Monseñor Francisco Pérez González
Arzobispo de Pamplona-Tudela

 

 

"Así os envío yo"

   

Cercano, amable, atento... Durante los últimos diez años, nos ha acompañado como director nacional de Obras Misionales Pontificias, labor que ha compaginado sucesivamente con la de obispo de Osma-Soria, arzobispo castrense y arzobispo de Pamplona-Tudela. Ahora, llegado el momento del relevo en OMP, ha pasado el listón con sencillez y confianza a Anastasio Gil. A él se le ha pedido que forme parte del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española. Y en ello se volcará, sin duda, con total dedicación y entrega. Esto, sin embargo, no le apartará del servicio a los misioneros y a los más desfavorecidos, en los lugares donde trabajan nuestros misioneros. Los lleva y siente dentro de su corazón, como lleva y siente en su corazón la amistad con el mismo Jesús. Por este motivo, en su despedida como director de OMP, invita a todos los jóvenes que leen "Supergesto" a que se conviertan en enviados: "Espero que este DOMUND sea una propuesta para que muchos jóvenes sienten la urgencia de anunciar la mejor Noticia: el Evangelio de Jesús".

 

 

 

Por Mons. César Franco

 

En esta época que tanto se afana para que los humanos nos apreciemos mucho más y para que sepamos ayudarnos con gestos de auténtica amistad hemos pensado que el lema "Así os envío yo" se base en un corazón generoso y ardiente de amor. No es algo sentimentalista y menos con rasgos de afectividad pusilánime lo que deseamos anunciar y proclamar. Sentir la misión en el corazón supone una disposición interior que lleva a ofrecer la vida como agradecimiento a Dios y en oferta generosa a aquellos que componen el género humano. Tenemos el ejemplo de los santos que supieron hacer de su corazón una entrega consagrada y generosa a Jesucristo y a los más desheredados de la tierra.

Los santos han sido testigos del amor de Jesucristo y han sabido confiar plenamente en Él durante toda la vida. La misión es esto y nada más. Me alegra que los jóvenes sepan apreciar la amistad de Jesucristo; él es el verdadero amigo que nos ayuda a ser amigo de todos. El ejemplo de los misioneros tiene como base este modo de vivir. De ahí que la misión hemos de sentirla en nuestro corazón, porque, si se convirtiera en algo frío y sin el calor del amor y de la caridad, estaríamos haciendo una experiencia absurda e inútil. Para vivir de esta manera conviene apreciar las virtudes y valores que se nos desvelan en el Evangelio.

¿Quién no tiene presente la experiencia de San Francisco Javier, que, siendo un joven bien apuesto y con un futuro lleno de éxitos, un día conoce a San Ignacio de Loyola y deja los estudios que estaba realizando en la Universidad de París, y se dedica a predicar y a bautizar a miles y miles de hombres y mujeres en el continente asiático? Fue un intrépido misionero que sembró el Evangelio en ambientes muy difíciles. Su labor provocó un estilo de vida nueva para muchos, y ahora sus frutos se siguen dando en tantos países de Asia donde, como en Filipinas, el cristianismo es mayoritario; o en Corea, donde hierve en el corazón de muchos la propuesta de Jesucristo: "Así os envío yo".

El corazón de Francisco Javier se mostró siempre con generosidad hacia aquellos que no conocían a Jesucristo y hacia los pobres y a sus compañeros, que seguían estudiando en la Sorbona, a los que invitaba a dejarlo todo y dedicar su vida a los demás para anunciar la grandeza del amor de Dios y entregarse en caridad por la humanidad. Él mismo afirma: "Muchas veces me mueven pensamientos de ir a los estudios de esas partes, dando voces, como hombre que tiene perdido el juicio, y principalmente a la Universidad de París, diciendo a los que tienen más letras que voluntad, para disponerse a fructificar con ellas: «Cuántas almas dejan de ir a la gloria y van al infierno por la negligencia que ven en nosotros»".

Este año el DOMUND nos presenta la mejor propuesta que se puede dar: "Así os envío yo". Será un momento para profundizar sobre el sentido que estamos dando a la misión. No podemos caer en la utopía de los buenos deseos, porque esto no es la misión. La misión se fundamenta y se sostiene en la fuerza amorosa y arrebatadora de Jesucristo, que llega al corazón del ser humano y lo convierte a la gracia y al amor. Es una disposición para ofrecerse a Dios: "Aquí estoy, Señor, ¿qué quieres de mí y qué debo hacer? Envíame donde quieras y, sobre todo, para ponerme al servicio de tu Reino". Lo demás se dará por añadidura: la justicia, la solidaridad y la paz.

Las utopías son como las nubes que desaparecen muy pronto; sin embargo la experiencia de amistad con el Amigo del alma que es Jesucristo hace brotar una vida que se demuestra en una entrega sin reservas. Conozco jóvenes que han dado un cambio radical en su forma de actuar y de relacionarse: se han convertido en enviados y no han guardado nada para sí. Espero que este DOMUND sea una propuesta para muchos jóvenes que sienten la urgencia de anunciar la mejor Noticia, y ésta es el Evangelio de Jesucristo. 

 

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