habitantes que tiene Sudáfrica solo hay un 13 por ciento de blancos, que son los que, a lo largo de mucho tiempo, tuvieron el poder y gobierno y fueron los únicos en gozar de todos los derechos del hombre. Hoy no ocurre así. Los que ostentan el poder son los negros, elegidos democráticamente, que constituyen una mayoría del 72 por ciento de color, con gran superioridad de bantúes. Toda la población tiene iguales derechos y obligaciones. Hay también grupos menores de mestizos, cerca de un 9 por ciento, y asiáticos, un dos y medio por ciento.

Las lenguas oficiales son el afrikáans, el inglés y, desde la constitución de 1994, nueve lenguas bantúes desde el ndebele al zulú.

La religión predominante es la protestante que practican la mayoría de los blancos y mestizos, y la mitad de los bantúes. Hay una minoría católica de la que ahora hablaremos.

El Estado tiene tres capitales: Ciudad del Cabo (legislativa), Pretoria (administrativa) y Bloemfontein (jurídica), pero Johannesburgo es la mayor ciudad de la República, con casi dos millones de habitantes, mayor centro minero, industrial y de todas las comunicaciones.

 

Mayoría de cristianos, minoría de católicos

Según los últimos datos de que disponemos, en los 49 millones de habitantes de Sudáfrica hay una importante mayoría de cristianos, pero solo hay algo menos de cuatro millones de católicos bautizados, que es una minoría reducida proporcionalmente (el 7,1 por ciento), pero numéricamente importante. Están repartidos en 27 diócesis que agrupan a 767 parroquias y más de 2.000 estaciones o centros misioneros de los cuales unos cincuenta tienen sacerdotes residentes de manera permanente. En total, los sacerdotes diocesanos son 549, y los sacerdotes pertenecientes a órdenes religiosas 657. Los religiosos que no son sacerdotes y las religiosas (estas en mayor número) se acercan a 2.500. Los misioneros seglares pasan de 600, y los catequistas de 13.000. Los seminaristas (cifras que vienen disminuyendo en los últimos años), 472.

La Iglesia católica en Sudáfrica mantiene más de 300 instituciones benéficas entre hospitales, ambulatorios y leproserías; residencias para mayores, inválidos y enfermos crónicos, y orfanatos; así como otros tantos centros educativos de distintos grados y fines.

Esta catolicidad, en su mayor parte indígena, ha vivido, como el resto del continente, el II Sínodo de los Obispos para África. Ante casi 200 obispos africanos, Benedicto XVI proclamó el lema de este Sínodo: "La Iglesia en África al servicio de la reconciliación, de la justicia y de la paz".

En esta primera misa del Sínodo intervinieron algunos prelados, entre ellos el de Sudáfrica, que es uno de los tres países potentes de África. Por eso y por sus particulares características tienen unos especiales retos a los que los católicos sudafricanos tienen que dar respuesta. El arzobispo de Johannesburgo y presidente de la Conferencia Episcopal del Sur de África, Buti Joseph Tihagala, insistió preferentemente en la defensa de la enculturación, es decir en el uso de las culturas indígenas para anunciar el Evangelio, subrayando que sin estas culturas indígenas no existe una genuina evangelización ni una auténtica reconciliación entre los pueblos.

Recientemente, ante la celebración de las últimas elecciones, la Conferencia Episcopal publicó una carta en la que se hacía recuento de los problemas pendientes y la búsqueda de sus no fáciles soluciones: la pobreza, la carencia de casas adecuadas, la inestabilidad de muchas familias, la baja calidad de la educación publica, el aumento de abortos... "Estos y muchos otros problemas –se dice en la Carta– son un reto serio para cualquier gobierno, y es obligación para cada uno de nosotros decidir qué partido tienen las políticas y compromiso para dirigirlas de una manera efectiva".

 

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