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Llega el verano y muchos no sabrán muy bien cómo llenar su tiempo libre. Otros quizás busquen subidones de adrenalina y se lancen a la práctica de deportes de riesgo. Los habrá que pensarán que demasiadas emociones fuertes les proporciona ya la vida y su condición de jóvenes como para buscar más aventuras. A unos y a otros viene un tal Jesús a decirles: "¡Ven y sígueme!".
No pretende confundir, como algunos tratan de acusarle. Es claro y directo. A quienes no saben muy bien qué hacer y parecen estar dispuestos a dejarse llevar y optar por una postura pasota, les aguijonea con sus impertinentes preguntas: "¿Estás satisfecho con tu vida? ¿No te falta nada?". Y les recuerda que, como jóvenes, están viviendo un tiempo de descubrimiento: de cualidades, de energías, de sueños, de esperanzas... y, por supuesto, de responsabilidades. Es momento, también, de elecciones fundamentales de cara a construir un proyecto de vida que se está iniciando, y de no desaprovechar las múltiples riquezas que cada uno tiene, porque con ello perdemos todos. ¡Despierta, pues, y no te duermas!
A quienes buscan emociones fuertes, Jesús les lanza un sinfín de desafíos para afrontar con la libertad y la alegría que nacen de la fe y la esperanza. Ahí fuera les están esperando saltos al vacío que acaben con el injusto abismo que separa a pobres y ricos; cordadas para luchar contra el hambre y la enfermedad en el mundo; carreras al límite en defensa de la vida y la dignidad humana; equilibrios imposibles en la construcción de la paz; inmersiones en busca del diálogo interreligioso y multicultural; piruetas sorprendentes para lograr el uso adecuado de los recursos de la tierra y el respeto a la ecología... Son desafíos urgentes y esenciales, exigentes y apasionantes para los que gustan del riesgo. ¡Arriésgate, pues, con un valor seguro: Dios!
A quienes se sienten impotentes ante la crisis económica y el paro que conlleva, ante la falta de ideales sólidos y de perspectivas concretas de futuro, Jesús les anima a que, a pesar de las dificultades, no tiren la toalla y no renuncien a sus sueños; que cultiven en sus corazones deseos grandes de fraternidad, justicia y paz. El futuro, les asegura, está en las manos de quienes saben buscar y encontrar razones fuertes de vida y de esperanza. ¡Atrévete, pues; es tanto lo que Dios ha puesto en vosotros que sois auténtica esperanza para el mundo!
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